JURASSIC PARK
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guillem

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 De Oeste a Este

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InGensaurus
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MensajeTema: De Oeste a Este   Jue 28 Dic 2017, 5:47 am

Muy buenas a todos! He querido estrenar esta sección con una historia que estado creando alrededor de el universo ficticio de Tolkien, la tierra media. Lo único es que la historia está hecha de forma que se debe tener al menos un mínimo de conocimiento sobre este universo, (películas o novelas), para entender un poco más a la historia. Sin más preámbulos, que comience, y ojalá sea de su agrado!

El Comienzo en el Oeste



Nadie sabía a ciencia cierta de donde habían venido. Algunos, que decían que los vieron venir, dijeron que llegaron en un gran barco dorado con un gran mascarón, blanco como la espuma del mar, en forma de cabeza de águila, que iba rompiendo el oleaje, y con los costados del barco en forma de grandes alas en las que se deslizaba el agua.

 Se lo había divisado en el horizonte, en una madrugada, como una gran luz que provenía del horizonte mismo del mar, como si el sol saliera antes de tiempo. El barco emanaba tanta luminosidad, que parecía que el propio Eärendil había bajado de los cielos portando el Silmaril en la proa del barco. Pero poco a poco, mientras más se acercaba el barco, menor fue la luz que emitía, hasta que se había acercado lo suficiente como para poder observar la cubierta del barco desde la costa.

En ella se encontraban varias cajas, y junto a ellas, dos interesantes personajes: ellos era InGen y Nate. Cuando llegaron al puerto, muchos elfos se acercaron para ver quienes eran estas curiosas figuras que llegaban del Oeste, lugar de donde jamás se hubiera esperado que alguien viniera. Por esto mismo, muchos pensaron que serían enviados de los Valar, con algún mensaje de estos para ellos. Pero cuando al fin los vieron, se dieron cuenta de inmediato que ellos no eran mensajeros de los Ainur, ni tampoco habían visto nunca algo similar.

Nate era un muchacho algo pálido, con una nariz pequeña, ojos negros como la noche y una gran oscuridad debajo de estos, algo que mostraba una cierta maldad en él. También poseía un pelo corto, desprolijo, y de un sorprendente color blanco como la nieve. Poseía prendas bastante extrañas, o por lo menos para los elfos, pues consistía en una camisa blanca y un pantalón azul. Una vestimenta muy común para nosotros, pero no tanto para los elfos, pues hablamos de una época muy remota de nuestro mundo, donde no existía ningún tipo de camisa ni prenda similar.

En cuanto a InGen, este era aún más extraño que Nate. Tenía una nariz de tamaño medio, y poseía una mirada algo seria, pero era de un carácter muy alegre. Pero esto no era lo sorprendente del señor (pues si, era de mayor edad que Nate), pues poseía una ropa que hoy un historiador la podría calificar como típica de un oficial de la marina Española: botas negras, indumentaria típica del siglo XVIII, con las típicas charreteras militares, y con un ostentoso sombrero marino, ancho en la parte trasera y en la parte delantera terminado en una punta dividida en dos. Pero eso no era lo más llamativo: InGen era lo que, se podría decirse, muchos marineros del siglo XVIII llamarían como "la representación viva de una leyenda marina", pues realmente, su cuerpo estaba totalmente cubierto de varios animales marinos, como dientes de perro, almejas y estrellas de mar. También estaba constantemente húmedo (de una manera que nadie comprendía, pues nunca se mojaba), y poseía un tono verdoso en su piel. Por último cabe decir que varias partes de su cuerpo estaban medio destrozadas y arrancadas, y esas partes colgaban de él como si se encontrara dentro del agua.

Así era el aspecto de las dos figuras con las que se encontraron esa madrugada los elfos de Harlond, al verlos venir desde el Oeste. Fueron acogidos y bien alimentados por los elfos grises, quienes los cuidaron muy bien. Pronto, empezaron a agradar a los elfos, pues estos poseían mucho conocimiento (especialmente InGen, pues Nate era de carácter menos pensativo) y contaban interesantes historias de mundos lejanos a este. Ellos los contaban como ciertos, pero los elfos los tomaban como fantásticas historias para contar como cuentos.

 Poco a poco, Nate e InGen mostraron las capacidades de las que eran capaces. Near demostró ser un muy buen luchador, aunque elfos y enanos azules le enseñaron algunas técnicas que él desconocía. InGen, por su parte, demostró poseer una gran inteligencia y una vasta sabiduría, por lo que conversaba mucho con los Sindar. Lo más sorprendente era que ellos ya conocían a la tierra media como si hubieran vivido en ella toda su vida, y se sabían muchas ubicaciones sin la necesidad de un mapa.

 Luego de varios meses en compañía de los elfos y de su líder, Círdan (del que InGen se hizo un gran amigo), este y Nate les dijeron por fin cuáles eran sus planes en la tierra de Arda: les había llamado la atención lo fantástico que era toda la tierra media, y querían conocerla de punta a punta, y habían pensado hacerlo de Oeste a Este. Por lo que pronto seguirían su camino hacia las Emyn Beraid y luego hacia La Comarca.

Los elfos sintieron mucho la partida de tan buenas compañías, por lo que Círdan los nombró "Amigos de los Elfos". InGen pensó que sería necesario hacer creer a todos que ellos provenían de un lugar en específico de la tierra media, por lo que decidió que ellos serían "los nacidos en los puertos de Harlond". Luego de ser aprovisionados con algunas ropas y alimentos, se despidieron de sus muy queridos amigos elfos, y emprendieron su camino hacia una de sus mayores aventuras: el viaje, a través de la Tierra Media.

Las tierras élficas de Lhûn

Círdan, el carpintero de barcos, era un elfo Teleri, alto, de pelo blanco y larga barba, que solía vivir en los Puertos Grises, aunque le gustaba visitar los puertos del Golfo de Lhûn de vez en cuando. Se encontraba en Harlond (como podrán haber visto en el capítulo anterior) para cuando llegaron InGen y Nate, por lo que se dispuso a acompañarlos hasta Mithlond junto con su comitiva de Altos Elfos, no sin antes darles un par de caballos, que luego tendrían que devolver.

Todo el trayecto hasta los Puertos Grises fue marcado por el Golfo de Lhûn a la izquierda y las Ered Luin a la derecha. Era una zona muy bella, llena de bosques de pinos y abetos. No abundaban mucho las playas, pues habían muchos acantilados, pero las pocas que había eran pedregosas, con piedras muy lisas y redondeadas. Había mucha vegetación, y se sentía la vida alrededor de uno mismo al pasar entre los arbustos que se situaban debajo de los pinos, que desprendían su típico aroma de bosque.

En el camino, InGen y Nate conversaron con Círdan, que les comentó que ciertos lugares se habían vuelto peligrosos y que nunca deberían acercarse a ellos, como el Bosque Negro o Mordor. Estos lugares se habían inundado de oscuridad últimamente, estando frecuentados por orcos, grandes arañas, y otras criaturas retorcidas. Pero les había aconsejado que visitaran a los elfos de Imladris, la Comarca de los Hobbits y las montañas al norte del Bosque Negro, donde vivían los enanos de Dain II. Estos lugares eran muy fascinantes, con bellos paisajes y donde podrían conocer la cultura de estas 3 razas.

Pero InGen y Nate tenían otros planes: visitarían, obviamente, estos lugares, pero también habían venido a la Tierra Media en busca de aventuras, por lo que irían desde las lejanas tierras de Rhûn, al este, pasando por la oscuridad de las cuevas de Moria, hasta la mismísima tierra de la oscuridad, Mordor.

Pero todo esto se lo reservaban para ellos mismos, pues no querían levantar preocupaciones en sus amigos los elfos. Luego de un día de cabalgata, a la madrugada, llegaron a la desembocadura del río Lhûn, y por algunas luces encendidas, lograron distinguir en la oscuridad a los Puertos Grises. Estaban muy exhaustos, por lo que decidieron pasar allí la noche.

Al día siguiente, pudieron observar con más detenimiento el lugar: por mar, al puerto solo se podía llegar por un espacio entre dos acantilados. Dentro de estos acantilados estaba el puerto, construido con piedra blanca finamente tallada, pero que se había deteriorado con el paso del tiempo. Mucha vegetación cubría el lugar, sumándose el verde al blanco de la piedra y al azul del mar.

Un anaranjado amanecer surgía, iluminando desde las montañas de detrás a todo el paisaje. Al mirar hacia el este, de donde provenía el sol, InGen y Nate divisaron algo que se elevaba en los montes de allí. InGen lo reconoció de inmediato, pues se trataba de Elostirion, la más alta de las tres torres construidas por los elfos de la Segunda edad del sol sobre esas colinas que pasaron a llamarse Emyn Beraid, o "Colinas de las torres", en el lenguaje élfico sindarin.

InGen tuvo ganas de dirigirse hacia allí, pero primero, visitarían a los enanos de las Montañas azules.


Última edición por InGensaurus el Jue 28 Dic 2017, 6:07 am, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: De Oeste a Este   Jue 28 Dic 2017, 5:55 am

Vaya, es... curioso. Me parece interesante la premisa, pero algo que no entiendo es: ¿cómo llegaron esos personajes a la Tierra Media?

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MensajeTema: Re: De Oeste a Este   Jue 04 Ene 2018, 4:38 am

Ya habiendo respondido tu pregunta en el chat con anterioridad jaja Pondré ahora el siguiente capítulo de mi historia:

En el reino de Belegost

Partieron de los Puertos Grises dirigiéndose hacia el norte. Los elfos los transportaron a la otra orilla del Lhûn, les fueron entregados dos caballos blancos, y allí se despidieron de su querido amigo Círdan. Éste no estuvo muy de acuerdo con que fueran a las Montañas Azules, pues los enanos no tenían muy buenas relaciones con los elfos, y Nate e InGen fueron nombrados "Amigos de los Elfos", cosa que se propagó por todos los alrededores del golfo, incluso a oídos de los enanos y su líder, Forhonlir.

Luego de la liberación de Erebor por parte de la compañía de Thorin Escudo de Roble y de la muerte de Smaug, casi todo el pueblo de Durin se trasladó a la montaña solitaria para volver a ver el maravilloso reino de antaño de Thror. Pero algunos grupos quisieron quedarse para seguir habitando las montañas azules, donde hace mucho tiempo habían vivido los enanos en los reinos de Belegost y Nogrod y hace poco se habían vuelto a asentar en estas  montañas. Su líder era Forhonlir, un enano calvo y de larga barba gris. Era muy viejo, y por eso muy sabio, y solía ser bastante amistoso con sus vecinos, como los hobbits, aunque nunca le habían agradado del todo los elfos de los puertos al sur.

Luego de cruzar, Nate e InGen empezaron su cabalgata hacia el norte. Las altas montañas que se alzaban adelante, similares en apariencia a la dentadura de una colosal bestia, eran el comienzo de la cordillera de las Ered Luin al norte del golfo de Lhûn, pues al sur continuaban hasta poco antes de toparse con el río Brandivino. Eran tierras llenas de bosques, y había mucha vegetación por todos lados, aunque por momentos dominaban el paisaje grandes extensiones de praderas de alta hierba. En estas extensiones se podía apreciar la majestuosidad de las montañas, a no tanta distancia,  y uno podía llegar a imaginarse los grandes reinos que los enanos habían tallado en la montaña en tiempos remotos.  

Luego de mucho andar, y de rodear a la cordillera para proseguir hacia el norte, llegaron a ver a lo lejos algunas construcciones, por lo que empezaron a acercarse hacia la cordillera. Mientras llegaban, cruzaban algunas verdes colinas  y algún que otro bosque que se cruzaba en el camino de Nate e InGen.

Algo antes de acercarse lo suficiente, empezaron a divisar más detalladamente algunas de estas construcciones. Se encontraban algo dispersas, y parecían abandonadas, pues no avistaban ningún movimiento. Pero cuando ya casi llegaban, se dieron cuenta de que no eran construcciones separadas, sino que eran parte de un mismo lugar, de una gran magnitud: habían llegado a las ruinas de Belegost.

Cuando llegaron, confirmaron que todo el lugar estaba en muy mal estado. Eran las ruinas de una gran ciudad, a la que se llegaba mediante puentes que se elevaban sobre algunos acantilados. Era una ciudad donde habían estado casas esculpidas en piedra, oro y otras gemas preciosas. Aún se podía apreciar algún trabajo enano sobre algunas gemas como el oro y el rubí, con el que decoraban a las construcciones. Habían existido plazas, fuentes, y muchas otras cosas bellas. Si no fuera por lo asombroso del lugar, se hubieran dado cuenta de que en realidad esta ciudad era relativamente pequeña.

Pero la ciudad estaba construida pegada a una pared de la montaña, y dos enormes aberturas, cada una apostada a cada lado de la ciudad, penetraban en ella. Nate e InGen decidieron separarse, y Nate iría por la derecha e InGen por la izquierda.

Nate al entrar se encontró con un gran salón tallado en la piedra, muy deteriorado, con algunas estatuas en un lado y con aberturas en las paredes que hacían que penetrara la luz. Continuó adentrándose, para cuando se dio cuenta de que ya no había rayos de luz penetrando a la caverna, por lo que no debería seguir viendo. Pero entonces captó la presencia de pequeñas aberturas en la pared en las que se encontraban ciertas piedras que iluminaban en gran medida al lugar. Para cuando siguió penetrando en el salón, se dirigió hacia una puerta de piedra. La abrió con cierta dificultad, pero cuando lo logró, miró maravillado el gran pasillo de piedra que se extendía indefinida delante de él, y que se alzaba sobre su cabeza a una altura tal que la oscuridad bien podría haber sido el techo del pasillo, sostenido por grandes y firmes columnas de oro puro. Fue ahí, mientras miraba asombrado, cuando comenzó a escuchar pasos acelerados que provenían de la oscuridad de delante, del ancho pasillo.

InGen apenas entró en la oscura cueva, no llegó a ver mucho más allá que unos pasos, pero cuando ya había caminado varios pasos, captó una tenue luz titilante al fondo de la cueva. Siguió caminando y cuando terminó el túnel, miró maravillado la enorme imagen que tenía en frente de sus ojos: Una gigantesca caverna se extendía hasta donde la vista llegaba y la profundidad de esta era fantasmal. En sus paredes se encontraban más pequeñas ciudades como la de el exterior, comunicadas entre sí por puentes que se extendía hasta una plaza ubicada en el centro de la cueva, que era sostenido por grandes columnas y en su centro, se encontraba una magnifica fuente de plata. Pero todo esto se encontraba en ruinas: muchos de los puentes ya habían caído, de la fuente no brotaba ni una gota de agua y las ciudades se encontraban en ruinas, como afuera. Algunas, incluso, se encontraban tan mal, que partes de ellas ya habían caído al abismo.

La luz titilante que divisó InGen provenía de una antorcha que se encontraba ardiendo puesta en la pared que llevaba a uno de los puentes. InGen supo que eso solo significaba que alguien seguía en ese lugar. Entonces se dio cuenta de que una de las ciudades poseía muchas luces encendidas, por lo que decidió dirigirse hacia allí. Cuando llegó, muchos enanos lo miraron con cara extraña, aunque ninguno impidió su marcha. Unos soldados enanos se le acercaron de inmediato y le preguntaron su nombre y el motivo de su visita.

InGen respondió:-Esas informaciones no les servirán de nada, solo he venido para hablar con su líder, Forhonlir.-

Sorprendidos, pues no muchos conocían el nombre de el líder de los enanos azules, le pidieron que los acompañara, y él los siguió.

Lo llevaron al centro de la ciudad, en la que se encontraba edificada una gran torre enana. Entraron en ella, y por dentro se encontraba todo frío y seco. Era un lugar muy amplio, con antorchas iluminándolo todo (aunque InGen no había prestado atención, no eran antorchas, sino que eran las gemas que Nate había visto en el salón) y en un extremo, en un gran trono de zafiro, se encontraba el líder de los enanos azules, Forhonlir...
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MensajeTema: Re: De Oeste a Este   Lun 04 Jun 2018, 9:52 am

Bueno, dado que hoy hacen seis meses desde la última actualización de la historia, cierro el tema. Si quieres continuar tu historia InGen, contancta con cualquier miembro del Staff Wink

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