JURASSIC PARK
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 Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo

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guillem
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MensajeTema: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   Dom 10 Dic 2017, 9:58 am


"Otro dia se va y lo único que has conseguido es más miedo. Es la vida del superviviente, no hay más que decir; intentas vivir y sólo logras sufrir. No puedes ganar la batalla, pero todavía sigues en pie... ¿Y para qué? Para seguir viviendo tu miseria de vida.

Otro dia se va bajo el gélido viento; no hay abrigo que cubra este frío mortal. El dolor no se puede ignorar, pero nadie escucha al niño que llora. Y cuando termina el día, mañana solo te depara mas de lo mismo. Sientes que se acerca tu hora.

Algo pasó hace cinco años. El mundo ha cambiado. Y ocurrió con tanta calma que, el día en el que la ilusión de rompió, no hicimos nada. Nos quedamos paralizados. Luchamos; pero no ganamos. Sobrevivimos; pero no vivimos. Hijos del nuevo mundo; valor, pues esto es el fin de nuestros días y debemos enfrentarlos con la cabeza alta. Y el destino se acerca feroz como un duro puñal."


STRUGGLE for LIFE es un drama post-apocalíptico que narra la vida de los hermanos Harrison y Pepper en una Norteamérica dominada por dinosaurios y otras criaturas prehistóricas, en la que una serie de colonias y asentamientos intentar tejer una red sobre la que alzar una nueva sociedad mientras los desperados intentan sobrevivir en los caminos de un mundo sin ley en el que todo está diseñado para matarlos.

Conforme los dos hermanos viajan por el nuevo mundo, buscando enmendar lo que consideran sus pecados ayudando a aquellos más necesitados, descubrirán que el poder es una fuerza que arranca lo peor de los seres humanos y que, sobre las cenizas de la vieja sociedad, los secretos valen más que el oro.


¿POR QUÉ HAS ESCRITO ESTO?
La verdad es que la historia me llevaba rondando la cabeza desde un par de años, tras leerme la serie de cómics de Xenozoic Tales de Mark Schultz.

Esta historia está escrita en su mayoría para mejorar mi escritura y practicar estilos de escritura que mi estilo habitual (Fantasía Historica/Alta Fantasía) no me permite. Por tanto, cualquier crítica constructiva será aceptada y bienvenida.

¿PARA CUÁNDO?
Supongo que empezaré a publicarlo en cuando termine los exámenes, deje de trabajar y tenga un rato para adelantar mi "libro de verdad" por tanto, esperadlo para principios de Enero. Lo bueno que tiene es que, cuando estoy estresado, escribo para relajarme y desestresarme. Así que, en el estado en que estoy, puedo escribir la Biblia en verso en un par de días.

¿ESTÁ ESTA HISTORIA CONECTADA AL UNIVERSO JURASSIC PARK?
Si; podría ser considerada tanto un universo alternativo o una línea temporal desviada a partir de Jurassic World, donde las consecuencias al desastre de Isla Nublar cambiaron. Por tanto, eventos clave como el Incidente del Indominus tuvieron lugar, pero a partir de ese punto las cosas cambiaron;

Elijah Kilgore, un empresario de poca monta, abrió poco después del incidente una nueva empresa de genética y, por medio de una amplia y cuidadosas obras benéficas, pagos ilegales y corrupción que llegaba hasta las , logró borrar la imagen de los dinosaurios que había en las mentes de la gente y consiguió nombrarlos como "La salvación a todos los problemas de la humanidad": comida, mano de obra, sistemas militares, animales de compañía... Nadie sabía como Kilgore lograba controlarlos, pero nunca hubo ningún incidente y, en tan sólo cinco años, Kilgore había colocado sus creaciones en todos los niveles de la sociedad humana.

Elijah Kilgore mató a Dios y se nombró a sí mismo como su sucesor. Pero, como con todos los grandes hombres de la historia; un día cayó Roma. Y se llevó el mundo con él.


Última edición por guillem el Vie 05 Ene 2018, 10:02 am, editado 1 vez
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Spinosaurus marocannus
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MensajeTema: Re: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   Dom 10 Dic 2017, 10:07 am

Ok, la risa tonta de felicidad que acabo de soltar al ver esto no ha sido ni medio normal xD. ¡El rey Guillem ha vuelto para tomar el Trono del Dilophosaurus!

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"¿Es un tiranosaurio?"
"No, suena más grande"
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guillem
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MensajeTema: Re: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   Dom 10 Dic 2017, 10:08 am

Spinosaurus marocannus escribió:
Ok, la risa tonta de felicidad que acabo de soltar al ver esto no ha sido ni medio normal xD. ¡El rey Guillem ha vuelto para tomar el Trono del Dilophosaurus!

¡Y prometo no plagiar nada esta vez!
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Spinosaurus marocannus
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MensajeTema: Re: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   Dom 10 Dic 2017, 10:17 am

Sí, ya me dí cuenta de que lo que escribíamos era Game of Terry xD

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guillem
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MensajeTema: Re: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   Vie 05 Ene 2018, 10:01 am

CAPITULO 1
NANA A LOS NIÑOS DEL NUEVO MUNDO

I


La pradera se extendía hacia el horizonte como un eterno mar verde.
Pepper, su espalda desnuda para tomar el sol, leía con calma un libro tumbado en la hierba. Harry se apoyó contra la rueda del coche y sacó una pequeña bolsa de debajo del coche y empezó a montar la cámara de fotos. El viento perezoso que cruzaba la pradera le sacudía el pelo y hacia que algunos mechones le taparan los ojos. Una vez hubo montado la cámara, se la llevó ante los ojos y tomó una fotografía del idílico momento. Era un paisaje precioso. Nadie hubiera dicho que aquello era el fin del mundo.


- Harry.


Pepper estaba hablando demasiado bajo, su voz sonando poco más alto que un suspiro. Pero, a pesar de no poder oírla, su brazo señalaba algo en la distancia. Harry solamente veía piedras y hierba.


- La cámara, Harry.- dijo Pepper, acercándose poco a poco a él.
- ¿Que?
- Dame la cámara, ahora.


Harry se la dio; había hecho miles de fotografías desde el principio del apocalipsis. Pepper pensaba que eran necesarias para próximas generaciones, pero Harry lo dudaba. El mundo se había acabado; no iban a haber muchas generaciones después de la suya.


- Aquí.- Pepper señalaba a un trozo de hierba que no parecía tener nada de especial.- ¿Lo ves?
- No... No veo nada especial.
- Mira bien la foto, Harry. Ahora, mira al prado.


Harry hizo lo que le mandaba y, cuando lo pudo ver; el corazón le dio un vuelco. En la foto no había más que prado, pero en el Prado que se alzaba ante sus ojos, había una piedra. Pepper se había subido al coche y estaba observando con un catalejo la piedra.


- Eso no es una piedra, Harry.- dijo Pepper.- Las piedras no respiran.
- Nos han tendido una puta emboscada mientras dormíamos.- salió corriendo hacia el maletero del coche; apartó las mini neveras donde guardaban la comida, sacó un rifle y tras considerarlo un segundo, se guardó un revólver en el cinturón.- Te dije que no debíamos habernos quedado a dormir. Pero tu dijiste que iba a ser seguro y yo tuve que escucharte.
- Yo no dije que iba a ser seguro.- le replicó Pepper.- Dije que si no dormías al menos por media hora te ibas a morir espontáneamente. Pásame el rifle.


Harry sacó la bolsa del rifle de francotirador y se la tendió a Pepper. Mientras esta montaba el fusil de francotirador, Harry vigiló la piedra. No se movía, no parecía diferente a ninguna de las piedras que le rodeaban; para una mente inocente o una vista primitiva, aquello era imposible de detectar.


- ¿Un carnotauro?- le preguntó a Pepper, que ya había montado el rifle.
- No, creo que es demasiado pequeño.- Pepper estaba mirando por la mirilla.- Y si eso es un carnotauro, no nos habríamos dado cuenta.
- ¿Quieres que lo haga yo?
- No; no tengo ningún problema en hacerlo desde lejos. Tú ocúpate de él si se acerca.


Pepper se colocó los cascos para no escuchar el disparo. Harry podía ver sus labios fruncirse mientras calculaba la distancia y el viento. Respiró una vez y empezó a tararear; apretó el gatillo y, a cien metros de distancia, la piedra se sacudió y murió.


- Soy la ostia.- dijo Pepper. Se quitó los auriculares y, tras guardar el rifle, saltó del coche.- ¿Quieres ir a ver que nos ha tocado en la feria?
- Con un poco de suerte, algo comestible. Nos estamos quedando sin reservas.


Dejaron el coche atrás y caminaron hasta el animal. Cuando llegaron, Pepper se detuvo en seco, pero en el pecho de Harry empezó a crecer la rabia. No pudo evitar patear el cadáver.


- Un Rhedoraptor.


Pepper guardaba silencio; sus ojos perdidos en el ejemplar que había derribado. Tenía la piel gris como la piedra y un rostro lleno de protuberancias que recordaban más a un dragón que a un dinosaurio de verdad. Aquel animal no era producto de la evolución. Aquello había sido diseñado y fabricado en un laboratorio.


- Estamos demasiado al Este.- dijo Pepper por fin.- Se están moviendo más rápido de lo que suponíamos.
- Quizás venga de Nueva York.
- Dudo mucho que quedase algún Rhedoraptor en Nueva York, al menos no después de las bombas.
- ¿Y de Washington? Si los rumores son ciertos, la mayoría de los bosques de Virginia están en llamas, no me extrañaría que estuvieran huyendo al norte.
- Ya. Y esa sería m principal teoría, si el Rhedoraptor tuviera instintos. Pero no los tiene. Todo lo que hay en su cerebro es sintético.


Harry volvió a observar el animal; tenía las proporciones de raptor, pero algo estaba mal. A Harry le recordaba a los extraños dinosaurios que había visto en Jurassic World cuando lo visitó con Denise.


- Venga de donde venga, tenemos que quemarlo.- sentenció Pepper al fin.- No podemos permitir que atraiga más.
- Voy a ir a por gasolina al coche.- dijo Harry; la gasolina era escasa, pero la perspectiva de perder un poco de gasolina no era nada comparado con al perspectiva de tener un rhedoraptor que fuera atrayendo a más rhedoraptores.


Regresó al coche, dejando a Pepper junto al cadáver y sacó un bidón entero del maletero, cuando se encontró con una opción mejor; envuelta en una manta descansaba una botella de whisky. Harry prefería perder una buena bebida a perder gasolina. Cuando te perseguía un depredador monstruoso; un litro de gasolina podía suponer la vida o la muerte. Se giró para ver a Pepper y mostrarle su idea.


Pero Pepper ya no estaba junto al cadáver. Pepper estaba corriendo hacia el bosque tan rápido como le permitían sus piernas; había tirado la mochila junto al cadáver para poder correr más deprisa. Casi veinte metros detrás de ella, había algo persiguiéndola. Algo muy rápido. Algo que estaba ganando terreno.


Harry cerró el maletero de un portazo y se subió al coche de un salto.


• ● •


- Mierda.- pensó Pepper.- Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda...


Pepper corría mucho. Sabía que el rhedoraptor no iba a tardar en alcanzarla, que sus piernas nunca iban a ser capaces de compararse con las patas del animal. Y, aún así, siguió corriendo.

Podía oír el animal corriendo detrás de ella, cada golpe de sus patas contra el suelo reinando con el ritmo de un tambor de guerra. Cada vez más cerca. Incansable. Su única esperanza era llegar al río. Pero sabía que estaba en desventaja. Se preguntó que había en sus bolsillos que pudiera usar para frenar la caza, pero no tenía tiempo. El tambor se volvía más frenético.

Estaba cerca del río. Muy cerca; pero notaba la presencia del rhedoraptor en su espalda. Oyó el chasquido de sus mandíbulas muy cerca de su oreja. El tambor se detuvo y supo que se estaba preparando para saltar sobre ella. En un momento, iba a caer sobre ella y destriparla. Hizo de tripas corazón y se lanzó al río. Era su única esperanza. Sintió como las garras le arañaron la espalda cuando saltó.

El río la recibió con sus aguas frías y sus rocas redondas en el fondo. Notó el dolor cuando el agua entró en contacto con las heridas de su espalda. Notó la fuerza de la corriente empezando a arrástrala. Hizo un esfuerzo y empezó a nadar. Con cada movimiento de sus brazos, los músculos de su espalda se tensaban y las heridas le dolían más y más. Cuando llegó a la orilla, no podía soportar más el dolor en sus omoplatos.

El Rhedoraptor, en la otra orilla del río; dio la vuelta. Pero Pepper sabía que no iba a abandonar la caza. Quizás un animal normal lo hubiera hecho. Quizás el producto de la evolución se hubiera dado cuenta que era más sencillo buscar otra presa. Pero el rhedoraptor no era una animal normal y su instinto había sido diseñado en un laboratorio.

Con un solo salto; cruzó el espacio que los separaba y se plantó delante de ella en una nube de polvo rojo.

Pepper retrocedió y, en un intento de escapar, tropezó con un bulto en el suelo y cayó. Los dientes del rhedoraptor aparecieron en su mandíbula gris y se preparó para saltar de nuevo sobre ella, clavándole las curvas garras de sus pies que golpeaban las piedras de la rivera mientras se acercaban a Pepper.

Pero el animal se derrumbó; gritando frenéticamente desde el suelo, se revolcó en el polvo y se volvió a levantar. Pepper se dio cuenta de que estaban sonando disparos. Un segundo golpe fue a dar contra el hocico del rhedoraptor, lanzando su cuello hacia atrás; sin embargo, siguió avanzando hacia Pepper; su mandíbula goteando sangre y pedazos de carne, con los dientes reventados y, cuando abrió la boca para morderla, Pepper vio que la lengua del raptor se había partido en dos, apenas sujeta por un hilo de carne, balanceándose como una serpiente muerta. Al animal no parecía importarle.

El tercer disparo dio al animal en el brazo derecho, pero parecía seguir sin molestarle. Pepper estaba paralizada; no era miedo, era la sensación de ansiedad que recorría su cuerpo cuando tenía que atacar a algo cerca de ella. Empezó a hiperventilar hasta que el cuarto disparo le abrió en dos la cabeza y pedazos de cerebro diseñado genéticamente empaparon la orilla del río.


Sobrecogida por el miedo de que el cadáver atrajera más rhedoraptores, empujó el cadáver hasta el río y dejó que se lo llevara la corriente.


- No te muevas Pepper.- dijo Harry, de pie en la otra orilla del río, el coche a sus espaldas y el revólver humeando en sus manos.- Voy a buscar un lugar por el que cruzar.

Entonces se dio cuenta de con que había tropezado. Había una niña a sus pies. Una niña de siete años, vestida con un sencillo vestido blanco manchado de negro.


- ¿Harry?- preguntó al mirar a su alrededor.- ¡HARRY!

Pasó diez minutos gritando, como cuando tenía seis años y se encontró aquel cuervo en la carretera con un ala rota. Pepper siempre había sido la más sensata y racional de los dos, pero en aquel momento se volvió un manojo de nervios. Se pasó semanas enfadada con Harry, como si el hecho de no haber llegado a tiempo hubiera causado la muerte del pájaro.

Cuando Harry se lo comentó años después, ella le dijo que fue en aquel momento cuando entendió la muerte, viendo como aquel pájaro daba un último jadeo silencioso antes de partir a donde sea que fueran los pájaros tras morir. Pepper volvió a sentir aquella sensación sujetando a aquella niña entre sus brazos. Pero Harry llegó a tiempo.


- Una niña, Harry, no es más que una niña.- Pepper se aferraba a la niña como quien se aferra a un sueño antes de despertar.
- Pepper, tranquilízate.
- No puedo Harry. Mírame y dime qué me tranquilice otra vez.


Harrison se dio la vuelta y vio a Pepper levantando la mano, con la palma abierta hacia él. Su piel oscura estaba cubierta por una sustancia tan negra como el...
Como el petróleo. "Dios mio" pensó Harry cuando su cerebro sumó dos y dos. Los ojos de Pepper, rojos de ira, le demostraron que ella había llegado a la misma conclusión.


- Voy a matar a ese hijo de puta. Te lo juro.- escupió Harry, su voz cargada de bilis.- Esta vez ha ido demasiado lejos. Le voy a destrozar la vida, luego le partiré el cuello y le cortaré la cabeza.
- Tienes razón...
- No, Pepper, me da igual cuántas veces... Espera ¿La tengo?

Pepper se levantó, con la niña en brazos.


- Si. Este mundo es peligroso, es un demonio que se alimenta de odio y violencia. Y contra más sacrificios le ofrecemos, más nos hundimos en este infierno. Pero este es un sacrificio que merece hacerse. Nadie debería emplear el apocalipsis para conseguir poder y riquezas. No voy a mentir; quitar a Dean Summerhall de la faz de esta tierra será la cosa más solidaria que haremos jamás.
- Entonces ¿Estás de acuerdo? ¿Deberíamos ir allí y meterle un tiro entre las cejas?
- No. No podemos. No después de lo que le hicimos. No podemos acercarnos a él más de treinta metros antes de que sus matones nos destrocen la cabeza.
- Quizás si nos acercáramos fingiendo arrepentimiento y le apuñaláramos...
- Harry. Le debemos mucho dinero. Le destrozamos el negocio de las medicinas.
- No debimos haber hecho eso. Simplemente tendríamos que haber dado eso medicina a quien teníamos que dársela en lugar de repartirla...
- Eso fue lo correcto, Harry.


La niña empezó a toser hasta despertarse. Abrió los ojos de par en par, dos ojos negros como luceros, que miraron a Pepper con confusión.


- ¿Mamá?
-       No, hija mía.- dijo Pepper, lanzando todo su calor maternal en aquella frase.- Pero te llevaremos a casa.
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guillem
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MensajeTema: Re: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   Vie 12 Ene 2018, 9:02 am

II

La gasolinera apareció en el horizonte como un espejismo; habían tenido que dejar atrás el coche unos kilómetros atrás cuando se había agotado la gasolina y llevaban caminando por carreteras cubiertas de arena durante unas cuantas horas.

Lo primero que vieron fue la señal de la gasolinera; una estrella amarilla sobre un fondo azul, pintado con docenas de agujeros que solamente podían ser de bala. De uno de ellos colgaba un cordel atado a lo que aparentaba ser un cráneo de un protoceratops, que producía un sonido hueco cuando golpeaba el poste, balanceado por el viento.

- Deberíamos acercarnos.- le dijo a Harry, la niña durmiendo apacible contra su pecho.

Los ornamentos como aquel solían tomar tiempo en colocar y solían indicar que ahí vivía gente. "Este lugar está ocupado" significaba "Sigue tu camino."

Pepper esperaba que, al ver a la niña, la gente que estuviera dentro mostrase un poco de compasión y, por lo menos, les indicase el camino a la apoikia más cercana. Harry esperaba algo diferente, por lo que sacó el revólver y lo amartilló.

Al acercarse, quedó bastante claro que no había nadie en la gasolinera; la arena se amontonaba en la entrada, que había perdido la puerta y estaba bloqueada por lo que parecía ser un frigorífico.

- ¿Te echo una mano?- preguntó Pepper cuando Harry se dispuso a apartarla.
- No te preocupes. Creo que puedo yo.

Pepper echó un vistazo a su alrededor; parecía que nada hubiera estado por allí durante mucho tiempo, y aquello incluía tanto a humanos como a dinosaurios. Lo único que logró llamar su atención fue un par de pterosaurios sobrevolando el paisaje en círculos, demasiado alto para poder distinguirse, y una muñeca medio enterrada en la arena que prefirió dejar donde estaba.

La nevera provocó un ruido seco cuando cayó al suelo, lo cual despertó a la niña. Pepper entró en la gasolinera detrás de Harry y dejó a la niña en una silla con ruedas.

- ¿Puedes quedarte ahí sentada, Anne?

La niña asintió mientras bostezaba. Pepper le sonrió mientras le pasaba la mano por el pelo y se dio la vuelta para examinar la habitación.

Era obvio que alguien había estado viviendo allí; había montones de basura que se levantaban como montañas, la mayoría de paredes estaban pintadas con diferentes clases de espray y el suelo estaba repleto de latas de comida vacías. La pared delante de ella estaba llena de pósteres que mostraban a distintos superhéroes y personajes de comic en actitud heroica; los Dioses del Siglo XXI, relegados a un culto olvidado. Así morían los dioses, pensó Pepper, mientras sus ojos encontraban un pequeño póster que le llamó la atención.

Era blanco y sencillo, apenas más grande que un folio normal, y mostraba una enorme K que envolvía el mundo. "Kilgore Industries" se podía leer "Su mañana es nuestro hoy"; sobre aquellas palabras alguien había escrito, en enormes letras rojas; "NUNCA OLVIDES". Pepper se lo guardó en el bolsillo.

- He encontrado un par de cuchillos y un revolver vacío.- dijo Harry.- No hay munición, pero creo que podemos venderlo a alguien que tenga.

Pepper vio que el frigorífico estaba vacío y que no quedaba ni comida ni gasolina por ninguna parte. Lo único que encontró fue una nota pegada con imanes a la nevera; "Vuelvo pronto", con un corazón dibujado en una esquina. En la misma nota, una caligrafía infantil había escrito "Vuelve, por favor."

Detrás del mostrador encontró una calavera humana; todavía con unos mechones de pelo enganchados, tirada en el suelo y llenándose de polvo.

- No debía de ser más que una niña.

Cerca de donde estaba, se podía ver una última pintada; "EL AMOR NO LO CONQUISTA TODO" y, junto a ella, una fotografía de lo que parecía ser una niña con una pareja de hombres, jugando y riendo.

- Pepper...
- El mundo se ha ido a la mierda, Harry.
- Lo sé. Ya no hay solución.
- Yo nunca dije eso.
- Pero lo has pensado.
- Y aún así sigo creyendo que se podrá reconstruir.
- Estas a dos metros del cadáver de una niña que ha muerto de hambre... en el mejor de los casos. Y, aun así, aún crees que hay esperanza.

Pepper lanzó una mirada a la niña viva, la que habían rescatado de una petrolera, que jugueteaba con una muñeca que debía haber pertenecido a la niña muerta.

- Si no tienes esperanza en el más oscuro de tus días, si solamente sueñas cuando el mundo es perfecto... Eres una mierda de soñador.

Harry permaneció en silencio durante un buen rato, caminando con cuidado entre los escombros para agarrar a la niña.

- Se está haciendo tarde.- dijo.- Deberíamos acampar aquí.

Encendieron una hoguera y repartieron lo que quedaba de comida entre los tres. No era mucho, pero si suficiente para aguantar la noche; según las indicaciones de la pequeña, su aldea no debía estar muy lejos, si se ponían en marcha temprano, la alcanzarían antes de mediodía.

- ¿Cómo estás?- preguntó Harry a la niña cuando acabaron de comer.
- Tenía un poco de miedo... Pero ya sé me está pasando.- la niña mostró una tímida sonrisa. Se había sentado en el regazo de Harry, que se había tapado con una manta.
- ¿Quieres que Pepper te cuente un cuento?

La niña no dijo nada, pero sonrió con fuerza. Pepper se preparó; sabía muchos cuentos, por supuesto, pero también le gustaba contar los suyos propios.

• ● •

Había una vez; en un reino muy lejano, un poderoso rey. El rey era malvado, tan malvado como puede ser un rey que ha tenido que matar a millones para poder ponerse una corona.

Pero el malvado rey era adorado por su pueblo; le ofrecían enormes sacrificios a cambio de su protección. Porque, a pesar de todo lo que había hecho, a pesar de la oscuridad que manchaba su corazón, el rey conocía un secreto que hacía que su reino fuera seguro; mucho tiempo atrás el rey había descubierto, por medio de engaños, un hechizo muy poderoso. Un hechizo que le permitía controlar a los dragones.

Y el reino prosperó. La gente vivía feliz sabiendo que los dragones sobrevolaban sus fronteras, manteniendo a los enemigos del reino alejados. La gente del reino no pasaba hambre, porque sabían que siempre habría carne de dragón en sus mesas. Si hubo un tiempo en el que los dragones habían quemado y arrasado sus campos, la gente los había olvidado.

Pero el rey, sentado sobre su negro trono, en su oscura fortaleza, no era feliz. Largo tiempo atrás le había abandonado su reina y la avaricia empezaba a devorarle el corazón. El rey miraba sus tesoros, suficientes para llenar una catedral, y solo veía vacío.

Se dirigió a los enanos, en sus oscuras minas, y les ofreció dragones a cambio de oro. Y si hay algo que los enanos aman más que el oro, es el fuego. Pero cuando regresó con las riquezas de las profundidades, el rey vio que no eran suficientes.

Marchó de nuevo y se dirigió a los bosques, a las ciudades de los elfos, y les ofreció el mismo pacto que a los enanos; todas sus riquezas, sus joyas y sus secretos. Los elfos, codiciosos de todo aquello que no poseían, aceptaron el trato del rey de los hombres, que regresó de nuevo a su fortaleza con riquezas sin igual.

Con cada nueva moneda de oro que el rey conseguía su deseo de poseer más crecía. Empezó a formar pactos con todos aquellos que entendían la lengua de los hombres; los nobles centauros y los malignos trasgos, los orcos de las profundidades y las sirenas de los mares, todos habían pactado con el señor de los hombres.

El rey se había vuelto peligroso, pensaban muchos. Pero muy pocos lo decían en voz alta. Algunos se atrevían a hablar, por supuesto, pero nadie parecía querer escuchar. Hasta que un día, apareció un grupo de aventureros, venidos de lejanas tierras con un único propósito; terminar con el reinado del rey.

Protegidos por la oscuridad, los aventureros entraron en la fortaleza del rey y buscaron una forma de detener su codicia. Algunos pensaban que el rey se encontraba bajo un hechizo que debía ser roto, mientras que otros pensaban que la oscuridad había sido siempre parte de él y aconsejaban un mucho más drástico corte de cuello.

Y, moviéndose escondidos por los pasillos, los aventureros se habían topado con que no eran los únicos que deseaban ver caer al rey. Su propio hijo, un joven príncipe, se había encarado con su él y había terminado matándolo. El rey estaba muerto. Pero los problemas seguían; la oscuridad no parecía desaparecer de sus cielos.

Los aventureros desconfiaban del príncipe; al fin y al cabo, de tal palo, tal astilla. Ya habían sufrido un rey horrendo, no iban a esperar a ver qué clase de rey iba a ser el príncipe. En la noche, cuando todos se encontraban llorando por el viejo rey, los aventureros forzaron la entrada de sus aposentos.

Allí se encontraron con una esfera; una esfera negra como el carbón, que rezumaba maldad. Nunca en nuestro mundo ha existido ningún artefacto que pueda llegar al nivel de crueldad que aquella esfera poseía. Sin pensarlo, el valiente líder tomó la esfera entre sus manos y la lanzó contra el suelo.

La esfera se rompió y, con ella, su hechizo. Por fin, los dragones eran libres. Por desgracia; eso significaba que los dragones eran, sin lugar a dudas, libres. Y no habían olvidado su esclavitud.

Aquella noche, los cielos se volvieron rojos, la madera ardió, los cristales explotaron y la piedra se calentó tanto que empezó a derretirse. Y, tras ese día, lo único que quedó de aquel otrora prospero reino fue ceniza. Ceniza... y dragones.


• ● •

Despertaron antes el alba, cuando el sol aún no brillaba en el cielo, al oír que llegaban vehículos. Por el ruido, se debían de tratar de dos coches de buen tamaño. Apenas tuvieron tiempo de esconderse cuando se detuvieron y las pisadas empezaron a acercarse a ellos.

- Si hay alguien ahí dentro lo mejor que puede hacer es salir.- dijo una voz.- Porque tengo una granada y muchas ganas de usarla.

Pepper reconoció la voz antes de ver el rostro. En su mente se dibujaron unos labios pálidos y una sonrisa repelente. Se levantó y, asegurándose que la niña y Harry estuvieran protegidos y escondidos, caminó hasta su origen.

- Henson Carcer.
- Pepper sin apellidos.

Había un grupo de hombres con él, todos ellos armados como solo los matones de Summerhall podían permitirse estarlo. Pero a ella no eran ellos quienes le preocupaban. Era Carcer.
Carcer era lo más parecido a un monstruo que habitaba en aquel mundo; mucho peor que cualquiera de los dinosaurios. Los dinosaurios cazaban por hambre y deseo de cuidar a sus crías. Henson Carcer mataba por deseo, con una sonrisa en su rostro. Y fingiendo inocencia.

- ¿Qué haces tan lejos de casa, Pepper?

Mucha gente había perdido la cabeza en el apocalipsis y habían desatado sus peores instintos. Carcer era peor que todos ellos. Porque Carcer pensaba. El problema es que ninguno de sus pensamientos era bueno.

- ¿Y tú? ¿Qué te trae por aquí?- le soltó Pepper.- ¿Tan lejos te ha tirado Summerhall la pelota?

Carcer se rio del chiste.

- No soy tan malo como piensas. Ha, ya. Has trabajado conmigo Pepper, sabes que nunca he robado ni un pan.
- Tienes razón en eso. Nunca has robado un pan; matar al panadero y prender fuego a la panadería, eso sí que es más propio de ti.
- Es para mondarse.- Carcer se rio como una gallina, levantando los brazos y mirando a la gente, como si les estuviera preguntando si habían entendido el chiste.

Con un solo movimiento, Carcer se dio la vuelta y, casi sin tener tiempo de darse cuenta, le lanzó un puñetazo en el estómago. Pepper cayó al suelo, casi sin poder respirar. Dio gracias de que Harry no había salido corriendo tras ella y siguiera con la niña.

- Esto es territorio de Summerhall.- Carcer le levantó la cabeza por el pelo, obligándole a mirar directamente a su sonrisa de loco.- Tienes mucho valor viniendo aquí.
- Tú tienes mucho valor siguiendo vivo.

De nuevo, Carcer rio. Aunque quizás el término reír no era correcto; lo que hacía Carcer se parecía más a comunicarse con las gallinas. Pepper empezaba a notar como se le revolvía el estómago Y, cuando Carcer sacó una pistola y le apuntó a la cabeza, estuvo a punto de vomitar.

- ¿Qué estás haciendo?- le soltó uno de sus hombres, apartando el brazo de la pistola.- ¡No puedes hacer eso!

Carcer lo miro desconcertado, como si fuera un gato al que un ratón le hubiera dicho que no comiera de una lata. Enganchó su sonrisa y le golpeó la cabeza con la pistola. El hombre cayó como un sacó de patatas.

- Nunca. En tu puta vida de desgraciado, se te vuelva a pasar por la cabeza. Llevarme la contraria. Nunca. Porque puede que hayas sobrevivido al apocalipsis, pero te aseguro que a mí no me sobrevivirás. ¿Entendido?
- Si.- quiso decir el hombre, pero sonaba más como un gorgoteo provocado por la sangre en su boca.
- Bien.- Carcer volvió a mirar a Pepper.- Ahora, dime, donde. Está. Tu. Hermano.

Pepper no pudo evitar lanzar una mirada a la gasolinera, en la que se escondían Harry y la niña. Y Carcer se dio cuenta.

- Ve a mirar que hay ahí dentro.

Mientras el corazón de Pepper intentaba salir de su pecho, dos de los hombres de Summerhall caminaron hasta la gasolinera.
Se oyeron dos disparos y un cuerpo cayendo a tierra. Luego un gritó, seguido de un puñetazo. Otro grito y otro puñetazo. Entonces se oyeron dos golpes fuertes y uno de los hombres de Summerhall sacó a un Harry inconsciente de detrás de su escondite, con la niña pisándole los talones.

- ¡Harry! ¿Tú también? - Carcer sonrió de nuevo, como si hubiera descubierto un montón de regalos bajo el árbol. Dio dos pasos hacia la niña.- ¿Y tú quién eres?

Carcer estudió a la niña como si estuviera observando un pájaro, sus ojos mostraban interés y sus manos recorrieron su rostro hasta que se vio obligado a parar. Casi por un segundo, Pepper le vio perder la sonrisa.

- Tienes valor, Pepper. Esta es de las nuestras. Nos pertenece. Engañasteis una vez a Summerhall y eso es malo. Pero si lo haces una segunda vez... Si le robas de nuevo aquello que es suyo.

Carcer levantó la pistola contra su cabeza. Pepper podía oler la pólvora y notar como la oscuridad del cañón le devolvía la mirada. Los ojos de Carcer brillaron ante la posibilidad de matarla, en su profundidad se podía ver a los demonios bailando...

- Por desgracia, tengo órdenes de llevaros con vida.

Carcer levantó la pistola y, antes de poder decir una sola palabra
, golpeó a Pepper en la frente. La oscuridad lo devoró todo.
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guillem
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MensajeTema: Re: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   Lun 29 Ene 2018, 8:48 am

III

No había pasado una hora cuando Pepper empezó a abrir los ojos. Parpadeo dos veces confundida y su mente empezó el complicado proceso de intentar entender lo que estaba pasando. Harry lanzó un suspiro de alivio y, cuando vio que estaba bien, le dio una palmadita en la espalda. Una sonrisa se escapó de su rostro.

- ¿Donde estamos?
- En un coche.- respondió Harry.- De camino a una de las casitas de Summerhall.

Pepper volvió a parpadear dos veces, como si intentara comprender que significaban todas las palabras que acababa de oír.

- ¡La niña!¿Dónde está la niña, Harry?
- En el otro coche.- respondió.- Cárcer la quiere cerca. No sé porque nosotros no estamos en ese coche. Creo que nos tiene miedo.
- ¿Miedo? ¿Cárcer?- se rió Pepper.- Carcer no tiene miedo a nada... aunque quizás a su propia sombra. Ni yo me fiaría de la sombra de Cárcer.

El coche debía de pillar un bache porque la cabeza de Harry salió despedida y se golpeó contra el techo.

- Ahora mismo sería un buen momento para uno de tus planes brillantes, Pepper.
- Tengo uno.- confesó Pepper.- Pero no te va a gustar.
- Rezo por el día en el que esas dos frases no vayan seguidas.
- Sé que lo haces...- dijo Pepper con una de sus peores sonrisas. ¿Crees que el conductor puede oírnos?
- El cristal es muy grueso. Creo que no... pero igual si empiezas a gritar te oye.

El conductor estaba solo, por lo visto los otros cuatro miembros del grupo habían decidido marcharse con la niña en el coche de Carcer, que iba apenas unos cincuenta metros por delante. Pepper miró atrás para asegurarse que no había otro vehículo detrás de ellos y, cuando vio que el coche de Carcer se perdía entre los árboles y ya no podía verlos, puso en marcha su plan.

- ¡Señor conductor!¿Señor conductor? ¿¡Hola!?¿Hola?¿Me puedes bajar el cristal? Si tengo un problema... Verás soy una chica.... Soy una chica, como puedes ver. Si... Y hay algo sobre las chicas qué... que nos pasa cada cierto tiempo y si... He visto que tiene usted aquí los asientos recubiertos de cuero ¿El coche suyo o se lo ha prestado Summerhall?
- Es mío.- respondió el conductor
- Ya, verá, si... Es un coche muy bonito, la verdad, y lo debe de apreciar mucho...
- Era mío antes antes de... de que pasara todo esto.
- Bien pues es que creo que... Me da pena porque es un coche muy bonito y creo que le ensuciado el asiento.
- ¿Ensuciado?¿Como?
- Ya... verás... Es que es un poco embarazoso. Es sangre...
- ¿Sangre?¿Te has cortado?
- No exactamente...
- Oh, Dios.- dijo el conductor cuando por fin se había dado cuenta de lo que había pasado. Salió del coche enfadado, con una pistola en la mano y abrió la puerta junto a la que estaba Pepper y, con un furioso empujón, la sacó de su sitio.
- Le dije que era... le dije em... oiga, con cuidado, por favor. Le dije que era embarazoso y es que lo siento. Lo siento tanto.
- Aquí no hay sangre.- le gritó el tipo, casi decepcionado.

Pepper no estaba segura de lo que iba a hacer en ese momento, así que dejó que el instinto tomará el volante. Lanzó un cabezazo contra el tipo que, quizás por la sorpresa, lanzó la pistola al suelo. Al intentar recuperarla, Pepper le soltó una patada en la cara.

- Lo siento.- le dijo, sin el menor deje de sarcasmo.

Recogió la pistola y, sin darse cuenta de lo que hacia, se la lanzó a Harry, que disparó al pobre tipo en el muslo. Por desgracia, fue ese el momento en el que Carcer se dio cuenta de lo que pasaba. Pepper usó el cuchillo que habían dejado en el asiento del conductor para desatarse y, viendo a Carcer acercarse, golpeó la bocina.

- ¿Qué puñetas estas haciendo?- le preguntó Harry.
- ¿Confias en mí?- le preguntó a Harry, todavía aporreando la bocina.
- No.- había mucha indignación en su voz y eso provocó una sonrisa en su boca.

Carcer no había disparado, eso era bueno; significaba que Summerhall les necesitaba vivos. Puede que Carcer fuera un perro loco, pero seguía siendo un perro fiel.

- Aquí está la caballería.- dijo Pepper, dejando de sonar la bocina.
- ¿De qué estás hab...?- empezó a decir Harry, hasta que se dio cuenta de lo que venía corriendo hacia ellos.- ¡Estás loca!

Harry no habia terminado su frase cuando seis toneladas de depredador impactaron con el coche. Los hombres de Carcer empezaron a dispararle, lo cual solo enfureció más el carnívoro y empezó a lanzar mordiscos contra aquellos que habían invadido su territorio.

Por desgracia, Pepper no había visto nada de aquello. No lo había visto porque su plan tenía un pequeño fallo; cuando un tiranosaurio de seis toneladas se lanza contra un vehículo parado y tú tienes la puerta abierta y el cinturón desabrochado, corres el riesgo de salir despedida. Por una pendiente.

• ● •

Carcer no había perdido la sonrisa. Estaba justo frente a él, con la mano derecha sujetando una ballesta y la izquierda apoyada sobre la cintura. Tenía la ropa empapada de la sangre de sus propios hombres y, aún así, sonreía con alegría y buen ánimo, con una cara de ofendida inocencia.
Había rostros dignos de un lienzo. El de Carcer era digno de un puño.

- Tú hermana es muy lista.- le dijo Carcer.- Muy pero muy lista. Una pena que ahora esté muerta.

Harry prefería seguir callado, demostrando a Carcer que él no era el único que sabía sonreír en el peor momento. Podía tener las manos atadas a la espalda, pero no iba a dejar que eso le impidiera reír.

- ¿Te estás riendo?- Carcer ladeó la cabeza, como un perro desconcertado.- ¿Porqué?
- ¿No te has dado cuenta?- le dijo Harry.- Hemos sobrevivido cuatro del ataque.
- Eso es porque tú has disparado a uno de mis hombres y pateado a dos hacia la boca de un tiranosaurio.- dijo Carcer con un tono jovial, como si todo aquello fuera una grotesca broma.
- Si. Y sin embargo, habéis sobrevivido tres y me habéis conseguido capturar de nuevo.
- ¿A donde quieres llegar?- le gritó la mujer que iba con Carcer, su pelo rapado al cero.
- Si habéis sobrevivido tres.- dijo Harry.- ¿Porqué solo sois dos?

La mujer se dio la vuelta. Su compañero había desaparecido por completo y ella se puso a gritar su nombre hasta que Carcer la detuvo.

- No querrás atraer aquí a lo que sea que lo haya matado ¿Verdad
- ¿Cómo sabes que está muerto?- le preguntó la mujer.

Cárcer se limitó a sonreír. Se puso un dedo en los labios para indicarles que callaran y se adentro en el bosque.

El cadáver estaba tirado en el suelo, en un claro. Los tres supervivientes se acercaron a él y se dieron cuenta de que no era un cadáver. Tenía el cuello ensangrentado y sus intestinos recordaban el suelo, pero el pobre infeliz seguía vivo. La chica del pelo rapado se llevó la mano a la boca. Henson Carcer fue mucho más directo, sacó la ballesta, la cargó con suma tranquilidad y le apuntó a la cara. Los ojos del moribundo se llenaron de miedo.

- ¿Qué estás haciendo?- le recriminó.
- Terminando el trabajo, señorita.- Carcer sonreía. Por supuesto que Carcer sonreía.- Tendré que ser quirúrgico.
- ¿Vas a matarlo? Así... ¿Sin ayudarle? Lo conoces desde antes del apocalipsis.
- Es cierto.- Carcer agarró los intestinos como quien coge un manojo de lenguanizas.- ¿Crees que puede ir a dar una vuelta con esto colgando por ahí? Ja, ja.


Carcer soltó las entrañas y agarró la ballesta. El muerto se agarró a sus pantalones, la boca ensangrentada suplicando clemencia.


- Hay que ser rápidos, señorita Wiggins.- dijo antes de dispararle a la cara con la ballesta. Las convulsiones se detuvieron y el cadáver dejó de moverse.- Para que no sufra.
- Hijo de puta enfermo.- le soltó la chica del pelo rapado.- ¿Para que no sufra o para que puedas disfrutar?¿Se te pone dura cuando matas a tus amigos, Carcer?

Harry no dijo nada. En aquel momento, los dos estaban distraídos, atrapados en la discusión. El cadáver se había convertido en su centro de atención y no parecía que le estuvieran haciendo caso a nada más. Ni siquiera a Harry, que agradecía que se hubieran topado con aquel... foco.. de atención... en el medio del bosque. Muy lejos de donde debería haber muerto. Tan cerca de los matojos.

- Todo el mundo, atrás.- gritó cuando se dio cuenta de lo que estaba pasando.- ¡Es una trampa!¡Están...!


Esperando...
Harry no había tenido tiempo de advertirles cuando el Rhedoraptor apareció de la nada. Se lanzó contra la mujer y e mordió el torso bajo la axila, como si quisiera morderle el corazón y se quedó mirándoles. Sobre su piel gris, la sangre hacia que el raptor pareciera sonreír con unos labios rojos. Mostró sus dientes, y eran terribles y blancos y terribles.


Sus garras repiqueteaban contra el suelo como un picahielos. El raptor le miró directamente y Harry vio que en sus ojos, rojos y muertos, centelleaba algo que no podía ser natural. Fuera lo que fuera aquello que centelleaba allí, sólo podía estar hecho por un ser humano.


Harry empujó al Carcer contra el Rhedoraptor y salió corriendo. Tenía las manos atadas a la espalda, pero eso no impedía que pudiera correr tan rápido como pudiera. Lejos de sus captores. Lejos de los depredadores. Lejos de los gritos.

• ● •

- Vale esto se está empezando a convertir en una costumbre que no me gusta.-  dijo Pepper, tumbada sobre un charco en el que había aterrizado después de rodar colina abajo.

Se levantó con bastante dificultad y miró a su alrededor, intentando comprender a donde habia ido a parar. Pero le costó bastante porque en el momento en el que se puso de pie el mundo empezó a dar vueltas a su alrededor y, detrás de un árbol, se dio una sanísima vomitona.

- A ver.- se planteo.- Supongo que he venido rodando de ahí arriba. Oh, dios; me duele todo.- Se levantó la camiseta para descubrir que tenía el torso lleno de moratones; su piel oscura había tomado un color púrpura que no parecía muy sano.- Si parezco un cuadro de William Turner.

Con paso vacilante y constantes quejidos de dolor, emprendió el camino colina arriba hasta llegar en el sitio donde quedaban dos coches. Uno de ellos parecía haber sido atacados por una apisonadora, pero el otro parecía bastante intacto. El tiranosaurio debió de haberse ido en cuando se dio cuenta de que no podía comerse el coche. Cruzó los dedos, esperando encontrar en él lo que estaba buscando. Por suerte para ella, lo encontró.

- ¿Pepper?- pregunto la niña con una sonrisa de oreja a oreja que casi le rompió el corazón.
- Si, Marise, soy yo. Todo irá bien... todo irá bien.- Pepper abrazo a la niña.- ¿Qué ha pasado aquí?
- No lo sé. Fuera lo que fuera eso... vino del bosque. Gritaba mucho... Yo estaba muy asustada, todos habían salido del coche y os apuntaba con pistolas... Me escondí debajo del asiento... Entonces la gente empezó a gritar... Co... Cogieron a Harry y se lo llevaron al bosque...
- ¿Porque no se te han llevado a ti?
- Fue el hombre de la sonrisa... dijo que yo iba a ser un peso muerto... Tenía mucho miedo
- No te preocupes; cuando encontremos a Harry te  llevaremos a casa.
- ¿Lo prometes?
- Lo prometo

Harry no se había dado cuenta de cuando había dejado de correr. Supuso que lo había hecho en algún momento y que, durante ese tiempo, había encontrado una forma de quitarse las esposas, pero no sabía cómo. Empezó a buscar a Pepper, pero parecía imposible saber dónde estaba dentro de aquel inmenso bosque. Siguió buscándola hasta que se dio cuenta de que le estaban siguiendo. Algo caminaba detrás de él, algo que apareció como una pesadilla entre los árboles.
Carcer.

- Hola.- sonrió.
- Esperaba que te hubieras muerto.-  le dijo Harry.- ¿Cómo has podido sobrevivir?
- ¿Has oído alguna vez el chiste de los dos hombres y el oso?


Harry se había puesto tenso; había logrado soltarse las manos, pero seguía desarmado. Y si había algo que sabía seguro de los hombres como Carcer, es que ellos siempre estaban armados. Por lo menos Carcer no llevaba la ballesta. Eso era un buen comienzo.
Carcer sacó un cuchillo del cinturón.

- No quiero pelear, Harry.- dijo, lanzándolo al suelo.
- No soy imbécil Carcer, y tú tampoco. Nunca ibas a tirar un cuchillo si no tuvieras uno de reserva.

Carcer sonrió y sacó un segundo puñal de su chaqueta en el momento justo en el que Harry saltó sobre él.
Notó como se le clavaba el cuchillo en el hombro, pero no dejó de empujar. Lanzó a Carcer contra un árbol, golpeándole con el tronco directamente en la cara; siguió golpeándole hasta que soltó el cuchillo y, una vez lo había soltado, siguió golpeándolo. Notaba a algo en su interior que le obligaba a desatarse, a liberar sus brutales instintos sobre la estúpida sonrisa de Carcer y hacerle pagar por todos los crímenes de la humanidad; por un momento, entre golpe y golpe, la cara ensangrentada de Carcer se convirtió en el rostro de Elijah Kilgore.
Harry tiró a Carcer al suelo.

- Por lo visto yo tenía razón Harry.- la sonrisa de Carcer mostraba ahora unos dientes ensangrentados.- Eres un psicópata en potencia.

Harry se sentó sobre él; le inmovilizó las piernas con las suyas y le sujetó los brazos con fuerza contra el suelo; Carcer podía intentar darle un cabezazo, pero se llevaría una decepción al descubrir lo dura que tenía Harry la cabeza muy dura.
Sin embargo, Harry se dio cuenta de que algo no iba bien. No solo por Carcer, sino por el aire. Había algo en el ambiente que no estaba bien, como la calma antes de la tormenta. Harry sentía que algo les estaba observando.

- Pensaba que la lista era tu hermana… - dijo Carcer.
- ¿De qué coño estás hablando? – le dijo Harry para hacerle callar.
- Pensaba que la lista era tu hermana, Harry. Pero resulta que tú también eres un chico listo; no sabía que ibas a deducir que tenía dos cuchillos.
- Cállate.

La mirada de Harry se había perdido en los matorrales que tenía justo enfrente; le había parecido que se movían y empezaba a sospechar que no era a causa del viento. El pelo de los brazos empezaba a ponérsele de punta.

- Harry.
- ¿¡Qué!?- le gritó Harry. Antes lo sospechaba, pero en aquel momento estaba seguro de que algo les acechaba desde la maleza.
- Tengo tres cuchillos.- dijo Carcer con una sonrisa de oreja a oreja.
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MensajeTema: Re: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   Vie 09 Mar 2018, 9:07 am

CAPITULO 2
SALTARELLO CON LOS CONDENADOS

Pepper observaba por la ventana. Conforme el día se levantaba delante de ella; las montañas empezaron a volverse grises, los  árboles en el horizonte se pintaron de un verde apagado y el amarillo de los maizales que la colonia había plantado iluminó el mundo.

- Creo que hablo en nombre de todos mis compañeros en esta colonia al agradeceros a ti y a tu hermano por devolvernos a la pequeña. Esperamos que el pago que hemos considerado sea suficiente.

Pepper se dio la vuelta y consideró la lista que le tendía la persona que le habían presentado como comandante  de la guardia de la colonia en la que habían acabado. Pepper conocía a un montón de hombres que habrían considerado aquella lista un insulto y hubieran respondido con un escupitajo. Pero a ella le parecía bien.

- Es perfecta.- Pepper tomó asiento delante de ella.- Me gustaría que comprendieras que no me gusta pedir por estas cosas; la vida de una niña no es algo de lo que me guste sacar provecho, pero... lo necesitamos para sobrevivir.
- Y a tu hermano lo han apuñalado.- remarcó mientras daba un trago de una botella mientras le servía a ella un vaso.
- Y a mi hermano le han apuñalado, un detalle que no debemos dejar pasar. Te agradezco que le hayáis cosido de nuevo.
- En un par de horas podrá volver a correr, no te preocupes. Lo que me gustaría saber es...
- ¿Quien lo ha apuñalado? Bien; ¿Señor...?- dijo Pepper, observando la reacción del vigilante.- ¿Señora...?
- Comandante me parece un término bastante neutro. Y el nombre es Uhura, Jamie Uhura.
- Bien, Uhura, el hombre que ha apuñalado a mi hermano es Henson Carcer. Un demonio que lleva puesta la piel de un humano y ahora se pasa la vida jugueteando a los pies de un oscuro Dios lovecraftiano llamado Dean Summerhall.
- Bueno, sea quien sea, lo encontraremos. Tengo unos cuantos exploradores peinando el bosque para encontrarlo, no se podrá esconder para siempre.
- Eso es lo que me preocupa.

Los ojos de le comandante la seguían estudiando, pero parecía que confiaba en ella. Pepper lo agradecía; en aquel mundo era difícil confiar en alguien, pero era mucho más difícil conseguir que alguien conseguir confiara en ti. Empezó a juguetear con su pelo corto.

- Curioso... tu pelo.- le dijo mientras le señalaba el pelo; Pepper sabía que era  algo especial en lo que se refería a peinados. Se esforzaba mucho en mantener los lados rapados, el pelo liso y el tinte blanco.
- Gracias. Me gusta mantenerlo asi. Me hace pensar que aún puedo encontrar un poco de humanidad en mi, aunque sea solamente por preocuparme como tengo el pelo.

Uhura fue a decir algo, pero de detuvo al instante. Alguien estaba subiendo por las escaleras de la cabaña con paso apresurado. Demasiado. La puerta se abrió de par en par para revelar a un joven moreno con una armadura de piezas de cobre similar a la que vestía le comandante Uhura, cosida sobre piel escamosa. Respiraba con dificultad.

- Las... Puerta...
- Respira, Swedney, respira.
- Si.- el visitante se agarró las rodillas para respirar.- Tienes que venir a ver algo. Esta en la puerta principal.
- ¿Qué está en la puerta principal?- preguntó Pepper.

Habían clavado la pica con fuerza en la tierra seca; una barra de casi dos metros de hierro probablemente sacada de uno de los dos vehículos que habían quedado atrás tras el ataque del tiranosaurio. Sangre se había secado sobre la superficie metálica y el olor dulzón casi imperceptible de la glándula se notaba en el aire. Sobre la pica, unas cuantas moscas revoloteaban alrededor de la cabeza del rhedoraptor que habían clavado en la punta, una sarta de ballesta atravesando el ojo derecho y saliendo por la mandíbula inferior. Carcer sabía lo que había echo.

- Quemarla. Quemarla ahora mismo, antes de que las cosas empeoren.
- ¡Ya le habéis oído! - gritó Uhura.- ¿Qué está pasando?
- Esa cosa está atrayendo a más cosas como ella. Antes de que nos demos cuenta van a caer sobre nosotros como un infierno.
- ¿Adónde vas?
- A buscar lo único que nos puede salvar ahora.

• ● •

Harry se levantó de la cama; había algo en aquella habitación cerrada que le enfermaba. Llevaba casi cinco años durante los cuales las noches pasadas bajo las estrellas eran mucho más comunes que las pasadas bajo techo y ahora las paredes le ponían nervioso. La sangre le palpitaba en la cabeza, las piernas le temblaban y el aire empezaba a faltarle. Abrió la ventana de un golpe tan violento que el cristal empezó a temblar.

- Oh, mierda.- dijo una voz conocida desde la puerta. El ruido de pasos subiendo por la escalera se sincronizaron con las palpitaciones de su cabeza. A pesar de la ventana abierta, el aire le seguía faltando. Los pulmones se apretaban. Intentó gritar, pero no había nada en su interior que quisiera salir.

Pepper entró en la habitación en el momento justo cuando Harry estaba al borde del llanto. Sus brazos le rodearon y notó el sus dedos acariciando su pelo.

- Tranquilo... Tranquilo, Harry. Vamos, hermanito. Todo está bien. Todo va a salir perfectamente. ¿Hacemos un trato?

Harry lanzó un gruñido que en otras ocasiones podría haber sido una palabra. Pepper apretó el abrazo.

- Le comandante Uhura me ha dado una lista de cosas que nos darán por salvar a la niña. Si me das una lista de ingredientes, podrás preparar toda la comida que quieras... ¿Te parece bien?

La respiración de Harry regresó poco a poco. La cuchillada en su costado aún le dolía, pero nada comparado con el dolor emocional que recibía.

- He encontrado una cabeza de rhedoraptor en la entrada del pueblo.- Pepper le pasó la mano por el hombro.- Carcer la ha empalado en una pica.

En otras ocasiones, cada una de aquellas palabras le habría provocado un infarto, pero en ese momento... había un aire de familiaridad en ellas que le acabó de tranquilizar.

- La glandula ya está seca, Harry. Por lo menos lleva 4 horas oliendo. No hay muchos rhedoraptores a este lado de las montañas; pero si suficientes, cualquier rhedoraptor los 20 millas a la redonda lo ha olido.

Harry tomó aire y se pasó las manos por la cara mientras soltaba un gruñido de desaprobación.

- Vale yo prepararé el coche de Cárcer,  lo usaremos para llegar hasta nuestro coche y nos alejaremos el máximo que podamos. Supongo que podremos recorrer unos 30 o 40 km antes de que anochezca.
- ¿De qué estás hablando? No podemos dejar a esta gente aquí; estan en esta situación por nuestra culpa.
Idea - Pepper; tengo 21 años y ya he visto más cadáveres la mitad de veteranos del Vietnam. A mi me parecen suficientes.
- Los cadáveres seguirán subiendo, Harry; que tú no los veas no cambia nada.
- Te acuerdas de lo que perdimos el primer día. ¿Charlie? ¿Simone? ¿Owen? ¿Papá?

Pepper resistió responderle. Se acordaba de aquel día demasiado bien. Pero a Harry aún le quedaba gente.  Estaba ella… Y Denise. Puede que no fueran muchos, pero si que había gente.

- Harry. Te necesitamos. Todos ellos... Y yo. Yo necesito que hagas esto.

Harry resopló antes de ponerse la camisa; le iba a costar reconocerlo, pero había mejorado mucho en los últimos años.  El pelo largo, las cicatrices, una complexión más fuerte y unos ojos tristes. Harry había mejorado en el exterior, pero su interior se estaba corrompiendo por la misma enfermedad que sufría la mitad del planeta que seguía viva. Y Pepper necesitaba que esa enfermedad dejase de extenderse por su hermano.

- Mira, Pepper, no me importa esta pequeña cruzada que tienes tu montada de ayudar a todo el mundo, de arreglar los pecados de la humanidad o sea cual sea tu objetivo... Pero eso no quiere decir que vaya a dejar que te metas de cabeza en todas las situaciones peligrosas con las que te encuentras. Habrá veces en las que no podrás salvar el mundo y tienes que aceptarlo. Intentamos ayudar a una niña y por poco nos matan... Me acuchillaron, Pepper.
- Puedes hacer lo que quieras Harry. Pero yo no pienso dejar que se repita lo de Nueva York.
- Y yo no pienso dejar que se repita lo de Charlie.- dijo, levantándose por fin.- En este momento, lo único que me importa es que tu y yo estemos a salvo. No pienso perder a nadie mas.

Pepper permaneció unos segundos en silencio. Sabía que Harry se iba a negar incluso antes fe entrar en la habitación, pero su respuesta le decepcionó de todas formas.

- Así que lo único que vas a hacer es mantenerme a salvo, ¿Eh?- Pepper preparó su sonrisa más repelente para aquel momento.- Bien. Si yo me quedo en este sitio, la única forma en la que me puedes mantener a salvo es defendiendo el pueblo... ¡Pues bien!

Pepper decidió no perder la atención que había ganado; con un rápido movimiento de manos agarró las esposas de la mesa y, con otro movimiento más veloz que el anterior, se esposó a una silla.

- ¿Era eso necesario?
- No. Pero sabes que he tenido siempre cierto gusto por lo dramático.
- Lo peor es que yo hubiera sido más dramático todavía.
- Puedo recitar a Lady Macbeth, si quieres.
- Vale, muy bien. Voy a ayudar a esta gente, pero en el momento en el que algo salte sobre ese muro te meteré a patadas en el coche y nos iremos tan rápido como podamos. ¿Lo has entendido?

Pepper asintió.

- Bien. Yo voy a ver que armas tenía Carcer en el coche; tu vas a reunir a todo el mundo en la plaza o en la taberna o donde te de la gana y les vas a explicar la situación. ¿Entendido?
- Si.
- Oh y, por cierto, me llevo esto.

Las llaves de las esposas tintinearon entre sus dedos antes de abandonar la habitación, dejando a Pepper atada a la silla. Por suerte para ella, tenía mucha experiencia con esposas.

• ● •

- Rhedoraptor Kilgorii. Así lo llamaron las personas que crearon y vendieron este monstruo. Pero hubo otros nombres; demonio, scral, devorador, el Ángel del Apocalipsis.. Fueron diseñados como el arma perfecta; eran baratos de crear, fáciles de criar y, una vez liberados, implacables. Lo que fuera que cualquier otro animal que Industrias Kilgore podía hacer, el rhedoraptor lo podía hacer mejor, por una sencilla razon; el rhedoraptor tiene tanto de animal como yo de papelera.

La multitud la miraba con dos docenas de ojos asustados. Uhura había reunido a todos los habitantes de la colonia que podían combatir en una pequeña taberna y, para decepcion de Pepper, el número apenas llegaba a una docena de trabajadores que se unian a los seis hombres de los que disponía Uhura en su guardia.

- Creo que ya les has asustado bastante.- interrumpió le comandante Uhura.- Estás cosas ¿Se pueden matar?
- Si. Si les pegas un tiro en la cabeza o en el corazon se mueren, como cualquiera de nosotros. Pero fueron diseñados con un sistema nervioso defectuoso; no sienten el dolor. Podrías reventarles la cabeza, pero si su cerebro y corazon siguen intactos no se retorcerá de dolor. Seguirá luchando.
- Vale. Supongamos que podemos pegarle un tiro... ¿Qué les hace tan diferentes de los otros animales?
- Que te seguirán jodiendo hasta después de muertos.- cortó Harry.

Todas las cabezas se giraron; Harry acababa de entrar en el bar, dos revólveres en la cintura y el pelo largo recogido en un moño. Caminó hacia la barra, donde estaba Pepper, con una ligera cojera y sosteniendose el costado.

- Esas cosas tienen una glándula en el cuello; una vez se muere, la glándula suelta un olor, como un desodorante con garras.- Harry se encaró a la gente. - Ese olor lo puede oler cualquier rhedoraptor en diez kilómetros a la redonda. Así fue como cayeron las grandes ciudades, pero ahora sabemos que debemos quemarlos antes de que pasen dos minutos de su muerte.

Uhura dió una palmada fuerte para reunir la atención de todo el mundo.

- Bien.- dijo Uhura, dirigiéndose al resto de personas en la habitación.- Os habréis dado cuenta que estas personas ya han tenido cierta experiencia con estos animales y, muy amablemente, se han ofrecido a ayudarnos. He estado hablando con Pepper, vamos a preparar tres grupos diferentes; el primero se dedicará a proteger la muralla. Llevo idea de dirigirlo yo.
- ¿Donde está nuestro líder?
- Nuestro... Querido líder, al que todos decidisteis elegir democráticamente a pesar de que os advertí que era un completo imbécil, se ha encerrado en la casa mayor. A montado una barricada pare el y su mujer, a pesar de que queríamos usar la casa mayor para proteger a los niños.

Pepper lanzó una mirada al comandante. Era joven, pero sus ojos tenían una mirada cansada y estaban decorados con una ojeras que podían competir con las de su hermano. Era obvio que su trabajo era mucho más que encargarse de la seguridad.

- Por eso voy a tener que montar un segundo grupo para proteger a los enfermos, niños y ancianos. Solamente en caso de que sobrepasen las murallas.
- ¿Y el tercer grupo?- preguntó una voz entre la multitud.
- Ese soy yo.- Pepper levantó la mano.- Llevo idea de situarme en el tejado mas alto con esto. Voy a asegurarme que no se acerquen demasiado, pero no puedo detenerles demasiado lejos, porque entonces es imposible que los quemeis. Pero voy a necesitar a alguien que me ayude. Un voluntario.

Una mano se levantó entre la multitud; una muchacha joven, apenas más de 16 años avanzó entre la gente y se colocó frente a ella.

- ¿Puedo confiar en ella?- preguntó a Uhura.
- Es la hermana de la niña que trajiste, creo que puedes confiar en ella.
- Bien.
- ¿Harry?- preguntó Uhura, mirándolo con curiosidad.
- Tuve ocasion de acabar con Carcer, pero salí corriendo.- dijo.- Como un cobarde. Pienso dirigir la defensa en el muro, pero en el momento en el que vea que está todo controlado voy a saltar y buscar a Carcer. Y entonces voy a matarlo.
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MensajeTema: Re: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   Vie 16 Mar 2018, 9:03 am

II

Harry estaba herido, confuso y cansado. Pero, por encima de todo, Harry estaba enfadado.
La herida del costado que le había provocado Carcer, a pesar de estar cosida y desinfectar, le dolía como un infierno mientras se adentraba en el bosque. Se llevó la mano, todavía sangrando por el mordisco que le había propinado el rhedoraptor, al bolsillo y encontró el reconfortante tacto de una daga. Una lluvia suave empezó a caer.
A Harry no le importaba. Tenía que encontrar a Carcer. Tenía que matarlo.

• ● •

Harry estaba todavía en la taberna con Pepper y Uhura cuando sonó la señal; Harry había visto muchos sistemas para avisar de la llegada de animales en distintas colonias, su favorito seguía siendo el que había visto en la Puerta del Cielo; un enorme cuerno de triceratops vaciado y lacado en un azul claro como el mar, adornado con baratijas de pan de oro que producía un rugido de tono muy bajo que recorría el suelo y te subía por los pies hasta el pecho. Por eso el rudimentario disparo que le avisó allí le sorprendió.
Pepper saltó a la calle y empezó a subir a uno de los edificios más altos que había en la colonia, sobre el cual había construido su nido de francotirador. Mientras, Harry y Uhura, cargados con las armas que habían encontrado en el almacén y el maletero del coche de Carcer. Resonaron más disparos. Muchos más. Ya habían caído sobre ellos.
Cuando llegó de nuevo a la muralla, Harry estaba en el infierno. El mundo se desmoronó en una oleada de recuerdos; dos raptores escalaban la muralla, la gente gritaba. Los raptores destrozaban a la gente, y está seguía gritando. Alguien gritó su nombre.

- ¿Charlie?- le preguntó su cabeza al aire.- Charlie, hazme un favor; despiértame. Estoy soñando en un mundo sin ti... y es una pesadilla.

Un rhedoraptor apareció sobre las murallas; sus ojos muertos observándoles a todos desde la altura. Alguien intento cortarle la cabeza con un cuchillo. Y el rhedoraptor le cortó la suya.
Un disparo cortó el aire como un cuchillo. El rhedoraptor se derrumbó bajo su peso; la bala de Pepper le había atravesado el cerebro de lado a lado. Harry despertó justo a tiempo de agarrar una botella de gasolina y lanzar el cadáver llameante sobre la muralla. Más y más rhedoraptores cayeron con certeros disparos y, los que no, fueron despachados rápidamente.


- Madre mía.- gritó Uhura.- Preparad las armas, ahora. Respirad con fuerza y los que no os veáis con fuerza para disparar, quemad los cadáveres. No lloréis por los muertos sin antes luchar por los vivos.

Harry miró al horizonte. Una nube negro se cernió sobre él; había docenas de ellos en la distancia. Como buitres hacia un cadáver.

• ● •

La lluvia no paraba; incluso entre los árboles, el agua fría se filtraba entre las ramas y la caía sobre la cabeza. El pelo empapado le caía por la cara, obligándole a cerrar los ojos; se echó la capucha por encima del pelo, se puso las manos en los bolsillos y siguió caminando. La sangre de la herida empezaba a pegarse con la tela, pero Harry siguió caminando.
Había perdido la pistola, el mechero y los guantes entre los cadáveres. Ya volvería a por ellos. De momento en su cinturón notaba el peso de su daga, y aquello era suficiente.
El frío le calaba los huesos y la herida bajo sus costillas le ardía como fuego. Pero su odio ardía con fuerza. Iba a encontrar a Carcer. Y le iba a hacer pagar todo lo que había hecho.
Sacó la mano del bolsillo, apartó la capa y sacó la daga; la sangre seca se estaba escurriendo por culpa de la lluvia y el rojo carmesí dio paso al gris plateado del acero.

• ● •

La última vez que la había tenido en las manos había sido bajo la muralla de la colonia; el sol le daba en los ojos y lo único que conseguía ver llegar eran sombras borrosas. Desde lo alto de la muralla, Uhura gritó órdenes a los defensores de la ciudad antes de saltar la muralla y unirse a él.
A sus espaldas, alguien lanzó una maldición en un idioma que no comprendía y unas seis voces rezaban a dioses distintos.

- ¡Cargad!- gritó Uhura antes de añadir- ¡Apuntad y aguantad!- las sombras se acercaban. Más y más. El sol se volvía más insoportable y Harry tenía que entrecerrar los ojos para poder ver.- ¡Aguantad!- repitió.- Aguantad... ¡Disparad!

Una docena de rifles resonaron al disparar.
Harry recordó que había unas gafas de sol en su bolsillo; eran rosas, pequeñas y las había saqueado de un cadáver, pero eran útiles. Cuando se las colocó miró la llanura y vio el infierno; recuerdos que no deseaba empezaba a entrar en su cabeza. Dos docenas de rhedoraptores corrían hacia ellos y a menos de dos metros de ellos, dos rhedoraptores.
Mientras Uhura preparaba una segunda ronda de disparos, Harry recogió la litrona de gasolina y saltó hacia los cadáveres. Tenía dos minutos antes de que la glándula empezara a segregar. En apenas treinta segundos llegó sobre el primer cadaver, abrió la litrona y vacío un tercio sobre la garganta del rhedoraptor. Un minuto. Lanzó una cerilla y saltó sobre el fuego para ir hacia el siguiente cadáver.
El siguiente rhedoraptor apareció de la nada; sus mandíbulas chasquearon a apenas cinco centímetros del cuello de Harry. El mundo se detuvo. Mientras Harry esquivaba el raptor y esprintaba hacia el siguiente cadáver, tuvo que enfrentarse a sus ojos, que abrieron una presa de recuerdos en la cabeza de Harry. Recuerdos con los que no iba a lidiar en ese momento. Treinta segundos.
Apenas un metro le separaba del cadáver, pero notaba el rhedoraptor corriendo detrás de él. Veinte segundos. Se lanzó al suelo en el momento justo en el que el rhedoraptor se lanzó contra él. Abrió con manos temblorosas el recipiente de la gasolina y vacío otro tercio. Diez segundos. Encendió la cerilla y la lanzó sobre la yugular. El cadáver ardió mientras el otro rhedoraptor se daba la vuelta.

Harry apenas había tenido tiempo de levantarse cuando el raptor se le abalanzó encima. Pero Harry había tenido otros encuentros y savia que hacer; levantó la pierna y, con el pie, sujetó al rhedoraptor por el pecho. Las mandíbulas castañeaban contra su cabeza, pero Harry lanzó el brazo hacia ellas. El rhedoraptor mordió y se encontró con sus brazaletes de cuero. Harry se alegraba de haber gastado tanto dinero por ellos. Ya era la tercera vez que le salvaban la vida.
El rhedoraptor siguió mordiendo. Harry tenía todavía una mano libre y la usó para desenvainar la daga, mientras el raptor usaba sus garras para intentar destriparlo, sacando pedazos de ropa y dejando unas enormes marcas en su chaleco antibalas. Lanzó su mano disparada y la daga fue a impactar con el lado de la mandíbula del rhedoraptor. No gritó. No soltó su mordisco. Sus ojos no mostraron dolor. No. Aquello hubiera sido normal.

Empujó la daga hacia detrás, obligando al rhedoraptor a soltar su mordisco. Aprovechó su mano liberada para agarrar la otra daga. El cuchillo se hundió en la zona superior de la cabeza y salió por la cuenca del ojo derecho. El cuerpo se derrumbó sobre él. "Híbrido, mutación o animal, necesitas un cerebro para funcionar. A no ser que seas Pepper." pensó, arrepientiendose de que Pepper no estuviera allí para oír aquello.
Harry dio un vistazo a su alrededor; no parecía que quedarán más rhedoraptores. Miró hacia atrás. Las murallas estaban atapidas de cadaveres; los de los rhedoraptores estaban en llamas y los de los humanos descansaban bajo la muralla. Al acercarse vio que muchos estaban repletos de arañazos, de mordiscos, pero algunos habían muerto al caer de la muralla. Uhura tenía el rostro de color rojo; su uniforme de la guardia pintado de sangre. Se pasó la mano por la cara y la llenó de sangre de rhedoraptor y hollín.

- El ataque en esta zona a terminado.- dijo.- Aún quedan unos cuantos en la muralla este, pero se están encargando de ellos.

Harry estaba distraído. En la zona oeste había una pila de cadáveres que ocupaba la muralla. Todos eran humanos; más de una docena de personas formaban una torre de muertos por la que algo estaba escalando. Un rhedoraptor.

• ● •

Harry había seguido el rastro de cadáveres por el pueblo; uno a uno, el rhedoraptor había cazado sin piedad a todos los que encontraba en su camino. Harry lo persiguió.
La colonia no era muy grande; era difícil esconderse entre edificios, pero el rhedoraptor había desaparecido por completo. Miró hacia el tejado mas alto, desde donde Pepper había estado disparando solo para ver a una muchacha joven, sola en el tejado, señalandole hacia el norte. Pepper no estaba. Pepper se había quedado sin munición y había decidido matarlo con sus manos. Pepper no podía hacer eso.
Corrió hacia la dirección que le señalaba la muchacha. Corrió tan rápido como sus piernas doloridas le permitían.

Encontró el rhedoraptor junto a un montón de edificios que parecían almacenes y a Pepper veinte metros delante de él. Petrificada. Apuntaba con una pistola hacia el animal, pero no disparaba.
Sin siquiera llegar a pensarlo, Harry saltó entre el raptor y ella; poniendose en el camino de las fauces castañeantes. Le quitó la pistola a las temblorosas manos de Pepper y disparó. Los ojos del rhedoraptor se volvieron blancos y se desplomó en el suelo.


- No he podido Harry.- confeso Pepper junto al fuego de cadaver.- No he podido. Gente ha muerto por mi culpa.
- No ha sido culpa tuya, Pepper. No puedo pedirte que seas perfecta, por mucho que tu si. A veces es mejor que nos resulte difícil matar.- Harry le dio un beso en la frente.- Todo esto ha sido culpa de Carcer. Y voy a hacérselo pagar.

• ● •

Y allí lo tenía, delante de él. Dándole la espalda, fumando un cigarrillo sentado en el asiento del coche en el que había impactado el tiranosaurio. Harry se quedó callado y relajo su respiración al mínimo. Empezó a avanzar.
Caminó. Las hojas no crujieron bajo sus pues, sus pasos eran silenciosos como el aire. Se colocó detrás del coche, de forma en la que Carcer fuera incapaz de verle aunque se diera la vuelta, y se permitió respirar con fuerza. La daga soltó un destello cuando la sacó de su bolsillo, como si clamara por la sangre de Carcer. Se deslizó como una serpiente por el coche y, cuando estaba tan cerca de Carcer que podía oírle respirar, atacó.
La daga se clavó en el costado de Carcer como si fuera mantequilla. Carcer gritó como un animal y dio un salto para apartarse de él. Cuando le miró, Harry pudo ver que tenía la cara empapada de sangre. Se pasó la mano por el costado donde le había apuñalado Harry y se miró la mano, cubierta de sangre. Se rió.

- Has vuelto. Sabía que volverías; no eres la clase de persona que olvida las cosas. Deberías aprender a perdonar, Harry.
- Que te follen, Carcer.

Carcer se rió y sacó la pistola. Casi como un acto reflejo, Harry se lanzó a un lado. La bala le pasó silbando junto a la oreja y se perdió entre los arbustos. Carcer volvió a sonreír, apuntando la pistola hacia él, pero no volvió a disparar. Su última bala. Malgastada.

- Hay algo que no sabes sobre mi, Carcer. Soy el tipo que llevaba el cuchillo al tiroteo. Y resulta que gané.

La daga atravesó el claro como un destello plateado y, antes de que se diera cuenta de lo que venía a por él, veinte centímetros de acero impactaron contra su hombro y su brazo derecho cayó muerto, soltando la pistola. De las comisuras de sus labios sonrientes brotó un rubí rojo mientras su mano buscaba la empuñadura del cuchillo para sacarlo.

- Yo de ti no lo sacaría o la sangre empezará a brotar como una fuente.

Carcer sonrió. Era lo único que hacia; Harry se había dado cuenta de ello. Carcer era un perro que ladraba, pero incapaz de morder; mantenía una reputación de monstruo con brutalidad esporádica, pero eso no lo hacía más peligroso que cualquier otro de los mercenarios de Summerhall. Lo único que diferenciaba a Carcer del resto de mercenarios es que el tenía estilo. Pero ahora Harry sabía que el mayor monstruo en aquel claro era él.
Harry recorrió el claro con un salto, arrancó el puñal del pecho de Carcer y se lo colocó junto a la garganta. Los dientes se le apretaron tanto que empezaron a rechinar.

- No puedes hacer esto, Harry. No sabes como hacerlo; porque sabes que no tienes ninguna opción. Si me matas; demuestras que eres un monstruo a los ojos de tu hermana. Pero si me dejas libre; pienso hacerte la vida imposible Harry. Seré tu peor enemigo, tu peor pesadilla. Nunca te libraras de mi.
- Yo no voy a matarte, Carcer. No. Lo va a hacer la civilización; pienso enviar el peor de los mensajes a Summerhall. Summerhall cree que puede detenernos a todos, que la civilización se ha destruido y ya no existen leyes. Pero la civilización es una rueda; quizás este rota y oxidada, pero mientras haya gente fuerte y dispuesta, seguirá girando. Quizás en la dirección equivocada, pero siempre gira.
- Supongo que una última decepción era lo esperado. No eres más que un cobarde con máscara de asesino.
Harry quitó la daga de su cuello y lo inmovilizo contra el suelo con la rodilla. Usó su camisa para atarle las manos.

- Quizás lo sea. Pero yo está noche dormiré como un bebé y tú lo harás a dos palmos sobre el suelo, con una soga en el cuello.
- Summerhall te va a matar.
- Summerhall ya quiere matarme. Pero antes tendrá que encontrarme. O quizás sea yo quien lo encuentre primero.

Harry agarró a Carcer por el cuello de la camisa y lo arrastró hacia la justicia.

• ● •

- Deberíamos haberles dado más.- le dijo Uhura al gobernante de la colonia. Los dos viajantes, Pepper y Harry, habían abandonado aquella mañana la colonia, dejando detrás de si un cadáver que todavía de balanceaba, colgando de la plaza mayor.
- Les dimos lo que se merecían, Uhura. Nada más.
- Nos salvaron, Herald. Que es mucho más de lo que tu llegaste a hacer.
- Nos salvaron después de ponernos en peligro, comandante. Los viajeros no traen más que problemas.
- Y niñas pérdidas, si no recuerdo mal.
- Uhura ¿Intentas hacerme perder poder? Porque me gustaría recordarte que tienes mucha suerte por conservar tu puesto de comandante.

Uhura se había hartado hace mucho tiempo de ese tipo; pero el vaso estaba rebosando y aquel imbécil no dejaba de llenarlo. Se resistió a escupirle en la cara.

- Una pregunta, Herald; ¿Qué se siente al estar seguro mientras las personas que habías prometido salvar mueren?
- Tenía que asegurarme de que sobreviviera...
- Eso me imaginaba.

Uhura escupió y, con un rápido giro de talones, abandonó la habitación, abandonó la casa y abandonó la colonia. El mundo siguió girando.
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guillem
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MensajeTema: Re: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   Mar 26 Jun 2018, 4:19 am

Davenport vomitó de nuevo ante la visión del cadáver. Elisabeth le dio un par de palmadas en la espalda y volvió a examinar el cuerpo; había muerto mientras dormía en su pequeña habitación, de forma brutal. Quizás no hubiera estado despierto mientras ocurría o quizás había estado consciente mientras el animal le había arrancado el brazo del tirón y le había destripado como a un conejo. Elisabeth rezaba porque fuera la primera, pero sabía que sólo se estaba engañando.

- Davenport.-  le dijo, apartándole un segundo de la visión del cadáver.- No sé qué animalucho ha hecho esto, pero no pienso sentarme a que venga a por mí. ¿Me harías un favor e irías a buscar al doctor Moore en Nueva Esperanza?
- Por supuesto, ingeniera.

Davenport se marchó por el túnel principal de la mina. El descenso hasta la aldea era largo y duro, pero el doctor Moore era el único médico en cientos de kilómetros a la redonda. "Vivimos en tiempos peligrosos." pensó Elisabeth y regresó a la oficina principal. "No quiero ni pensar en lo que podría haber ahí fuera" La mina tenía poca gente y el carbón que extraían allí solamente llevaba a un par de aldeas del alrededor, que a cambio les entregaban comida, agua y protección. Por eso había siempre dos personas de guardia en la entrada; no había nada que podía entrar allí.

Marcus le estaba esperando en la oficina. El chico había descubierto el cadáver esa misma mañana y todavía tenía el miedo en los ojos. Elisabeth pasó delante de él y se sentó en su mesa, llena de papeles y cuadernos; estaban teniendo un buen momento en la mina y ahora se había visto obligada a detener la producción. Las aldeas iban a enfadarse.


- ¿Qué lo ha matado?
- No lo sé.- Elisabeth observó sus cuentas. Habían encontrado hace poco una beta de carbón y estaban teniendo la mejor remesa en años.- Fuera lo que fuera no puede haber venido del exterior.
- ¿Estamos seguros?-  le preguntó.- Quizás entrase por la noche, mientras estaban durmiendo los guardias.
- Entonces ¿Por qué están vivos? Si un animal hubiera llegado mientras estaban durmiendo ¿Por qué entrar? ¿Por qué no comérselos a ellos? De momento he enviado a Davenport a buscar al doctor Moore. Quizás pueda darnos alguna idea de lo que ha causado esas heridas.

Marcus regresó a la habitación del muerto con el cuchillo en la mano; no le gustaba pensar en que había algo escondido en la oscuridad, esperando para abalanzarse encima de él. Las luces de las antorchas y las lámparas de aceite se balanceaban con cada ráfaga de viento que entraba en la mina, creando sombras de monstruos en las paredes. Los espíritus bailaban en la mina aquella noche y la voz del muerto resonaba como un eco acusador. Marcus recorrió como un poseso los metros que le separaban con la habitación donde estaba el cadáver. O, mejor dicho, dónde debería estar.


- Espera, no me ha quedar claro.- Pepper le miraba confusa, girando el lápiz entre los dedos.- ¿Quieres tirarla y que vuelva a ti? ¿Cómo las dagas de retorno del Dungeons and Dragons?
- Eso, pero sin ser un jodido friki.
- ¿Y cómo quieres que haga eso? ¿Con imanes?
- ¡No! Lo único que quiero es lanzar una daga.- dijo Harry, gesticulando con el brazo.- Y luego poder recuperarla.
- Harry. Por favor. Llevo dos días sin dormir.- le dijo el doctor Moore.- Y estos puntos ya están bastante jodidos como para que me vengas moviéndote mientras te vuelvo a coser.
- Lo siento, Todd.

El doctor Moore refunfuñó y volvió a coser. Harry y Pepper habían llegado a Nueva Esperanza con idea de encontrar un médico y alguien que les comprara las armas del maletero de Carcer que no necesitaban. Para eso, y para mantenerse fuera de la vista de Summerhall; aquellas montañas eran el lugar más alejado de su vista que podían encontrar.

- Creo que tengo una idea.- dijo Pepper, mordisqueando la punta del lápiz.- ¿Has visto alguna vez un metro de medir? ¿Esos que son amarillos?
- ¿Los que se vuelven a meter?
- No son esas las palabras que hubiera usado yo, pero sí. Podría usar el mismo sistema para unir la daga con un cable y conseguir que volviera. Oh, dios, esto me encanta.

Pepper empezó a bocetar mientras el doctor terminaba las costuras.

- Bien, Harry, esto ya está.- el doctor Moore le puso la mano en el hombro.- Dale un par de horas para que se te pase la anestesia local y un par de días para que esos puntos se cierren. Yo voy a irme a dormir cuarenta horas. Te recomiendo que hagas lo mismo.
- Siento haberte molestado, Todd.
- Todo sea por un viejo amigo.- el doctor Moore se empezó a quitar los guantes de látex.- Además, no siempre puedo realizar una operación en mí porche. Harry, tendrías que dejar que te mirara esa claustrofobia.
- Déjalo, Toddie, si yo no he podido convencerle, tu tampoco lo conseguirás.- dijo Pepper, balanceándose en la mecedora, sus ojos todavía sobre la hoja de papel.
- Deberías hacer algo. Me preocupas; eres como una bomba de enfermedades mentales a punto de estallar.
- Mi cabeza funciona como un reloj, doctor.- dijo Harry.
- Sí; de vez en cuando hace "cucú" - dijo Pepper, riéndose entre dientes.
- Muérete.

Con una sonrisa en el rostro, el doctor Moore se dejó caer sobre el sillón. La cara de satisfacción

- ¿Doctor Moore?- preguntó una voz con una respiración acelerada.
- Noooooooooooooooo.- se oyó decir al doctor Moore entre dientes.
- Doctor, siento mucho molestarle a estas horas, pero ha habido una emergencia. Tienes que venir.
- ¿Qué clase de emergencia?- preguntó Pepper.
- Han matado a un hombre. Lo han devorado mientras dormía.

El doctor refunfuñó una última vez antes de entrar en su cabaña para sacar sus herramientas. Harry se levantó de la camilla y le indicó a Pepper que se levantara también.

- Tú deberías quedarte.- dijo el doctor Moore al ver a Harry de pie. Tus puntos se tienen que curar.
- Y tú deberías dormir. Venga, vámonos; contra más seamos más fácil será resolverlo y antes acabaremos. ¿A dónde vamos?
- A Whitestone, en el lado oeste de la montaña.
- ¿Y qué clase de sitio es Whitestone?

• ● •

- Una mina.- escupió Harry al ver el sitio al que llegaban.- Una puñetera mina. Os podéis morir los dos; especialmente tú, Pepper.
- Whitestone es la principal productora de carbón de la zona; abastecemos a más de una docena de poblaciones alrededor de la montaña.- le explicó Davenport con impaciencia. Sus pies golpeaban el suelo ante la entrada.- Elisabeth está esperándole, doctor Moore.
- Bien.- dijo el doctor Moore, recogiendo su bolsa del maletero del nuevo coche de Harry y Pepper.- Es mejor no hacerla esperar mucho tiempo.
- Vosotros id yendo.- dijo Harry.- Yo voy a quedarme aquí... buscando... ¡Buscando huellas! Sí, eso suena bien. Ya entraré dentro de un rato.
- Tomate todo el tiempo que necesites, Harry.- dijo el doctor Moore, colocando una mano comprensiva sobre su hombro.
- Hay una botella de whisky en el maletero, por si la necesitas para buscar huellas.- informó Pepper.- Bien, Toddie ¿Vamos a ver a esa ingeniera?

La ingeniera era una mujer de mediana edad, con el pelo recogido y unas ojeras que podían competir con las ojeras del doctor Moore. Se encontraba en una especie de oficina improvisada dentro de la propia mina, con los codos apoyados en una mesa de caoba. Al verles entrar, levantó la cabeza con una mirada de preocupación.

- Ingeniera; esta es Pepper. Ella y su hermano han venido a ayudarnos.
- ¿Es de fiar?- preguntó la ingeniera, sus manos recorriendo los papeles en su mesa. Estaban garabateados y rallados con bolígrafos de distintos colores.
- La conozco desde hace más de lo que te conozco a ti, Elisabeth.
- Mi hermano y yo conocimos al doctor Moore en primera línea de batalla.- aclaró Pepper.- En un hospital de campaña a las afueras de Nueva York... antes de que la volaran por los aires.
- Bien.- indicó la ingeniera.- ¿Qué puedes ofrecernos?
- Tengo experiencia con los animales que pueblan estos lugares.
- ¿Qué clase de experiencia?
- Unos cuantos han intentado comerme.
- Dios...
- En su defensa, diré que he intentado comerme a algunos de ellos.

La ingeniera soltó una pequeña risita y Pepper se alegró al ver que sus hombros se relajaban. Pepper se acercó a ella y les puso la mano en uno de sus brazos, que notó que estaban más musculados estaban de lo que esperaba.

- Si me dejas ver el cadáver, acabaremos con esto en un momento y todos podemos volver a hacer nuestras cosas.
- Si.- los músculos de la ingeniera se pensaron bajo los dedos de Pepper.- Tenemos un problema, doctor Moore. El cadáver ha desaparecido.

• ● •

- Hey, Pepper.
- Hola Harry. ¿Estas mejor?
- Si, al menos por ahora creo que he sido capaz de encontrar una solución.
- Bien, me alegro por... Harry.
- ¿Si?
- ¿Eso que huelo es marihuana?
- Puede.
- ¿Has estado fumando porros, Harry?
- Si.
- ¿Te has estado fumando MIS porros?
- En mi defensa diré que sólo había uno.
- ¡Harry!- dijo Pepper, indignada.- Ahora voy a tener que lidiar con mis sentimientos como una persona normal. Mira lo que me has hecho.
- Lo siento.
- Anda, vete para dentro a hablar con la ingeniera. Yo voy a quedarme aquí a ver si encuentro un rastro.

Mientras Harry se metía en la habitación, Pepper se preparó para estudiar el suelo; una habilidad que había aprendido de una... asociada de su padre, a falta de un término mejor para describir a Regina Markov. Se descalzó, dejando con cuidado sus botas en un rincón, para poder diferenciar las pisadas que iba a dejar de las anteriores. Las pequeñas piedrecillas se le clavaban en la suela de los pies, pero había aprendido a ignorar el dolor. Colocó el candil en el suelo, junto a las botas, para que creara sombras en las impresiones del suelo  y se colocó al otro lado del pasillo para evitar tapar la luz.

Localizó una marca en el suelo que suponía había sido la del cadáver al ser arrastrado. Intentó encontrar alguna que otra huella en los lados, una señal que le revelara que era lo que le estaba arrastrando, pero no había dejado nada. Eso la llevaba a una única conclusión; lo que fuera que le estaba arrastrando, era más delgado que el cuerpo, pero de una fuerza impresionante. Pepper conocía pocos animales que pudieran llevar a cabo esa clase de acción. Llamo al resto del grupo y les explicó la situación.

- Allí.- dijo Pepper, iluminando con el candil a la oscuridad. El túnel se iluminó con un tono rojizo que contrastó con la oscuridad que se extendía en su interior.
- ¿Deberíamos adentrarnos? - preguntó Marcus a nadie en particular.
- Yo sólo sé que si me quedo quieto mucho tiempo más, empezaré a gritar.- dijo Harry antes de que nadie pudiera responder a Marcus. Sacó el revólver de su cinturón y empezó a avanzar por el túnel.

Recorrieron los túneles a la luz del candil; Pepper ligeramente encorvada, con la mirada en el suelo, Harry a su lado, con el revólver apuntando siempre hacia delante, la ingeniera caminando justo detrás de ellos y, un par de metros detrás de la ingeniera, el doctor Moore y Marcus. El silencio se había apoderado de ellos.

El rastro seguía constante, sin apenas cambios; cada ciertos metros la marca se volvía más profunda, señal de que el animal lo apoyaba en el suelo para descansar, pero en ningún momento dejaba una marca que no fuera la del cuerpo arrastrado y, si lo hacía, estaba demasiado distorsionada para poder sacar nada en claro.  Pepper giraba cada esquina con una extraña mezcla de miedo y esperanza, sin saber cuál sería su reacción si en el siguiente giro del túnel se encontrarán con el muerto... o con el animal que lo había matado. Gracias al silencio, Pepper podía oír las pisadas de sus acompañantes; a cada paso se volvían más silenciosas. Más cautas.

- Las paredes se están ensanchando.- dijo Harry, rompiendo el silencio. El eco recorrió el pasadizo y se perdió en el silencio de nuevo.
- Nos estamos acercando a la cantera.- informó la ingeniera.-  Delante de nosotros hay una abertura en la caverna.

Conforme se acercaban a ella, Pepper empezó a notar que la gravilla empezaba a ser más escasa, dejando al descubierto el suelo de piedra desnuda. Cuando llegaron a la apertura, la gravilla había desaparecido por completo y con ella, el rastro. Se lo comunicó al resto.

Harry se asomó al borde de la cantera, que parecía descender unos tres o cuatro metros y luego volverse una extensión de piedra oscura. Pepper buscó unas escaleras para bajar hasta que las localizó en una esquina.

- Hay unas...- Pepper iba a informar a Harry cuando este abandonó su posición de un salto y se abalanzó sobre ella, tapándole la boca con la mano e indicando al resto del grupo que guardaran silencio llevándose el dedo índice a los labios.
- Hay algo ahí abajo.- susurro al oído de Pepper.

Pepper se acercó al borde en silencio. Era cierto que había algo ahí abajo; pero Pepper sospechaba que no se trataba de un depredador. Lo iluminó con el candil y sus sospechas se confirmaron.

- ¿Qué estás haciendo? - preguntó una voz, pero Pepper no entendió quien lo había dicho.

El cadáver estaba apoyado a la pared, con la cabeza agachada como si estuviera rezando. Estaba cubierto de cabeza a pies en sangre húmeda y el mono de trabajo que llevaba estaba desgarrado, colgando triste del hombro derecho.

- Quedaos aquí. Voy a inspeccionar el cuerpo.- dijo Pepper, indicando con la mano a Harry que la acompañará.
- ¿Es un cuerpo?- preguntó la ingeniera, como si hubiera estado esperando algo más extraño.
- Es vuestro hombre.- confirmó Pepper. Los hombros de la ingeniera se tensaron, mientras Marcus se llevaba la mano a la boca.

Pepper bajó la escalera con paso rápido, saltando los dos últimos escalones. Dejó el candil junto al último escalón y se acercó al cadáver, notando la presencia de Harry en su espalda.

Se arrodilló junto al trabajador. No quedaba nada de su rostro; todo estaba cubierto de sangre, que todavía parecía caer de su mandíbula rota. Rota, pensó Pepper, pero aquella no era la palabra. Arrancada, más bien, en un acto de furia animal que la dejó colgando de un delgado trozo de mejilla. Sus manos, cruzadas sobre la cintura, estaban cubiertas de sangre y les faltaban seis dedos. Su estómago era poco más que un agujero; algo lo había abierto de par en par y se había comido lo que había dentro.

- ¿Qué le ha pasado? - preguntó la ingeniera al bajar la escalera. Había algo en su voz al preguntar aquello que le rompió el corazón a Pepper; aquella mujer quería gritar y llorar, pero no podía. Tenía que mostrarse fuerte ante aquellos a su alrededor para evitar que estos sufrieran.

Pepper no respondió a la pregunta, porque sabía que a nadie le gustaría oír un "no lo sé". Por suerte, el doctor Moore se adelantó a ella.

- Ya me lo llevo yo, Elisabeth. Marcus, ¿Puedes echarme una mano?
- Por supuesto.

Marcus levantó el cadáver con cuidado, intentando que las entrañas no se desparramaran por el suelo. Sin embargo, la mandíbula se terminó de soltar y golpeó el suelo. Con un pequeño gruñido de desesperación, el doctor Moore recogió la mandíbula, se despidió con la mano y se marchó hacia la oscuridad.

- Lo interrumpisteis antes de que pudiera comérselo.- dijo Harry.-
- Os dedicáis a eso ¿No? Los moradores, los de ambulantes, los que no tenéis hogar; llegáis a un pueblo y vendéis vuestros servicios. Cobráis por hacer lo que el resto de nosotros no podemos hacer...
- Más o menos ese es nuestro trabajo.
- Bien.- la ingeniera se cruzó de brazos. A la luz del candil, su sombra se proyectó como un gigante en la pared de la caverna.- Algo ha estado matando a mi gente; a mis amigos y a mis compañeros. Pero eso se acaba aquí; encontrad a esa cosa y matadla. Y entonces os pagaré.
- Podemos hacerlo sin cobrar.- dijo Pepper.
- Insisto.

Harry permanecía callado. Había algo que le estaba molestando, como si estuviera viendo algo que sus ojos no querían ver.

- Una bengala.- susurró Harry.- Dadme una bengala.

La ingeniera buscó en la caja de metal que llevaba colgada del hombro y sacó una bengala roja. Al pasarla a Harry, Pepper notó el olor del azufre llenando sus pulmones.
Harry lanzó la bengala con toda su fuerza, describiendo un arco sobre sus cabezas y yendo a aterrizar al otro lado de la cantera. Algo se movió en la oscuridad, veloz como un relámpago, provocando una enorme sombra en la pared de la caverna al pasar ante la luz de la bengala.

- Te tenemos, hijo de tu madre.- dijo Harry, apuntándolo con el revólver. Tras un segundo, lo devolvió a su funda en el cinturón y desenvaino una de sus dagas.

La lanzó a la oscuridad, que le devolvió un grito de dolor casi humano.

- ¡Sí! ¡Si, si, si! - gritó la ingeniera, casi con demasiado entusiasmo.

Harry no perdió ni un segundo. Antes de que el eco del grito hubiera desaparecido, ya había recorrido en seis o siete zancadas la distancia que le separaba con la bengala. Sin decir una palabra se lanzó hacia los túneles y, con el candil en una mano y una daga en la otra, se perdió en la oscuridad. Los túneles le rodeaban; a pesar de estar persiguiendo algo, Harry sentía que le estaban persiguiendo a él. Fuera lo que fuera lo que estaba persiguiendo Harry, no era el mayor cazador en la zona; tampoco lo era Harry. El mayor depredador allí era la oscuridad, que lo consumía todo y los acechaba a todos.
Harry se detuvo. No había rastro. No había nada. Solo silencio y oscuridad y paredes. Silencio que se metía en su cabeza. Oscuridad que le cubría los ojos. Y paredes que le encerraban. Su respiración empezó a volverse más rápida y más rápida. Intentó gritar, pero su garganta no respondía. Entonces fue cuando se dio cuenta de que su cuerpo no respondía; sus piernas no se movían para salir corriendo, sus brazos no se movían para defenderse, ni siquiera podía controlar su respiración. Harry había perdido por completo control de su cuerpo, que se derrumbó en el suelo de la mina.
- ¿Harry? Dios santo, Harry.- dijo una voz en el pasillo. Una voz lejana y pérdida.
Harry pasó una eternidad tumbado en el suelo, sintiendo absolutamente indefenso. Oyó pasos corriendo hacia él y sintió unos brazos sujetándolo con fuerza. Poco a poco empezó a regresar a la normalidad. El miedo y la ansiedad seguían ahí; pero podía seguir ignorándolos. O eso esperaba.

- Hay que sacarlo de aquí.- dijo Pepper.
- Estoy bien.- mintió Harry.- Tenemos que encontrar esa cosa.
- Harry, no estás bien.-
- La puerta.- dijo Harry; apelando a lo único que podía hacer que Pepper dejase de preocuparse por él; darle algo que despertase su curiosidad.
- ¿Qué puerta?

Pepper levantó la mirada. La puerta era pesada, de metal oxidado; excavada en la propia roca. La luz del candil la hacía parecer mucho más amenazadora de lo que era.

- ¿Qué es está puerta, ingeniera?
- Esa puerta lleva cerrada desde que llegamos.- explicó la ingeniera.- No tengo ni idea de lo que hay al otro lado.
- ¿No habéis intentado abrirla?
- Estaba bloqueada por un derrumbamiento. Cuando por fin quitamos las piedras resulta que estaba cerrada con llave. Llave que no tenemos.
- Bien.- contestó Pepper.- Harry; obra tu magia.


Harry no dijo nada, contento de haber distraído a su hermana bastante tiempo como para no tenerla encima preocupándose por él, y se arrodilló junto a la cerradura. Sacó las herramientas, acercó la luz al ojo de la cerradura y empezó a trabajar.

- ¿Cuánto tiempo lleváis en la mina?
- Alrededor de tres o cuatro meses. Todos teníamos pequeños trabajos en las colonias de alrededor cuando nos decidimos a abrir la mina. Había necesidad de carbón.
- Pepper.- les interrumpió Harry.- Hay un problema.
- ¿No puedes abrirla?
- Todo lo contrario.- Harry empujó la puerta, que soltó un gruñido al moverse.- Esta puerta ya está abierta.
- Imposible; lo habríamos sabido cuando intentamos abrirla.

Harry cruzó la puerta hacia la oscuridad profunda. El olor a aire cerrado llenó sus pulmones. Olía a azufre, a agua estancada... y a podredumbre. Harry había estado en campos de batalla; Nueva York olía así una semana después de la batalla. Los cadáveres de humanos y de rhedoraptores se estaban pudriendo al sol, picoteados por pájaros y pterosaurios por igual. El olor era tan insoportable que tuvieron que abandonar la ciudad. Se alejaron de ella lo suficiente como para dejar de oler los cadáveres. Pero no lo suficiente para no oír las sirenas. Harry no quería pensar en las sirenas.

- Algo la ha abierto desde dentro.- dijo la ingeniera, observando la puerta.
- Aquí dentro no hay manchas de sangre.- dijo Pepper.- Esa cosa nos ha dado esquinazo.

Pepper observó la habitación en la que habían entrado. Levantó la lámpara de luz e iluminó la oscuridad. Había una barandilla de hierro oxidada unida a una escalera que descendía hacia la oscuridad más profunda como una serpiente de cobre que se retorcía hacia el infierno.

- Vale. Supongo que no soy la única que  piensa que esa cosa debe de haber venido de aquí ¿Verdad?
- Alguien debería bajar.
- A mí no me miréis.- le soltó Harry al ver que todas las miradas se centraban en él.- Yo voy a volver a arriba: si el animal ha vuelto a subir, es mejor que tengáis a alguien con experiencia por ahí. Además, me empiezo a poner nervioso y no quiero tener un ataque en el fondo de una cueva.
- Bien.- suspiró Pepper.- Supongo que ese ha sido siempre mi trabajo, no; ir valientemente a donde ningún hombre ha ido jamás.

Pepper observó la oscuridad y, por un segundo, sintió que la oscuridad le devolvía la mirada.
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guillem
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MensajeTema: Re: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   Miér 04 Jul 2018, 8:28 am

II

Pepper ajustó el arnés alrededor de su cintura y observó el pozo por el que iba a descender; la escalera oxidada se perdía en la oscuridad y, en lo más profundo del agujero, brillaba la bengala que habían lanzado para medir la profundidad. Por lo menos cien metros, había calculado Elisabeth, la ingeniera que dirigía la mina.

- ¿Estas segura de que no necesita que nadie la acompañe, señorita Pepper?
- Con que me llames Pepper tengo bastante, Davenport. Y me basto yo sola para echar un vistazo; es mejor que Harry se quede aquí con vosotros, para asegurarse que nadie es herido.
- Lo que usted quiera. – respondió Davenport sin mucho convencimiento, mientras hacía que la maquina enrollase el cable que Pepper llevaba atado al arnés.

Pepper no confiaba en que las escaleras resistieran mucho; parecían viejas y el óxido había hecho estragos en la estructura. Pepper sabía que se iban a romper bajo sus pies y, aunque la maquinaria del arnés parecía tan vieja como la escalera, tenerla como red de soporte era mucho mejor que no tener nada.

- ¿Seguro que no quieres una pistola?- preguntó Davenport.
- La tengo.- Pepper señaló - Pero si me pongo a pegar tiros ahí abajo, el eco terminará atrayendo a todo lo que se esté escondiendo ahí abajo. Y no me interesa esa clase de atención.

Un cuchillo habría dado también resultado, por supuesto, pero Pepper sabía que si se encontrara cara a cara con un animal sería incapaz de atacarlo. Le había pasado demasiadas veces; se quedaba petrificada, con el arma en las manos, mirando a los ojos de lo que fuera que la estaba atacando. “Soy una cobarde” pensaba “Ojala fuera como Harry”

“Hora de dejar de auto compadecerse, Pepper; hay una agujero que lleva al mismo infierno y tú tienes que descenderlo.” Se dijo a sí misma. “Así que haz lo que llevas cinco años haciendo; agarra todos tus sentimientos y problemas, mételos en una botella y déjalos ahí hasta que te mueras.”

Pepper dio el primer paso y la escalera crujió bajo sus pies. Un escalofrío recorrió su columna. Dio otro paso hacia la oscuridad y empezó a descender. Sus manos rozaban la barandilla, que desprendía pedazos de óxido cuando la tocaba. Encendió el candil y lo apuntó hacia sus pies, quizás pensando que, si no pensaba en que la escalera se iba a desmoronar, la escalera iba a permanecer intacta. Para cuando volvió a mirar hacia arriba, ya escalera se perdía en ambas direcciones en una oscuridad solamente iluminada por dos puntos de luz distantes; abajo, por la bengala, y arriba por la luz que sostenía Davenport. Siguió descendiendo por la escalera, cuando se dio cuenta de que algo había dejado una pisada en el polvo que cubría la estructura.

Observando la pisada, ligeramente desdibujada, Pepper dio otro paso descuidado y la escalera gruñó con mayor fuerza de la que Pepper creía capaz. El grito resonó por las paredes y la escalera empezó a romperse. Un crujido, una barra de hierro perdiéndose en la oscuridad. A su lado saltaron los tornillos que sostenían la estructura. Pepper empezó a moverse; pero la escalera se derrumbaba más rápido de lo que ella podía correr.

• ● •

Harry se sentó en la puerta de la mina. El aire del mediodía le llenaba los pulmones y, por un segundo, se sintió bien. Después volvió al mundo real. Sacó la daga de su bolsillo. Sabía que debía haber bajado con Pepper, pero simplemente no había sido capaz. Quizás tenían todos razón y algo le pasaba en la cabeza. Lanzó el puñal al aire e intentó agarrarlo al vuelo. Falló.

Siguió repitiéndolo hasta que oyó pasos a su espalda. El doctor Moore caminaba hacia él, con las manos en los bolsillos y un paso desinteresado y torpe. Se sentó a su lado y, con un bostezo y una sonrisa cansada, se quedó mirándole. Harry quería decir algo, pero no encontraba el momento adecuado ni las palabras correctas.

- Es difícil hacer una autopsia a un cadáver como este; pero hay algo que puedo decirte; a ese hombre le han rasgado el estómago y luego se lo han abierto a base de fuerza bruta. Todos parecían apreciarle.

Harry no sabía que decir, así que siguió callado.

- Siempre es un placer hablar contigo, Harry. – dijo el doctor mientras se levantaba. Empezó a caminar, pero sus pisadas se detuvieron al instante. – Si necesitas…

La frase no terminó; un grito brotó de la mina, un grito de dolor nacido de lo más profundo del alma de un ser humano. Harry se levantó más rápido de lo que se creía capaz y saltó hacia la oscuridad de la mina, hacia sus paredes angostas y techos bajos, como si un halcón decidiese abalanzarse sobre un león.

• ● •

En la oscuridad, Pepper colgaba del arnés. Cabeza abajo, observando el lugar donde la luz de la bengala había desaparecido bajo un montón de escombros. Todas las flechas del carcaj se habían precipitado hacia aquella oscuridad.

- ¡Davenport!

El eco resonó por la caverna. Silencio.

- ¡Davenport, si puedes oírme y yo no, hazme el favor de seguir bajando la cuerda poco a poco!

No hubo respuesta, pero la cuerda empezó a descender con lentitud. Contó los segundos en silencio, hasta que sus manos tocaron la pila de los escombros. Se puso de pie y empezó a rebuscar con las manos; encontró cuatro de las flechas y, cuando sus dedos se cortaron con un cristal, comprendió que no iba a poder siguiendo usar el candil para iluminarse. Se arrancó un pedazo de tela de su abrigo y lo enrolló alrededor de dos flechas. Las mojó con el aceite del candil y les prendió fuego con su encendedor. La luz iluminó los escombros, las paredes de piedra caliza y el túnel oscuro que se presentaba ante ella.

Sin otra opción que seguir adelante, recogió lo que pudo y siguió caminando. El túnel era apenas un pequeño corte en la pared, una rendija en la que Pepper apenas podía moverse con libertad. La idea que un cazador la estaba acechando en las sombras, oculto en la oscuridad del túnel, esperando el momento en el que ella llegase a él para saltar sobre ella y devorarla le hacía ser cautelosa, pero la idea del mismo cazador acechando en las sombras tras de ella, persiguiéndola hasta alcanzarla hacía que siguiera avanzando.

El túnel empezó a crecer, las sombras a alargarse y el estrecho paso entre las roca dio lugar a una caverna pequeña. Pepper aprovechó aquel instante para respirar. Y entonces fue cuando se dio cuenta de que, al final de la cavidad, brillaba una luz. Conforme se acercaba a ella, la luz crecía más y más, hasta que la luz reveló una caverna subterránea.

Era como ver una tormenta formarse en el horizonte; hermoso, pero sobrecogedor. La luz que entraba de la cavidad en el techo de la cueva se reflejaba sobre las aguas cristalinas de un lago subterráneo. Las paredes brillaban con el relejo y, por primera vez en cinco años, Pepper sintió algo parecido a la paz. Se acercó con cautela al lago y empezó a estudiar sus alrededores. Estaba rodeado de roca y piedra, lo cual hacia que fuera difícil encontrar alguna huella, pero había restos de pescado que parecían llevar ahí mucho tiempo. Era obvio que ahí había estado viviendo algo.

- Debió de haber caído por el agujero hasta el lago.- se dijo Pepper, mirando el agujero y midiendo la profundidad de las aguas.- Habrá estado comiendo peces en el lago hasta que los terminó devorando a todos… Y entonces el hambre le forzó a salir.
- ¿Y porque no intentó salir antes? – se preguntó otra parte de ella.
- Seguramente el derrumbamiento le había impedido abrir la puerta.- se respondió.- La ingeniera dijo que solamente habían retirado las piedras hace poco.
- Entonces el animal debía de tener una guarida aquí… una especie de refugio.

Pepper dio por terminada la conversación y empezó a buscar. Las espinas de los pescados la dirigieron hacia la profundidad de la caverna, hacia lo que parecía ser una pequeña cueva en la pared. Pepper tensó el arco y se acercó con cautela.

Entró en la cueva y todo se desmoronó sobre ella. La cuerda del arco tembló entre sus dedos y la flecha salió disparada hacia la oscuridad. Sus dedos empezaron a temblar y poco después, el resto de su cuerpo la acompañaba. Cayó al suelo, sobre el resto de esqueletos, y sintió que una de las calaveras la observaba caer.

• ● •

Harry encontró a Marcus tirado en un túnel oscuro, agarrándose con las manos el estómago. Acercó el candil y se dio cuenta de que estaba sentado en un charco de su propia sangre. Sus ojos pedían piedad y su mano derecha se despegó de su estómago desgarrado. Con un dedo tembloroso y rojo, apuntó al revolver de Harry y luego apuntó su propia cabeza.

- ¡Y una mierda! – le gritó Harry y, dejando el candil en el suelo, arrastró a Marcus hasta el lugar donde el doctor Moore le estaba esperando.

A toda prisa llevaron a Marcus a los barracones, le instalaron en una cama y el doctor Moore empezó a sacar sus instrumentos. El cansancio había desaparecido de sus ojos y ahora solamente había determinación. En el momento en el que estaba todo listo, echó a Harry y a Elisabeth de la habitación.

- ¿Qué ha pasado? – preguntó Harry.
- No lo sé. – la ingeniera parecía al borde de un ataque de ansiedad.- Dijo que quería ir a tomar el aire, que no podía soportarlo más… Entonces fue cuando oí el grito. Le dije que no saliera. Que era demasiado peligroso. Tendría que ser más dura con ellos.

Harry nunca había sido bueno al consolar a la gente, pero sabía que era lo que debía decir en aquel momento.

- Voy a encontrar a esa cosa. Y voy a matarla.

• ● •

Pepper recuperó la compostura tras demasiado tiempo. Poco a poco se puso en pie y, con toda su fuerza de voluntad; se obligó a enfrentarse a los esqueletos. Eran, por lo menos, una docena y se encontraban apilados unos encima de otros, como una especie de fosa común al aire libre.

Pepper observó los cadáveres; paseando entre los huesos; Pepper se imaginó un grupo de mineros encerrados en la oscuridad, siendo cazados uno por uno por un animal que eran incapaces de capturar. En las manos de uno de los cadáveres, encontró un pequeño cuaderno.

El diario parecía pertenecer a uno de los mineros; había sido atrapado por el derrumbamiento cuatro años atrás. En ciertas partes se preguntaban porque nadie había venido a rescatarlos. Pepper sabía porque. Empezó a hojear el diario; en ciertas partes hablaba de cierta bestia que había estado cazándolos en la oscuridad.

17/08/2021 Hoy hemos encontrado muerto a David, decía; a los pies de la escalera. Se ha destrozado la cabeza. Como ayer hablaba de “Hacer lo correcto”, creemos todos que se ha suicidado para darnos más peces a nosotros. Siempre fue un buen hombre. La puerta sigue sin poder abrirse.

17/09/2023, Los peces se han acabado. Jim sugiere que busquemos una forma de cultivar los hongos, pero creo que solo intenta darnos esperanza. La puerta sigue sin abrirse

20/09/2023; Ha llegado. En lo más profundo de la noche, una bestia proveniente de la oscuridad ha desenterrado a David y ha devorado su carne. Hoy no hemos salido de la cueva por miedo, pero suponemos que la puerta sigue sin abrirse.

25/12/2023 Es Navidad. Jim ha desaparecido, creemos que la Bestia lo ha capturado. La puerta sigue sin abrirse.

25/12/2024 He conseguido tinta de nuevo. Hace más de un año que no escribo; en este tiempo la bestia ha cazado a muchos de los nuestros; suponemos que se los lleva, los devora y nos devuelve los huesos. Ahora duermen con nosotros y pronto, nosotros dormiremos con ellos. Solo quedamos cuatro. La puerta… ya no nos importa.

Pepper siguió ojeando el diario; conforme pasaban los días la letra se volvía más y más incomprensible y las palabras más psicóticas todavía; Pepper suponía que la bestia había estado cazando a los mineros uno a uno para alimentarse, pero en ningún momento decía como habían sobrevivido ellos. Llegó a las últimas líneas escritas, donde cada palabra ocupaba media página.

3/6/2025 La bestia me ha hablado. Solo quedamos yo y Alice. Ella habla con su voz. Dice que lo que hicimos estaba bien. Yo no la creo. La bestia dice y yo escucho. Sere su última víctima y ella abrirá la puerta para mí.


• ● •

Harry sabía que estaba en el camino adecuado cuando encontró su daga ensangrentada a unos doscientos metros del lugar donde había encontrado a Marcus. Le preocupaba no tener a Pepper cerca, ni sus habilidades de rastreo, pero el rastro de sangre que había dejado el animal herido era fácil de seguir. Las piedras del suelo estaban salpicadas de sangre y, contra más se  alejaba del lugar del ataque, más fresca se volvía. La bestia le llevaba ventaja, pero no tanta como para que no pudiera alcanzarla.

Caminó en la oscuridad, casi deambulando, con un candil encendido en una mano y un revolver en la otra. Ya no le importaba hacer ruido. Ya no le importaba alertar a nada más. La bestia había atacado a gente que no conocía y que, francamente, no le importaba. Pero, en su cabeza, el animal representaba su odio hacia aquel nuevo mundo, hacia todas las muertes que había presenciado y su odio hacia Elijah Kilgore; director, guionista y protagonistas de todas y cada una de sus tragedias. El animal debía morir, pues en la mente de Harry la idea de dar muerte a aquel animal y la idea de encontrar la paz se retorcían como dos serpientes.

Oyó un lamento en la distancia y sonrió. Con sigilo y cautela, se acercó al sonido. La oscuridad lo tapaba todo, pero Harry podía sentir su presencia. Saltó hacia esa presencia y disparó a la nada. El tiro resonó en las paredes de la mina y lo siguió el sonido de pasos rápidos sobre la grava. Había fallado el tiro, pero eso era mejor; estaba conduciendo a la bestia a un callejón sin salida. Y, una vez pudiera ver al animal, le daría el golpe de gracia.

• ● •

En uno de los barracones, empapado de sangre y sudor, el doctor Moore veía la vida de Marcus desparecer de sus ojos. Había hecho lo que había podido, pero su estómago estaba destrozado; el patrón de corte era irregular y brutal, casi como si le hubieran cortado el estómago con una piedra y luego lo hubieran arrancado de su sitio a base de fuerza bruta. Se sentó un segundo, llevándose la mano al rostro para limpiarse el sudor, llenándose la frente de sangre fresca; cuando reconoció una herida en el muslo de Marcus que no había visto antes. Era una mordedura. Y el doctor Moore conocía el único animal que podía dejar esa clase de mordedura. Sin apenas tiempo de limpiarse, salió corriendo del barracón para buscar a Harry.

Quinientos metros más abajo; separada por toneladas de piedra y roca, Pepper llegaba a la misma conclusión que el doctor Moore. Llegaba un punto en el que el diario se empezaba a empapar a sangre. Garabatos. Tonterías. Locura destilada. La bestia había atrapado al escritor y lo mantenía encerrado en la cueva. Entonces leyó la última palabra y sus manos soltaron el diario tan rápido como pudo. Y el mundo se iluminó para caer en la oscuridad de nuevo. Todo tenía sentido. Resistiendo las arcadas, empezó a correr hacia la escalera. Sabía lo que era la bestia.

Con la bestia acorralada; Harry lanzó el candil hacia ella y, por fin,  pudo ver a la bestia. Delgada, con unos ojos profundos y perdidos, con una boca que soltaba espuma y gruñidos, la bestia le miraba con odio y miedo. Una oveja ante un lobo. Solo que Harry no sabía quién era la oveja y quien el lobo. La bestia le escupió. Harry se había quedado congelado. Lo hubiera aceptado todo, menos aquello.

- Un hombre.- se dijo a sí mismo, como si en el momento en el que lo dijese en voz alta, la persona que le gruñía en el suelo se fuera a convertir en un depredador de verdad. Pero siguió siendo lo que era; una persona enloquecida.

• ● •

- Se quedaron encerrados en la caverna tras el derrumbamiento.- explicó Pepper.

Habían sacado a la bestia, al humano, de la mina y se habían visto obligados a encadenarlo a un poste cuando intentó arrancarle el brazo a Harry de un mordisco. Le habían quitado también una piedra afilada, empapada de sangre, que había usado para abrir en canal los estómagos de Marcus y su otra víctima.

- Se volvieron locos allí abajo y, cuando se quedaron sin comida, se vieron forzados a comerse unos a otros. - continuó Pepper.- El autor del diario se inventó a una bestia para no tener que aceptar lo que estaban haciendo y, con el tiempo, cuando se quedó solo, se convirtió en una.
- Entonces ¿Esa cosa ha escrito esto?- preguntó la ingeniera, con el diario en las manos.
- Puede que fuera él, o puede que la bestia sea una mujer llamada Alice. Por lo que se son los dos últimos supervivientes.
- Si esa cosa tenía género, lo perdió hace mucho. – dijo Harry.- ¿Qué hacemos con ella?
- Matarla. – propuso el doctor Moore.- Hubiera sido difícil devolverle la cordura antes de todo esto, ahora es imposible.
- Pienso lo mismo. – dijo la ingeniera, con los brazos cruzados sobre el pecho.
- Bien. – dijo Harry.- Pepper… Tú eres la que debería mostrar piedad en esta situación. ¿Qué hacemos con… esta persona?

Pepper había perdido la mirada en el horizonte, donde el sol se escondía poco a poco tras las montañas. Miró a Harry con tristeza.

- Estoy con ellos. Hay que matarle. Es lo más piadoso que podemos hacer por él. He leído lo que hicieron allí abajo; poner fin a su miseria es lo mejor.
- Bien. – Harry desenfundó el revólver. Sin duda era la forma más rápida de acabar una vida. – Alguien deberá encargarse de cavar una tumba.
- Espera, Harry; déjame a mí. – Pepper le tomó la pistola de la mano.<

Pepper levantó la pistola y miró a la “bestia”. Cargó la pistola. Apuntó. Pero los ojos de la bestia no dejaban de mirarla. El revolver tembló en la punta de su brazo. Una lágrima brotó de sus ojos. Harry dio un paso adelante y con cuidado, le quitó la pistola de la mano. Y, mientras abrazaba a su hermana con todas sus fuerzas, disparó.

• ● •

La ingeniera lanzó una bolsa por encima de su mesa. Pepper la agarró en pleno vuelo y rebusco en ella.

- Creo que os debo algo...- dijo la ingeniera.- Sigo sin saber porque, pero os prometí un pago y yo cumplo mi palabra.

Pepper saco un objeto pequeño de la bolsa, lo lanzó al aire con el pulgar y, atrapándolo con dos dedos, se lo mostró a Harry: una moneda de oro del tamaño de un botón grande, reduciendo bajo la luz del candil. Oro puro; una moneda que nunca perdería su valor.

- He oído que en las zonas costeras están fundiendo el oro y forjando monedas puras.- explicó la ingeniera.- Espero que os sean útiles.
- En ese caso; lo mejor que podemos hacer es ir a la costa.
- Te das cuenta de que Summerhall controla la costa ¿No?
- Summerhall controla el mar. Pero nadie tiene tantos ojos, ni siquiera él; podemos ir.
- ¿Por qué quieres ir a la costa, Pepper? ¿Tan importante es? Quiero irme lejos de estas montañas, Harry. Quiero ver el mar. Quiero volver a ver el sol, sentir la brisa del mar y oler las especias del mercado... Creo que voy a acabar volviéndome loca si no me alejo de la miseria. Quiero ver un poco de civilización porque estoy perdiendo mis ganas de soñar en un mundo mejor.
- Podemos ir a Port-de-Cel; no creo que Summerhall haya puesto mucha vigilancia tan cerca de Nueva York.

Casi sin despedirse, abandonaron la mina. De camino al coche, se detuvieron un segundo a observar la tumba improvisada de Marcus... Y la de la bestia.

- Sigo sin poder hacerlo.
- ¿Perdona?
- Disparar a algo que este mirándome a los ojos. Sigo sin poder hacerlo. Y va a llegar el día en el que tú no estés cerca, y me voy a quedar petrificada.
- Tu primera muerte... es difícil superarla. Mataste al mayor monstruo de todos los tiempos. No se puede superar eso.
- Lo digo en serio, Harry...
- Y yo. Creo de verdad que aún no has superado aquel primer disparo. Creo que supuso tanto para ti, que ahora eres incapaz de repetirlo porque todo te recuerda a ese primer disparo.
- Puede... Puede que tengas razón.
- Pero yo te agradezco que le dispararas.- dijo Harry, llevándose la mano al hombro, apretando la herida que le había dejado el disparo que causó aquella primera muerte. Nunca podría agradecérselo lo suficiente a su hermana por lo que hizo.
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MensajeTema: Re: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   Vie 06 Jul 2018, 6:09 pm

Wow, Guillem, siempre has escribido bien en este foro pero esta vez te has superado. La historia, la ambientación y la atmósfera y los personajes por ahora esta muy currada.
A ver como sigue!
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guillem
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MensajeTema: Re: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   Miér 01 Ago 2018, 3:58 am


Harry sostuvo el cuchillo en su mano; comprobó su peso, el tamaño de la hoja y pasó el dedo por él para comprobar lo afilado que estaba. Satisfecho con él, lo levantó en el aire y golpeó con él la mesa de cortar. El limón se partió por la mitad. Continuó con el proceso, mezclando todos los ingredientes en un bol de terracota y dejó macerar la carne en ellos.

‒ Ethan. ¿De qué has dicho que era esta carne?
‒ Iguanodonte.- respondió Ethan escondiendo una sonrisa bajo su barba canosa.- O eso me ha dicho el cazador que me la ha vendido. Un ojo de la cara, me ha costado. Dice que el precio sube cuando son carnívoros, porque son más difíciles de cazar.
‒ Los iguanodontes son herbívoros, Ethan.- respondió la voz de Pepper desde detrás de un horno.
‒ Hijo de puta.- escupió Ethan.

Ethan regentaba una pequeña tienda de comida en el mercado de Port-de-Cel, la mayor población del Nuevo Mundo. Cerca de la playa, bajo un sol calmado, el mercado se extendía sobre la arena, un mar de casetas simples construidas con troncos y telas de miles de colores. Frente a ellas, en el mar abierto, los pescadores que contaban con permiso de Dean Summerhall descargaban la pesca desde sus barcos hasta la arena. No era la civilización que habían conocido cinco años atrás, pero era una idea tranquila y relajada de ella, un mundo nuevo donde los dinosaurios eran la única preocupación. Y para eso estaban los muros.

‒ Bien.- dijo Harry para llamar la atención de Ethan; había clavado la carne en pinchos y la había colocado cerca de la hoguera.- Diez minutos y esto estará listo.
‒ Muchas gracias, Harry.- dijo Ethan.- Siempre es un placer trabajar contigo. Todo lo que preparas se vende muy rápido.

El olor a miel y limón empezó a llenar el aire, lo cual provocó que los curiosos empezaran a acercarse. Reapareciendo de detrás del horno, con la frente manchada de grasa y unos anteojos protectores que hacían que su cabeza pareciera mucho más grande, Pepper dio un golpe con fuerza al horno.

‒ Esto ya está reparado.- dijo, con una enorme sonrisa.- Disfruta de tu nuevo horno, Ethan.
‒ Conoceros a vosotros dos debe de haber sido la mejor experiencia de mi vida desde que terminó todo esto. Si esperáis a que terminemos de vender lo que ha preparado Harry, os pago.
‒ Ninguna prisa.- dijo Pepper.

En apenas una hora, Harry y Pepper se encontraban caminando por el mercado, con una pequeña bolsa de dinero en el bolsillo. El dinero que les habían pagado por todo aquel asunto de la mina, del que habían quedado en no volver a hablar en su vida, había desaparecido en demasiado poco tiempo.

• ● •

Pepper y Harry recorrieron el pequeño mercado con calma, dejando que el tiempo se perdiera entre tenderete y tenderete, evitando el sol abrasador del verano escondiéndose bajo las telas de miles de colores que cubrían el mercado. Pepper se separó un segundo de Harry y regresó a su lado con un enorme sombrero negro, que tendió a su hermano.

- Gracias. - se lo agradeció, mientras se soltaba el pelo de la coleta para poder colocarse el sombrero en la cabeza.
- Te sienta bien.

Para agradecer el sombrero, Harry dirigió a Pepper hacia un tenderete de frutas y bebidas, y la invitó a un granizado. Con las bebidas frías en las manos, siguieron caminando; encontrando la parada de un herrero.

‒ He de admitir.- dijo Pepper, bebiendo de su granizado.- Que he estado mucho peor. Incluso antes del apocalipsis.
‒ Por nosotros.- dijo Harry, ofreciendo un brindis con su granizado.- Y por esa voz en nuestro interior que nos pide que no miremos a las ruinas.

Siguieron su camino, dejando a sus espaldas las ruinas de la ciudad de Nueva York, devastada por las bombas, que se alzaban en el horizonte como el esqueleto de una ballena varada que se descomponía bajo el sol.

‒ Harry.- dijo Pepper de repente, acercándosele demasiado al oído.- Date la vuelta y mira al tenderete.
‒ ¿Perdona?
‒ Hay un hombre de Summerhall.- dijo, mientras le daba un tirón que le giraba hacia el tenderete más cercano.

Dio una mirada furtiva a sus espaldas, reconociendo una figura enorme, con barba y una pistola en su cinturón. El hombre caminaba entre la multitud, agarrando unos papeles con fuerza entre sus manos. Harry se caló el sombrero con fuerza sobre la cabeza y empezó a seguirlo con sigilo. Se retorció entre la multitud, intentando darle siempre la espalda, hasta que se detuvo. Le entregó los papeles a una figura que se encontraba de espaldas y desapareció de nuevo entre la multitud.
Harry intento seguirle, pero se topó cara a cara con la persona que había recibido los papeles.

- ¿Harry? - preguntó. - ¿Pepper?
- ¿Jamie? - preguntó Pepper, que parecía haber aparecido de la nada detrás de él. - ¿Jaime Uhura?
- Oh, dios, chicos. - Jamie se lanzó sobre Harry y le dio un buen abrazo. - Cuanto tiempo.
Desde que te ayudamos a salvar tu pueblo de los rhedoraptores, si no me equivoco. ¿Qué estás haciendo tú por aquí?
- Cuando dejasteis el pueblo me di cuenta de que estaba intentando escapar de mi pasado, ocultándome de él lo más lejos que podía, así que… ahora tengo un barco. – dijo con una sonrisa. – Una pequeña embarcación pesquera y una pequeña tripulación. Me gano mi vida en mi verdadero hogar.
- ¿Ahora haces negocios con Dean Summerhall? – preguntó Harry, señalando los papeles.
- Deberíamos encontrar un lugar más apartado para hablar.

Caminaron en silencio hacia la playa, donde una dulce brisa marina hizo que el calor se volviera más soportable. Harry se sujetó el sombrero para evitar que saliera volando, mientras Pepper se abrochaba la camisa para evitar que el viento le entrara por el escote. Jaime Uhura desató el abrigo azul de su cintura y se lo colocó sobre los hombros. Llegaron a la orilla.

- Creo que nadie puede oírnos aquí. – dijo Harry.
- Bien. En ese caso, creo que podemos hablar sin preocupaciones. Veréis, chicos; a pesar de que parezca que el apocalipsis nos haya dejado en paz, por fin, y que la sociedad empieza a brillar de nuevo en ciertos lugares, todavía hay problemas que debemos enfrentar. Y no todos tienen que ver con las bestias.
- ¿Bandidos? – preguntó Pepper. - ¿Ladrones? ¿Saqueadores? ¿Piratas? Los hemos conocido de todas clases.
- Hay quien rumorea que por el oeste está apareciendo una banda de esclavistas. – añadió Harry.
- No, pero… Chicos, ¿Necesitáis ayuda? Aparte de psicológica. No, lo que está pasando es peor. La gente ya no puede vacunarse… Y eso implica que ciertas enfermedades que creíamos extintas se están extendiendo. Si no hacemos algo rápido, esto se convertirá en una auténtica epidemia.
- ¿Y qué pensáis hacer? – preguntó Harry. – ¿Vais a haceros a la mar y buscar una isla abandonada?
- No, no… Para eso necesitábamos esto. – Jamie sostuvo ante ellos los papeles de Summerhall. – Un permiso para acercarnos en barco a las Ruinas, atracar y llevar un pequeño grupo de exploración a la ciudad. Saquear un hospital… Y esperar que los generadores hayan aguantado lo suficiente.
- ¿Cómo has conseguido que Summerhall te diera un permiso de navegación? – preguntó Harry.
- Para empezar, no he mencionado que fui yo la persona que colgó a su mejor hombre de un árbol. Y, segundo, en ningún momento lo he visto en persona. Solamente he tratado con sus subordinados.

Pepper mantuvo un minuto de silencio. Ellos podían ayudar, ser más útiles que nadie, pero… Harry. Harry no querría volver a la ciudad. No después de todo lo que ocurrió. Pero Pepper sabía que, si ella iba, Harry la seguiría.

- ¿Sabéis como entrar en la ciudad? – dijo, cortando la conversación.
- Hemos encontrado una pequeña playa donde podemos atracar, en el oeste de Manhattan. Pero como acceder a la ciudad en si…
- Nosotros sabemos. – dijo Pepper. – Hay un camino por las trincheras, por medio de un antiguo túnel del metro. Puede que las bombas no lo destruyeran.
- ¿Y estaríais dispuestos a mostrármelo? – los ojos de Uhura se encendieron como el amanecer que ardía a sus espaldas.

• ● •

El Cleric One era una embarcación pequeña, propulsada por tres velas azules. Según Jamie Uhura, era un barco pequeño pero fácil de manejar, capaz de dejar atrás a los mejores barcos de la flota de Summerhall. Incluso los barcos de gasolina, increíblemente escasos, no eran rival para aquella embarcación. Y Jamie Uhura era la clase de comandante que podía sacar el mejor rendimiento a aquel escurridizo barco. Saltando entre mástil y mástil, recogiendo cabos y lanzando órdenes a su reducida tripulación, Pepper comprendía porque Jamie había llamado al mar su verdadero hogar.
Incapaz de ayudar a nadie, Pepper se sentía un poco incomoda, así que se acercó a la proa del barco, donde Harry observaba las ruinas que crecían en el horizonte.

‒ ¿Cómo lo llevas?
‒ Peor de lo que me esperaba. – dijo Harry, con las manos ocupadas afilando sus dagas. – No esperaba tener que volver tan pronto.
‒ Han pasado casi cinco años, Harry.
‒ Y hay heridas que no se curan.

Pepper guardó silencio. Había ocasiones en las que se sentía bien por haber pasado página, pero otras se sentía culpable de poder aceptar la muerte y destrucción como algo que afectaba su pasado pero no su futuro. Dejó escapar un suspiro y se concentró en ver perderse las olas bajo la proa del barco. Durante un segundo, una pequeña sombra cruzó el agua y, a unos cuantos metros de distancia, la aleta de un delfín apareció en la superficie. Despareció un instante y, al saltar del agua, Pepper vio que no era un delfín, sino un reptil marino de aquellos que Pepper no recordaba el nombre, pero sí que no eran peligrosos.
Siguió al animal con la mirada hasta que desapareció y entonces se dio cuenta de que la ciudad estaba más cerca de lo que esperaba. Jamie apareció detrás de ellos, dejando las manos en la baranda de la proa.

‒ Siempre piensas que será lo primero que caerá cuando se acaba el mundo.- dijo. – Pero ahí sigue, en pie.

Pepper observó la estatua de la Libertad. A pesar de los años, seguía de pie, pero se encontraba rodeada de cientos de figuras que se arremolinaban en las corrientes que rodeaban la escultura; docenas de pequeños pterodáctilos que habían tomado las irregularidades y detalles de aquella dama de hierro para construir sus nidos.

‒ Arriad las velas. – gritó Uhura. – Vamos a desembarcar.

Desembarcaron en una pequeña playa de piedras, con el sol del mediodía en lo más alto. Pepper sacó la bolsa del barco y, en la orilla, empezó a prepararse; se colocó el chaleco antibalas sobre la camiseta, las rodilleras, los brazaletes de cuero y, tras considerar el calor que hacía, decidió atarse la cazadora de cuero en la cintura. Se colocó el arco en la espalda y el carcaj en el cinturón. Con un último movimiento, se colgó el rifle de francotirador en el hombro.

‒ Estoy lista.
‒ Creo que todos estamos listos. – dijo Harry. - ¿Nos movemos?
‒ Adelante. – dijo Uhura, indicándoles que marcaran el paso.


Los puentes habían sido destruidos hace mucho tiempo, durante el primer ataque; los dinosaurios que había en la ciudad, los que se usaban como mascotas, o comida, o para investigaciones, habían logrado ser controlados y destruidos, pero no sin antes cobrarse la vida de miles de personas. Y, cuando la ciudad estaba segura de sí misma, se destruyeron los puentes para protegerla de lo que había en el exterior.
Harry y Pepper habían llegado por primera a vez a la ciudad en un barco mercante que la marina estaba usando para evacuar civiles y llevarlos a Zonas de Control establecidas por todo el país que, conforme los rhedoraptores se extendieron, se convirtieron en bufets libres.

‒ Las trincheras están por aquí. – dijo Harry, liderando el camino. – Hay una entrada por una casa en ruinas que quizás no se haya derrumbado.

Las trincheras habían estado allí desde el momento en el que Nueva York se había convertido en una zona de batalla. Los rhedoraptores de la fábrica de San Luis habían iniciado su retorcido genocidio allí, pero se habían ido dirigiendo hacia el oeste, siguiendo sus instintos sintéticos. Pero algunos habían ido al este; a Washington, donde se levantó un foco de resistencia que se vio rápidamente sofocado por los ataques de mascotas y animales de seguridad. El presidente, uno de los mayores apoyos de Kilgore y un viejo amigo personal suyo, contaba con más de una docena de animales en la Casa Blanca. El gobierno cayó tan rápido que nadie tuvo tiempo a darse cuenta.
Las fuerzas militares, cuyos líderes habían sido sobornados, amenazados o, en las peores ocasiones, sustituidos, estaban repletas de animales militarizados. Fueron las siguientes en caer. La resistencia cayó en manos de unos pocos supervivientes de las primeras oleadas; Harry y Pepper se habían unido a la resistencia, movido quizás por un sentimiento de culpa. La resistencia hizo lo que pudo, por supuesto, pero nunca fue suficiente. Y entonces, un día, sin el menor aviso, sonaron las sirenas y cayeron las bombas.
Pepper recorrió las trincheras como si fueran un pasillo por sus recuerdos más traumáticos. Había cadáveres esparcidos por todas partes; de raptores, humanos y otros animales. Los humanos habían tenido rostros hace mucho tiempo, pero los depredadores y la podredumbre los habían borrado.

‒ No huele. – remarcó Pepper.
‒ ¿Perdona? – dijo Jamie, dándose la vuelta a mirarla.
‒ No huelen, los cadáveres. – repitió. – Ya no huele a muerto. El tiempo se ha llevado el olor. Pero el dolor sigue aquí.
‒ Pepper. – dijo Harry, con la mano en la cintura. – Estas frenando la marcha.
‒ Por supuesto.

Siguieron las trincheras, con Pepper intentando no pisar cadáveres ni recuerdos, con las botas manchadas de polvo negro. Ceniza, estaba segura. Restos de explosiones.

‒ Estamos llegando. – avisó Harry, levantando la pistola. – No puedo asegurar que el túnel sea seguro, pero es la única forma de acceder al resto de la ciudad.

Pepper recordaba el túnel; lo habían volado ellos mismos, en el suelo, para poder conectar la isla con el resto de la ciudad por medio de los túneles del metro. Pepper había pasado mucho tiempo dentro de esos túneles, con un rifle en las manos y una manta sobre los hombros, esperando que algo atravesase la oscuridad, ayudando a los refugiados a cruzar de las zonas más peligrosas a la isla. Quizás fuera solamente un pensamiento espontaneo, pero se preguntaba dónde podría estar su manta.
Descendieron por las escaleras, con las linternas abriendo agujeros en la oscuridad. Pepper empezó a recordar, pero decidió que no era un buen momento para eso. Había alguien que necesitaba más ayuda que ella.

‒ ¿Cómo te encuentras? – le preguntó a Harry tras dar dos
‒ Centrado. – le cortó el, levantando el puño y ordenando a todo el mundo que se detuviera. – Pepper, estaría bien que hicieras tu trabajo.
‒ Por supuesto.

A Pepper no le gustaba como la estaba tratando Harry en ese momento. No era porque la estuviera tratando mal, aunque un poco si, sino porque eso significaba que estaba sufriendo. Pepper estaba más que dispuesta a poner su bienestar ante el bien de los demás, pero Harry era mucho más sentimental, más intenso, a pesar de que no lo quisiera admitir.
Pepper decidió seguir la sugerencia de Harry; los agujeros en la techumbre del túnel dejaban entrar rayos de luz que se juntaban con los haces de las linternas. El suelo estaba cubierto de una fina capa de polvo y excrementos.

‒ Que nadie apunte al techo con las linternas.- susurró Pepper a Harry y Uhura.
‒ ¿Perdona?
‒ Formad un círculo alrededor de mí. Es hora de probar mi nuevo juguete.

Pepper esperó a que se hubieran reunido a su alrededor para sacar el arco. Rebuscó en el carcaj la flecha con la marca roja, tensó la cuerda y, apuntando al cielo, disparó. Un segundo de silencio y luego, el fuego se extendió como un anillo por el techo. Cientos de pequeñas alas revolotearon a la vez, abandonando las salidas del túnel en un remolino de gritos de desesperación.

‒ La carga de nitroglicerina desestabiliza la flecha hacia la derecha. – se dijo. – Tendré que arreglarlo en el próximo prototipo.
‒ ¿Qué puñetas era eso? – preguntó Jamie, con la pistola en alto.
‒ Ratas voladoras. – escupió Harry, intentando capturar uno de los animales que, desorientado, se revolcaba en el suelo. Lo levantó del suelo, agarrándolo con fuerza de la base de la cabeza y se lo mostró a Uhura. La pequeña bolsa de pelo le miró con odio desde unos desproporcionados ojos amarillos, lanzó un gruñido con una boca que parecía demasiado grande para su cuerpo e intentó revolotear sus alas de murciélago, pero la mano que lo sujetaba era firme.
‒ ¿Peligrosos? – preguntó.
‒ Insectívoros. – dijo Pepper, que había abandonado el circulo para buscar algo en los alrededores. – Aunque en ocasiones cazan serpientes, ratones, pájaros…
‒ El problema es que son muy territoriales. – dijo Harry, intentando controlar el animal que tenía entre sus manos. – Mierda
‒ Le estás haciendo daño. – dijo Pepper, quitando el animal de la mano de Harry y agarrándolo con fuerza por la espalda, bloqueando las alas. Lo colocó sobre su brazo izquierdo y empezó a acariciarle la parte trasera de la cabeza. – Deberíamos salir de aquí antes de que vuelvan.

El mundo respondió sus palabras con el sonido del infierno; miles de bocas desproporcionadas gritaron a la vez, en un torbellino de alas que se acercaban hacia ellos desde el lugar del que  habían venido. Uhura no estaba segura, pero aquellas voces parecían reír. Centenares de carcajadas en la oscuridad que avanzaban hacia ellos.
Quizás fuera el instinto, quizás el entrenamiento militar o la experiencia en el mar, pero algo saltó en su interior y tomó el volante de su cuerpo. Con una mirada rápida, encontró un bidón y, con un salto largo, alcanzó el bidón y, con la culata del rifle, lo golpeó. El sonido silenció las alas, que volvieron hacia la salida.

‒ Hay que salir corriendo antes de que vuelvan. Salid corriendo. – ordenó Jamie.
‒ ¿Y tú? – preguntó Pepper.
‒ Tengo las piernas más largas que vosotros. – respondió con una sonrisa. – Corred.

Harry agarró a Pepper de la mano y salió corriendo hacia la salida. Jamie esperó a que los gritos regresaran y golpeó el bidón de nuevo antes de salir corriendo. Los gritos sonaron a su espalda, pero la luz del túnel empezaba a brillar en la distancia. Corrió tan rápido como pudo y luego corrió todavía más. Los gritos se acercaban. La luz envolvió el mundo y las garras le destrozaron la espalda.
Salió al exterior del túnel en el momento justo en el que los animales le cayeron encima. Sus pequeñas garras se hundían en su abrigo, desgarraban su camisa, destrozaron la faja y empezaron a perforar en su espalda. Sangre empezó a brotar de todos lados. Cayó al suelo. Intentó darse la vuelta, pero no sirvió de mucho; los animales empezaron a mordisquear y desgarrar los brazaletes que levantaba para protegerse. Oyó voces más allá de la nube de dolor.

‒ ¡Pepper, haz algo! ¡No te quedes parada! Dame el arco, por el amor de Dios. ¿Las rojas son las que explotan? ¿Pepper?

Algo atravesó la marabunta, una flecha con una marca roja en la parte trasera y un pequeño recipiente de cristal atado en la punta. Jamie Uhura lo reconoció al instante. Estiró los brazos, dejando que los animales empezaran a perforar su pecho. Levantó la flecha y golpeó al aire. Uno de los lagartos voladores recibió el golpe directo, pero no ocurrió nada. Golpeó con más fuerza y el recipiente se rompió. El fuego inundó el mundo y, cuando el humo se disipó, el sol brilló sobre su rostro.

‒ ¿Uhura? – gritó la voz de Pepper en la distancia. – Uhura, ¿Sigues con vida?
‒ Si. – gruño en el suelo. Todo el cuerpo le dolía.
‒ No te muevas. – dijo Pepper. – Las heridas parecen superficiales, así que solo voy a ponerte unas cuantas vendas. También te recomiendo que vayas a un médico de verdad y no a alguien que se inventa el noventa por ciento de cosas que dice.
‒ Creo que se han cargado mi abrigo.
‒ Tu abrigo, tu camiseta, tu sujetador… oh, vale; es una faja pectoral, lo siento.
‒ No pasa nada.
‒ Puedes ponerte mi camisa, si quieres; llevo un sostén deportivo en la mochila.
‒ Gracias. – dijo, mientras se colocaba la camisa de flores por encima de las vendas. – Y gracias por la flecha.
‒ Ha... ha sido Harry. Yo me he quedado petrificada.
‒ Gracias, Harry.

Lo único que recibió a cambio fue un gruñido; Harry había perdido la mirada en los rascacielos que las bombas habían dejado en pie. Cientos de sonidos poblaban la jungla de cemento. Algo rugió en la distancia.
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MensajeTema: Re: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   

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Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo
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