JURASSIC PARK
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Spinosaurus marocannus

La mayor cantidad de usuarios en línea fue 218 el Miér 10 Ene 2018, 3:25 pm.

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 Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo

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guillem
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MensajeTema: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   Dom 10 Dic 2017, 9:58 am


"Otro dia se va y lo único que has conseguido es más miedo. Es la vida del superviviente, no hay más que decir; intentas vivir y sólo logras sufrir. No puedes ganar la batalla, pero todavía sigues en pie... ¿Y para qué? Para seguir viviendo tu miseria de vida.

Otro dia se va bajo el gélido viento; no hay abrigo que cubra este frío mortal. El dolor no se puede ignorar, pero nadie escucha al niño que llora. Y cuando termina el día, mañana solo te depara mas de lo mismo. Sientes que se acerca tu hora.

Algo pasó hace cinco años. El mundo ha cambiado. Y ocurrió con tanta calma que, el día en el que la ilusión de rompió, no hicimos nada. Nos quedamos paralizados. Luchamos; pero no ganamos. Sobrevivimos; pero no vivimos. Hijos del nuevo mundo; valor, pues esto es el fin de nuestros días y debemos enfrentarlos con la cabeza alta. Y el destino se acerca feroz como un duro puñal."


STRUGGLE for LIFE es un drama post-apocalíptico que narra la vida de los hermanos Harrison y Pepper en una Norteamérica dominada por dinosaurios y otras criaturas prehistóricas, en la que una serie de colonias y asentamientos intentar tejer una red sobre la que alzar una nueva sociedad mientras los desperados intentan sobrevivir en los caminos de un mundo sin ley en el que todo está diseñado para matarlos.

Conforme los dos hermanos viajan por el nuevo mundo, buscando enmendar lo que consideran sus pecados ayudando a aquellos más necesitados, descubrirán que el poder es una fuerza que arranca lo peor de los seres humanos y que, sobre las cenizas de la vieja sociedad, los secretos valen más que el oro.


¿POR QUÉ HAS ESCRITO ESTO?
La verdad es que la historia me llevaba rondando la cabeza desde un par de años, tras leerme la serie de cómics de Xenozoic Tales de Mark Schultz.

Esta historia está escrita en su mayoría para mejorar mi escritura y practicar estilos de escritura que mi estilo habitual (Fantasía Historica/Alta Fantasía) no me permite. Por tanto, cualquier crítica constructiva será aceptada y bienvenida.

¿PARA CUÁNDO?
Supongo que empezaré a publicarlo en cuando termine los exámenes, deje de trabajar y tenga un rato para adelantar mi "libro de verdad" por tanto, esperadlo para principios de Enero. Lo bueno que tiene es que, cuando estoy estresado, escribo para relajarme y desestresarme. Así que, en el estado en que estoy, puedo escribir la Biblia en verso en un par de días.

¿ESTÁ ESTA HISTORIA CONECTADA AL UNIVERSO JURASSIC PARK?
Si; podría ser considerada tanto un universo alternativo o una línea temporal desviada a partir de Jurassic World, donde las consecuencias al desastre de Isla Nublar cambiaron. Por tanto, eventos clave como el Incidente del Indominus tuvieron lugar, pero a partir de ese punto las cosas cambiaron;

Elijah Kilgore, un empresario de poca monta, abrió poco después del incidente una nueva empresa de genética y, por medio de una amplia y cuidadosas obras benéficas, pagos ilegales y corrupción que llegaba hasta las , logró borrar la imagen de los dinosaurios que había en las mentes de la gente y consiguió nombrarlos como "La salvación a todos los problemas de la humanidad": comida, mano de obra, sistemas militares, animales de compañía... Nadie sabía como Kilgore lograba controlarlos, pero nunca hubo ningún incidente y, en tan sólo cinco años, Kilgore había colocado sus creaciones en todos los niveles de la sociedad humana.

Elijah Kilgore mató a Dios y se nombró a sí mismo como su sucesor. Pero, como con todos los grandes hombres de la historia; un día cayó Roma. Y se llevó el mundo con él.


Última edición por guillem el Vie 05 Ene 2018, 10:02 am, editado 1 vez
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Spinosaurus marocannus
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MensajeTema: Re: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   Dom 10 Dic 2017, 10:07 am

Ok, la risa tonta de felicidad que acabo de soltar al ver esto no ha sido ni medio normal xD. ¡El rey Guillem ha vuelto para tomar el Trono del Dilophosaurus!

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"¿Es un tiranosaurio?"
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guillem
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MensajeTema: Re: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   Dom 10 Dic 2017, 10:08 am

Spinosaurus marocannus escribió:
Ok, la risa tonta de felicidad que acabo de soltar al ver esto no ha sido ni medio normal xD. ¡El rey Guillem ha vuelto para tomar el Trono del Dilophosaurus!

¡Y prometo no plagiar nada esta vez!
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Spinosaurus marocannus
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MensajeTema: Re: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   Dom 10 Dic 2017, 10:17 am

Sí, ya me dí cuenta de que lo que escribíamos era Game of Terry xD

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guillem
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MensajeTema: Re: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   Vie 05 Ene 2018, 10:01 am

CAPITULO 1
NANA A LOS NIÑOS DEL NUEVO MUNDO

I


La pradera se extendía hacia el horizonte como un eterno mar verde.
Pepper, su espalda desnuda para tomar el sol, leía con calma un libro tumbado en la hierba. Harry se apoyó contra la rueda del coche y sacó una pequeña bolsa de debajo del coche y empezó a montar la cámara de fotos. El viento perezoso que cruzaba la pradera le sacudía el pelo y hacia que algunos mechones le taparan los ojos. Una vez hubo montado la cámara, se la llevó ante los ojos y tomó una fotografía del idílico momento. Era un paisaje precioso. Nadie hubiera dicho que aquello era el fin del mundo.


- Harry.


Pepper estaba hablando demasiado bajo, su voz sonando poco más alto que un suspiro. Pero, a pesar de no poder oírla, su brazo señalaba algo en la distancia. Harry solamente veía piedras y hierba.


- La cámara, Harry.- dijo Pepper, acercándose poco a poco a él.
- ¿Que?
- Dame la cámara, ahora.


Harry se la dio; había hecho miles de fotografías desde el principio del apocalipsis. Pepper pensaba que eran necesarias para próximas generaciones, pero Harry lo dudaba. El mundo se había acabado; no iban a haber muchas generaciones después de la suya.


- Aquí.- Pepper señalaba a un trozo de hierba que no parecía tener nada de especial.- ¿Lo ves?
- No... No veo nada especial.
- Mira bien la foto, Harry. Ahora, mira al prado.


Harry hizo lo que le mandaba y, cuando lo pudo ver; el corazón le dio un vuelco. En la foto no había más que prado, pero en el Prado que se alzaba ante sus ojos, había una piedra. Pepper se había subido al coche y estaba observando con un catalejo la piedra.


- Eso no es una piedra, Harry.- dijo Pepper.- Las piedras no respiran.
- Nos han tendido una puta emboscada mientras dormíamos.- salió corriendo hacia el maletero del coche; apartó las mini neveras donde guardaban la comida, sacó un rifle y tras considerarlo un segundo, se guardó un revólver en el cinturón.- Te dije que no debíamos habernos quedado a dormir. Pero tu dijiste que iba a ser seguro y yo tuve que escucharte.
- Yo no dije que iba a ser seguro.- le replicó Pepper.- Dije que si no dormías al menos por media hora te ibas a morir espontáneamente. Pásame el rifle.


Harry sacó la bolsa del rifle de francotirador y se la tendió a Pepper. Mientras esta montaba el fusil de francotirador, Harry vigiló la piedra. No se movía, no parecía diferente a ninguna de las piedras que le rodeaban; para una mente inocente o una vista primitiva, aquello era imposible de detectar.


- ¿Un carnotauro?- le preguntó a Pepper, que ya había montado el rifle.
- No, creo que es demasiado pequeño.- Pepper estaba mirando por la mirilla.- Y si eso es un carnotauro, no nos habríamos dado cuenta.
- ¿Quieres que lo haga yo?
- No; no tengo ningún problema en hacerlo desde lejos. Tú ocúpate de él si se acerca.


Pepper se colocó los cascos para no escuchar el disparo. Harry podía ver sus labios fruncirse mientras calculaba la distancia y el viento. Respiró una vez y empezó a tararear; apretó el gatillo y, a cien metros de distancia, la piedra se sacudió y murió.


- Soy la ostia.- dijo Pepper. Se quitó los auriculares y, tras guardar el rifle, saltó del coche.- ¿Quieres ir a ver que nos ha tocado en la feria?
- Con un poco de suerte, algo comestible. Nos estamos quedando sin reservas.


Dejaron el coche atrás y caminaron hasta el animal. Cuando llegaron, Pepper se detuvo en seco, pero en el pecho de Harry empezó a crecer la rabia. No pudo evitar patear el cadáver.


- Un Rhedoraptor.


Pepper guardaba silencio; sus ojos perdidos en el ejemplar que había derribado. Tenía la piel gris como la piedra y un rostro lleno de protuberancias que recordaban más a un dragón que a un dinosaurio de verdad. Aquel animal no era producto de la evolución. Aquello había sido diseñado y fabricado en un laboratorio.


- Estamos demasiado al Este.- dijo Pepper por fin.- Se están moviendo más rápido de lo que suponíamos.
- Quizás venga de Nueva York.
- Dudo mucho que quedase algún Rhedoraptor en Nueva York, al menos no después de las bombas.
- ¿Y de Washington? Si los rumores son ciertos, la mayoría de los bosques de Virginia están en llamas, no me extrañaría que estuvieran huyendo al norte.
- Ya. Y esa sería m principal teoría, si el Rhedoraptor tuviera instintos. Pero no los tiene. Todo lo que hay en su cerebro es sintético.


Harry volvió a observar el animal; tenía las proporciones de raptor, pero algo estaba mal. A Harry le recordaba a los extraños dinosaurios que había visto en Jurassic World cuando lo visitó con Denise.


- Venga de donde venga, tenemos que quemarlo.- sentenció Pepper al fin.- No podemos permitir que atraiga más.
- Voy a ir a por gasolina al coche.- dijo Harry; la gasolina era escasa, pero la perspectiva de perder un poco de gasolina no era nada comparado con al perspectiva de tener un rhedoraptor que fuera atrayendo a más rhedoraptores.


Regresó al coche, dejando a Pepper junto al cadáver y sacó un bidón entero del maletero, cuando se encontró con una opción mejor; envuelta en una manta descansaba una botella de whisky. Harry prefería perder una buena bebida a perder gasolina. Cuando te perseguía un depredador monstruoso; un litro de gasolina podía suponer la vida o la muerte. Se giró para ver a Pepper y mostrarle su idea.


Pero Pepper ya no estaba junto al cadáver. Pepper estaba corriendo hacia el bosque tan rápido como le permitían sus piernas; había tirado la mochila junto al cadáver para poder correr más deprisa. Casi veinte metros detrás de ella, había algo persiguiéndola. Algo muy rápido. Algo que estaba ganando terreno.


Harry cerró el maletero de un portazo y se subió al coche de un salto.


• ● •


- Mierda.- pensó Pepper.- Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda...


Pepper corría mucho. Sabía que el rhedoraptor no iba a tardar en alcanzarla, que sus piernas nunca iban a ser capaces de compararse con las patas del animal. Y, aún así, siguió corriendo.

Podía oír el animal corriendo detrás de ella, cada golpe de sus patas contra el suelo reinando con el ritmo de un tambor de guerra. Cada vez más cerca. Incansable. Su única esperanza era llegar al río. Pero sabía que estaba en desventaja. Se preguntó que había en sus bolsillos que pudiera usar para frenar la caza, pero no tenía tiempo. El tambor se volvía más frenético.

Estaba cerca del río. Muy cerca; pero notaba la presencia del rhedoraptor en su espalda. Oyó el chasquido de sus mandíbulas muy cerca de su oreja. El tambor se detuvo y supo que se estaba preparando para saltar sobre ella. En un momento, iba a caer sobre ella y destriparla. Hizo de tripas corazón y se lanzó al río. Era su única esperanza. Sintió como las garras le arañaron la espalda cuando saltó.

El río la recibió con sus aguas frías y sus rocas redondas en el fondo. Notó el dolor cuando el agua entró en contacto con las heridas de su espalda. Notó la fuerza de la corriente empezando a arrástrala. Hizo un esfuerzo y empezó a nadar. Con cada movimiento de sus brazos, los músculos de su espalda se tensaban y las heridas le dolían más y más. Cuando llegó a la orilla, no podía soportar más el dolor en sus omoplatos.

El Rhedoraptor, en la otra orilla del río; dio la vuelta. Pero Pepper sabía que no iba a abandonar la caza. Quizás un animal normal lo hubiera hecho. Quizás el producto de la evolución se hubiera dado cuenta que era más sencillo buscar otra presa. Pero el rhedoraptor no era una animal normal y su instinto había sido diseñado en un laboratorio.

Con un solo salto; cruzó el espacio que los separaba y se plantó delante de ella en una nube de polvo rojo.

Pepper retrocedió y, en un intento de escapar, tropezó con un bulto en el suelo y cayó. Los dientes del rhedoraptor aparecieron en su mandíbula gris y se preparó para saltar de nuevo sobre ella, clavándole las curvas garras de sus pies que golpeaban las piedras de la rivera mientras se acercaban a Pepper.

Pero el animal se derrumbó; gritando frenéticamente desde el suelo, se revolcó en el polvo y se volvió a levantar. Pepper se dio cuenta de que estaban sonando disparos. Un segundo golpe fue a dar contra el hocico del rhedoraptor, lanzando su cuello hacia atrás; sin embargo, siguió avanzando hacia Pepper; su mandíbula goteando sangre y pedazos de carne, con los dientes reventados y, cuando abrió la boca para morderla, Pepper vio que la lengua del raptor se había partido en dos, apenas sujeta por un hilo de carne, balanceándose como una serpiente muerta. Al animal no parecía importarle.

El tercer disparo dio al animal en el brazo derecho, pero parecía seguir sin molestarle. Pepper estaba paralizada; no era miedo, era la sensación de ansiedad que recorría su cuerpo cuando tenía que atacar a algo cerca de ella. Empezó a hiperventilar hasta que el cuarto disparo le abrió en dos la cabeza y pedazos de cerebro diseñado genéticamente empaparon la orilla del río.


Sobrecogida por el miedo de que el cadáver atrajera más rhedoraptores, empujó el cadáver hasta el río y dejó que se lo llevara la corriente.


- No te muevas Pepper.- dijo Harry, de pie en la otra orilla del río, el coche a sus espaldas y el revólver humeando en sus manos.- Voy a buscar un lugar por el que cruzar.

Entonces se dio cuenta de con que había tropezado. Había una niña a sus pies. Una niña de siete años, vestida con un sencillo vestido blanco manchado de negro.


- ¿Harry?- preguntó al mirar a su alrededor.- ¡HARRY!

Pasó diez minutos gritando, como cuando tenía seis años y se encontró aquel cuervo en la carretera con un ala rota. Pepper siempre había sido la más sensata y racional de los dos, pero en aquel momento se volvió un manojo de nervios. Se pasó semanas enfadada con Harry, como si el hecho de no haber llegado a tiempo hubiera causado la muerte del pájaro.

Cuando Harry se lo comentó años después, ella le dijo que fue en aquel momento cuando entendió la muerte, viendo como aquel pájaro daba un último jadeo silencioso antes de partir a donde sea que fueran los pájaros tras morir. Pepper volvió a sentir aquella sensación sujetando a aquella niña entre sus brazos. Pero Harry llegó a tiempo.


- Una niña, Harry, no es más que una niña.- Pepper se aferraba a la niña como quien se aferra a un sueño antes de despertar.
- Pepper, tranquilízate.
- No puedo Harry. Mírame y dime qué me tranquilice otra vez.


Harrison se dio la vuelta y vio a Pepper levantando la mano, con la palma abierta hacia él. Su piel oscura estaba cubierta por una sustancia tan negra como el...
Como el petróleo. "Dios mio" pensó Harry cuando su cerebro sumó dos y dos. Los ojos de Pepper, rojos de ira, le demostraron que ella había llegado a la misma conclusión.


- Voy a matar a ese hijo de puta. Te lo juro.- escupió Harry, su voz cargada de bilis.- Esta vez ha ido demasiado lejos. Le voy a destrozar la vida, luego le partiré el cuello y le cortaré la cabeza.
- Tienes razón...
- No, Pepper, me da igual cuántas veces... Espera ¿La tengo?

Pepper se levantó, con la niña en brazos.


- Si. Este mundo es peligroso, es un demonio que se alimenta de odio y violencia. Y contra más sacrificios le ofrecemos, más nos hundimos en este infierno. Pero este es un sacrificio que merece hacerse. Nadie debería emplear el apocalipsis para conseguir poder y riquezas. No voy a mentir; quitar a Dean Summerhall de la faz de esta tierra será la cosa más solidaria que haremos jamás.
- Entonces ¿Estás de acuerdo? ¿Deberíamos ir allí y meterle un tiro entre las cejas?
- No. No podemos. No después de lo que le hicimos. No podemos acercarnos a él más de treinta metros antes de que sus matones nos destrocen la cabeza.
- Quizás si nos acercáramos fingiendo arrepentimiento y le apuñaláramos...
- Harry. Le debemos mucho dinero. Le destrozamos el negocio de las medicinas.
- No debimos haber hecho eso. Simplemente tendríamos que haber dado eso medicina a quien teníamos que dársela en lugar de repartirla...
- Eso fue lo correcto, Harry.


La niña empezó a toser hasta despertarse. Abrió los ojos de par en par, dos ojos negros como luceros, que miraron a Pepper con confusión.


- ¿Mamá?
-       No, hija mía.- dijo Pepper, lanzando todo su calor maternal en aquella frase.- Pero te llevaremos a casa.
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guillem
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MensajeTema: Re: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   Vie 12 Ene 2018, 9:02 am

II

La gasolinera apareció en el horizonte como un espejismo; habían tenido que dejar atrás el coche unos kilómetros atrás cuando se había agotado la gasolina y llevaban caminando por carreteras cubiertas de arena durante unas cuantas horas.

Lo primero que vieron fue la señal de la gasolinera; una estrella amarilla sobre un fondo azul, pintado con docenas de agujeros que solamente podían ser de bala. De uno de ellos colgaba un cordel atado a lo que aparentaba ser un cráneo de un protoceratops, que producía un sonido hueco cuando golpeaba el poste, balanceado por el viento.

- Deberíamos acercarnos.- le dijo a Harry, la niña durmiendo apacible contra su pecho.

Los ornamentos como aquel solían tomar tiempo en colocar y solían indicar que ahí vivía gente. "Este lugar está ocupado" significaba "Sigue tu camino."

Pepper esperaba que, al ver a la niña, la gente que estuviera dentro mostrase un poco de compasión y, por lo menos, les indicase el camino a la apoikia más cercana. Harry esperaba algo diferente, por lo que sacó el revólver y lo amartilló.

Al acercarse, quedó bastante claro que no había nadie en la gasolinera; la arena se amontonaba en la entrada, que había perdido la puerta y estaba bloqueada por lo que parecía ser un frigorífico.

- ¿Te echo una mano?- preguntó Pepper cuando Harry se dispuso a apartarla.
- No te preocupes. Creo que puedo yo.

Pepper echó un vistazo a su alrededor; parecía que nada hubiera estado por allí durante mucho tiempo, y aquello incluía tanto a humanos como a dinosaurios. Lo único que logró llamar su atención fue un par de pterosaurios sobrevolando el paisaje en círculos, demasiado alto para poder distinguirse, y una muñeca medio enterrada en la arena que prefirió dejar donde estaba.

La nevera provocó un ruido seco cuando cayó al suelo, lo cual despertó a la niña. Pepper entró en la gasolinera detrás de Harry y dejó a la niña en una silla con ruedas.

- ¿Puedes quedarte ahí sentada, Anne?

La niña asintió mientras bostezaba. Pepper le sonrió mientras le pasaba la mano por el pelo y se dio la vuelta para examinar la habitación.

Era obvio que alguien había estado viviendo allí; había montones de basura que se levantaban como montañas, la mayoría de paredes estaban pintadas con diferentes clases de espray y el suelo estaba repleto de latas de comida vacías. La pared delante de ella estaba llena de pósteres que mostraban a distintos superhéroes y personajes de comic en actitud heroica; los Dioses del Siglo XXI, relegados a un culto olvidado. Así morían los dioses, pensó Pepper, mientras sus ojos encontraban un pequeño póster que le llamó la atención.

Era blanco y sencillo, apenas más grande que un folio normal, y mostraba una enorme K que envolvía el mundo. "Kilgore Industries" se podía leer "Su mañana es nuestro hoy"; sobre aquellas palabras alguien había escrito, en enormes letras rojas; "NUNCA OLVIDES". Pepper se lo guardó en el bolsillo.

- He encontrado un par de cuchillos y un revolver vacío.- dijo Harry.- No hay munición, pero creo que podemos venderlo a alguien que tenga.

Pepper vio que el frigorífico estaba vacío y que no quedaba ni comida ni gasolina por ninguna parte. Lo único que encontró fue una nota pegada con imanes a la nevera; "Vuelvo pronto", con un corazón dibujado en una esquina. En la misma nota, una caligrafía infantil había escrito "Vuelve, por favor."

Detrás del mostrador encontró una calavera humana; todavía con unos mechones de pelo enganchados, tirada en el suelo y llenándose de polvo.

- No debía de ser más que una niña.

Cerca de donde estaba, se podía ver una última pintada; "EL AMOR NO LO CONQUISTA TODO" y, junto a ella, una fotografía de lo que parecía ser una niña con una pareja de hombres, jugando y riendo.

- Pepper...
- El mundo se ha ido a la mierda, Harry.
- Lo sé. Ya no hay solución.
- Yo nunca dije eso.
- Pero lo has pensado.
- Y aún así sigo creyendo que se podrá reconstruir.
- Estas a dos metros del cadáver de una niña que ha muerto de hambre... en el mejor de los casos. Y, aun así, aún crees que hay esperanza.

Pepper lanzó una mirada a la niña viva, la que habían rescatado de una petrolera, que jugueteaba con una muñeca que debía haber pertenecido a la niña muerta.

- Si no tienes esperanza en el más oscuro de tus días, si solamente sueñas cuando el mundo es perfecto... Eres una mierda de soñador.

Harry permaneció en silencio durante un buen rato, caminando con cuidado entre los escombros para agarrar a la niña.

- Se está haciendo tarde.- dijo.- Deberíamos acampar aquí.

Encendieron una hoguera y repartieron lo que quedaba de comida entre los tres. No era mucho, pero si suficiente para aguantar la noche; según las indicaciones de la pequeña, su aldea no debía estar muy lejos, si se ponían en marcha temprano, la alcanzarían antes de mediodía.

- ¿Cómo estás?- preguntó Harry a la niña cuando acabaron de comer.
- Tenía un poco de miedo... Pero ya sé me está pasando.- la niña mostró una tímida sonrisa. Se había sentado en el regazo de Harry, que se había tapado con una manta.
- ¿Quieres que Pepper te cuente un cuento?

La niña no dijo nada, pero sonrió con fuerza. Pepper se preparó; sabía muchos cuentos, por supuesto, pero también le gustaba contar los suyos propios.

• ● •

Había una vez; en un reino muy lejano, un poderoso rey. El rey era malvado, tan malvado como puede ser un rey que ha tenido que matar a millones para poder ponerse una corona.

Pero el malvado rey era adorado por su pueblo; le ofrecían enormes sacrificios a cambio de su protección. Porque, a pesar de todo lo que había hecho, a pesar de la oscuridad que manchaba su corazón, el rey conocía un secreto que hacía que su reino fuera seguro; mucho tiempo atrás el rey había descubierto, por medio de engaños, un hechizo muy poderoso. Un hechizo que le permitía controlar a los dragones.

Y el reino prosperó. La gente vivía feliz sabiendo que los dragones sobrevolaban sus fronteras, manteniendo a los enemigos del reino alejados. La gente del reino no pasaba hambre, porque sabían que siempre habría carne de dragón en sus mesas. Si hubo un tiempo en el que los dragones habían quemado y arrasado sus campos, la gente los había olvidado.

Pero el rey, sentado sobre su negro trono, en su oscura fortaleza, no era feliz. Largo tiempo atrás le había abandonado su reina y la avaricia empezaba a devorarle el corazón. El rey miraba sus tesoros, suficientes para llenar una catedral, y solo veía vacío.

Se dirigió a los enanos, en sus oscuras minas, y les ofreció dragones a cambio de oro. Y si hay algo que los enanos aman más que el oro, es el fuego. Pero cuando regresó con las riquezas de las profundidades, el rey vio que no eran suficientes.

Marchó de nuevo y se dirigió a los bosques, a las ciudades de los elfos, y les ofreció el mismo pacto que a los enanos; todas sus riquezas, sus joyas y sus secretos. Los elfos, codiciosos de todo aquello que no poseían, aceptaron el trato del rey de los hombres, que regresó de nuevo a su fortaleza con riquezas sin igual.

Con cada nueva moneda de oro que el rey conseguía su deseo de poseer más crecía. Empezó a formar pactos con todos aquellos que entendían la lengua de los hombres; los nobles centauros y los malignos trasgos, los orcos de las profundidades y las sirenas de los mares, todos habían pactado con el señor de los hombres.

El rey se había vuelto peligroso, pensaban muchos. Pero muy pocos lo decían en voz alta. Algunos se atrevían a hablar, por supuesto, pero nadie parecía querer escuchar. Hasta que un día, apareció un grupo de aventureros, venidos de lejanas tierras con un único propósito; terminar con el reinado del rey.

Protegidos por la oscuridad, los aventureros entraron en la fortaleza del rey y buscaron una forma de detener su codicia. Algunos pensaban que el rey se encontraba bajo un hechizo que debía ser roto, mientras que otros pensaban que la oscuridad había sido siempre parte de él y aconsejaban un mucho más drástico corte de cuello.

Y, moviéndose escondidos por los pasillos, los aventureros se habían topado con que no eran los únicos que deseaban ver caer al rey. Su propio hijo, un joven príncipe, se había encarado con su él y había terminado matándolo. El rey estaba muerto. Pero los problemas seguían; la oscuridad no parecía desaparecer de sus cielos.

Los aventureros desconfiaban del príncipe; al fin y al cabo, de tal palo, tal astilla. Ya habían sufrido un rey horrendo, no iban a esperar a ver qué clase de rey iba a ser el príncipe. En la noche, cuando todos se encontraban llorando por el viejo rey, los aventureros forzaron la entrada de sus aposentos.

Allí se encontraron con una esfera; una esfera negra como el carbón, que rezumaba maldad. Nunca en nuestro mundo ha existido ningún artefacto que pueda llegar al nivel de crueldad que aquella esfera poseía. Sin pensarlo, el valiente líder tomó la esfera entre sus manos y la lanzó contra el suelo.

La esfera se rompió y, con ella, su hechizo. Por fin, los dragones eran libres. Por desgracia; eso significaba que los dragones eran, sin lugar a dudas, libres. Y no habían olvidado su esclavitud.

Aquella noche, los cielos se volvieron rojos, la madera ardió, los cristales explotaron y la piedra se calentó tanto que empezó a derretirse. Y, tras ese día, lo único que quedó de aquel otrora prospero reino fue ceniza. Ceniza... y dragones.


• ● •

Despertaron antes el alba, cuando el sol aún no brillaba en el cielo, al oír que llegaban vehículos. Por el ruido, se debían de tratar de dos coches de buen tamaño. Apenas tuvieron tiempo de esconderse cuando se detuvieron y las pisadas empezaron a acercarse a ellos.

- Si hay alguien ahí dentro lo mejor que puede hacer es salir.- dijo una voz.- Porque tengo una granada y muchas ganas de usarla.

Pepper reconoció la voz antes de ver el rostro. En su mente se dibujaron unos labios pálidos y una sonrisa repelente. Se levantó y, asegurándose que la niña y Harry estuvieran protegidos y escondidos, caminó hasta su origen.

- Henson Carcer.
- Pepper sin apellidos.

Había un grupo de hombres con él, todos ellos armados como solo los matones de Summerhall podían permitirse estarlo. Pero a ella no eran ellos quienes le preocupaban. Era Carcer.
Carcer era lo más parecido a un monstruo que habitaba en aquel mundo; mucho peor que cualquiera de los dinosaurios. Los dinosaurios cazaban por hambre y deseo de cuidar a sus crías. Henson Carcer mataba por deseo, con una sonrisa en su rostro. Y fingiendo inocencia.

- ¿Qué haces tan lejos de casa, Pepper?

Mucha gente había perdido la cabeza en el apocalipsis y habían desatado sus peores instintos. Carcer era peor que todos ellos. Porque Carcer pensaba. El problema es que ninguno de sus pensamientos era bueno.

- ¿Y tú? ¿Qué te trae por aquí?- le soltó Pepper.- ¿Tan lejos te ha tirado Summerhall la pelota?

Carcer se rio del chiste.

- No soy tan malo como piensas. Ha, ya. Has trabajado conmigo Pepper, sabes que nunca he robado ni un pan.
- Tienes razón en eso. Nunca has robado un pan; matar al panadero y prender fuego a la panadería, eso sí que es más propio de ti.
- Es para mondarse.- Carcer se rio como una gallina, levantando los brazos y mirando a la gente, como si les estuviera preguntando si habían entendido el chiste.

Con un solo movimiento, Carcer se dio la vuelta y, casi sin tener tiempo de darse cuenta, le lanzó un puñetazo en el estómago. Pepper cayó al suelo, casi sin poder respirar. Dio gracias de que Harry no había salido corriendo tras ella y siguiera con la niña.

- Esto es territorio de Summerhall.- Carcer le levantó la cabeza por el pelo, obligándole a mirar directamente a su sonrisa de loco.- Tienes mucho valor viniendo aquí.
- Tú tienes mucho valor siguiendo vivo.

De nuevo, Carcer rio. Aunque quizás el término reír no era correcto; lo que hacía Carcer se parecía más a comunicarse con las gallinas. Pepper empezaba a notar como se le revolvía el estómago Y, cuando Carcer sacó una pistola y le apuntó a la cabeza, estuvo a punto de vomitar.

- ¿Qué estás haciendo?- le soltó uno de sus hombres, apartando el brazo de la pistola.- ¡No puedes hacer eso!

Carcer lo miro desconcertado, como si fuera un gato al que un ratón le hubiera dicho que no comiera de una lata. Enganchó su sonrisa y le golpeó la cabeza con la pistola. El hombre cayó como un sacó de patatas.

- Nunca. En tu puta vida de desgraciado, se te vuelva a pasar por la cabeza. Llevarme la contraria. Nunca. Porque puede que hayas sobrevivido al apocalipsis, pero te aseguro que a mí no me sobrevivirás. ¿Entendido?
- Si.- quiso decir el hombre, pero sonaba más como un gorgoteo provocado por la sangre en su boca.
- Bien.- Carcer volvió a mirar a Pepper.- Ahora, dime, donde. Está. Tu. Hermano.

Pepper no pudo evitar lanzar una mirada a la gasolinera, en la que se escondían Harry y la niña. Y Carcer se dio cuenta.

- Ve a mirar que hay ahí dentro.

Mientras el corazón de Pepper intentaba salir de su pecho, dos de los hombres de Summerhall caminaron hasta la gasolinera.
Se oyeron dos disparos y un cuerpo cayendo a tierra. Luego un gritó, seguido de un puñetazo. Otro grito y otro puñetazo. Entonces se oyeron dos golpes fuertes y uno de los hombres de Summerhall sacó a un Harry inconsciente de detrás de su escondite, con la niña pisándole los talones.

- ¡Harry! ¿Tú también? - Carcer sonrió de nuevo, como si hubiera descubierto un montón de regalos bajo el árbol. Dio dos pasos hacia la niña.- ¿Y tú quién eres?

Carcer estudió a la niña como si estuviera observando un pájaro, sus ojos mostraban interés y sus manos recorrieron su rostro hasta que se vio obligado a parar. Casi por un segundo, Pepper le vio perder la sonrisa.

- Tienes valor, Pepper. Esta es de las nuestras. Nos pertenece. Engañasteis una vez a Summerhall y eso es malo. Pero si lo haces una segunda vez... Si le robas de nuevo aquello que es suyo.

Carcer levantó la pistola contra su cabeza. Pepper podía oler la pólvora y notar como la oscuridad del cañón le devolvía la mirada. Los ojos de Carcer brillaron ante la posibilidad de matarla, en su profundidad se podía ver a los demonios bailando...

- Por desgracia, tengo órdenes de llevaros con vida.

Carcer levantó la pistola y, antes de poder decir una sola palabra
, golpeó a Pepper en la frente. La oscuridad lo devoró todo.
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MensajeTema: Re: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   Lun 29 Ene 2018, 8:48 am

III

No había pasado una hora cuando Pepper empezó a abrir los ojos. Parpadeo dos veces confundida y su mente empezó el complicado proceso de intentar entender lo que estaba pasando. Harry lanzó un suspiro de alivio y, cuando vio que estaba bien, le dio una palmadita en la espalda. Una sonrisa se escapó de su rostro.

- ¿Donde estamos?
- En un coche.- respondió Harry.- De camino a una de las casitas de Summerhall.

Pepper volvió a parpadear dos veces, como si intentara comprender que significaban todas las palabras que acababa de oír.

- ¡La niña!¿Dónde está la niña, Harry?
- En el otro coche.- respondió.- Cárcer la quiere cerca. No sé porque nosotros no estamos en ese coche. Creo que nos tiene miedo.
- ¿Miedo? ¿Cárcer?- se rió Pepper.- Carcer no tiene miedo a nada... aunque quizás a su propia sombra. Ni yo me fiaría de la sombra de Cárcer.

El coche debía de pillar un bache porque la cabeza de Harry salió despedida y se golpeó contra el techo.

- Ahora mismo sería un buen momento para uno de tus planes brillantes, Pepper.
- Tengo uno.- confesó Pepper.- Pero no te va a gustar.
- Rezo por el día en el que esas dos frases no vayan seguidas.
- Sé que lo haces...- dijo Pepper con una de sus peores sonrisas. ¿Crees que el conductor puede oírnos?
- El cristal es muy grueso. Creo que no... pero igual si empiezas a gritar te oye.

El conductor estaba solo, por lo visto los otros cuatro miembros del grupo habían decidido marcharse con la niña en el coche de Carcer, que iba apenas unos cincuenta metros por delante. Pepper miró atrás para asegurarse que no había otro vehículo detrás de ellos y, cuando vio que el coche de Carcer se perdía entre los árboles y ya no podía verlos, puso en marcha su plan.

- ¡Señor conductor!¿Señor conductor? ¿¡Hola!?¿Hola?¿Me puedes bajar el cristal? Si tengo un problema... Verás soy una chica.... Soy una chica, como puedes ver. Si... Y hay algo sobre las chicas qué... que nos pasa cada cierto tiempo y si... He visto que tiene usted aquí los asientos recubiertos de cuero ¿El coche suyo o se lo ha prestado Summerhall?
- Es mío.- respondió el conductor
- Ya, verá, si... Es un coche muy bonito, la verdad, y lo debe de apreciar mucho...
- Era mío antes antes de... de que pasara todo esto.
- Bien pues es que creo que... Me da pena porque es un coche muy bonito y creo que le ensuciado el asiento.
- ¿Ensuciado?¿Como?
- Ya... verás... Es que es un poco embarazoso. Es sangre...
- ¿Sangre?¿Te has cortado?
- No exactamente...
- Oh, Dios.- dijo el conductor cuando por fin se había dado cuenta de lo que había pasado. Salió del coche enfadado, con una pistola en la mano y abrió la puerta junto a la que estaba Pepper y, con un furioso empujón, la sacó de su sitio.
- Le dije que era... le dije em... oiga, con cuidado, por favor. Le dije que era embarazoso y es que lo siento. Lo siento tanto.
- Aquí no hay sangre.- le gritó el tipo, casi decepcionado.

Pepper no estaba segura de lo que iba a hacer en ese momento, así que dejó que el instinto tomará el volante. Lanzó un cabezazo contra el tipo que, quizás por la sorpresa, lanzó la pistola al suelo. Al intentar recuperarla, Pepper le soltó una patada en la cara.

- Lo siento.- le dijo, sin el menor deje de sarcasmo.

Recogió la pistola y, sin darse cuenta de lo que hacia, se la lanzó a Harry, que disparó al pobre tipo en el muslo. Por desgracia, fue ese el momento en el que Carcer se dio cuenta de lo que pasaba. Pepper usó el cuchillo que habían dejado en el asiento del conductor para desatarse y, viendo a Carcer acercarse, golpeó la bocina.

- ¿Qué puñetas estas haciendo?- le preguntó Harry.
- ¿Confias en mí?- le preguntó a Harry, todavía aporreando la bocina.
- No.- había mucha indignación en su voz y eso provocó una sonrisa en su boca.

Carcer no había disparado, eso era bueno; significaba que Summerhall les necesitaba vivos. Puede que Carcer fuera un perro loco, pero seguía siendo un perro fiel.

- Aquí está la caballería.- dijo Pepper, dejando de sonar la bocina.
- ¿De qué estás hab...?- empezó a decir Harry, hasta que se dio cuenta de lo que venía corriendo hacia ellos.- ¡Estás loca!

Harry no habia terminado su frase cuando seis toneladas de depredador impactaron con el coche. Los hombres de Carcer empezaron a dispararle, lo cual solo enfureció más el carnívoro y empezó a lanzar mordiscos contra aquellos que habían invadido su territorio.

Por desgracia, Pepper no había visto nada de aquello. No lo había visto porque su plan tenía un pequeño fallo; cuando un tiranosaurio de seis toneladas se lanza contra un vehículo parado y tú tienes la puerta abierta y el cinturón desabrochado, corres el riesgo de salir despedida. Por una pendiente.

• ● •

Carcer no había perdido la sonrisa. Estaba justo frente a él, con la mano derecha sujetando una ballesta y la izquierda apoyada sobre la cintura. Tenía la ropa empapada de la sangre de sus propios hombres y, aún así, sonreía con alegría y buen ánimo, con una cara de ofendida inocencia.
Había rostros dignos de un lienzo. El de Carcer era digno de un puño.

- Tú hermana es muy lista.- le dijo Carcer.- Muy pero muy lista. Una pena que ahora esté muerta.

Harry prefería seguir callado, demostrando a Carcer que él no era el único que sabía sonreír en el peor momento. Podía tener las manos atadas a la espalda, pero no iba a dejar que eso le impidiera reír.

- ¿Te estás riendo?- Carcer ladeó la cabeza, como un perro desconcertado.- ¿Porqué?
- ¿No te has dado cuenta?- le dijo Harry.- Hemos sobrevivido cuatro del ataque.
- Eso es porque tú has disparado a uno de mis hombres y pateado a dos hacia la boca de un tiranosaurio.- dijo Carcer con un tono jovial, como si todo aquello fuera una grotesca broma.
- Si. Y sin embargo, habéis sobrevivido tres y me habéis conseguido capturar de nuevo.
- ¿A donde quieres llegar?- le gritó la mujer que iba con Carcer, su pelo rapado al cero.
- Si habéis sobrevivido tres.- dijo Harry.- ¿Porqué solo sois dos?

La mujer se dio la vuelta. Su compañero había desaparecido por completo y ella se puso a gritar su nombre hasta que Carcer la detuvo.

- No querrás atraer aquí a lo que sea que lo haya matado ¿Verdad
- ¿Cómo sabes que está muerto?- le preguntó la mujer.

Cárcer se limitó a sonreír. Se puso un dedo en los labios para indicarles que callaran y se adentro en el bosque.

El cadáver estaba tirado en el suelo, en un claro. Los tres supervivientes se acercaron a él y se dieron cuenta de que no era un cadáver. Tenía el cuello ensangrentado y sus intestinos recordaban el suelo, pero el pobre infeliz seguía vivo. La chica del pelo rapado se llevó la mano a la boca. Henson Carcer fue mucho más directo, sacó la ballesta, la cargó con suma tranquilidad y le apuntó a la cara. Los ojos del moribundo se llenaron de miedo.

- ¿Qué estás haciendo?- le recriminó.
- Terminando el trabajo, señorita.- Carcer sonreía. Por supuesto que Carcer sonreía.- Tendré que ser quirúrgico.
- ¿Vas a matarlo? Así... ¿Sin ayudarle? Lo conoces desde antes del apocalipsis.
- Es cierto.- Carcer agarró los intestinos como quien coge un manojo de lenguanizas.- ¿Crees que puede ir a dar una vuelta con esto colgando por ahí? Ja, ja.


Carcer soltó las entrañas y agarró la ballesta. El muerto se agarró a sus pantalones, la boca ensangrentada suplicando clemencia.


- Hay que ser rápidos, señorita Wiggins.- dijo antes de dispararle a la cara con la ballesta. Las convulsiones se detuvieron y el cadáver dejó de moverse.- Para que no sufra.
- Hijo de puta enfermo.- le soltó la chica del pelo rapado.- ¿Para que no sufra o para que puedas disfrutar?¿Se te pone dura cuando matas a tus amigos, Carcer?

Harry no dijo nada. En aquel momento, los dos estaban distraídos, atrapados en la discusión. El cadáver se había convertido en su centro de atención y no parecía que le estuvieran haciendo caso a nada más. Ni siquiera a Harry, que agradecía que se hubieran topado con aquel... foco.. de atención... en el medio del bosque. Muy lejos de donde debería haber muerto. Tan cerca de los matojos.

- Todo el mundo, atrás.- gritó cuando se dio cuenta de lo que estaba pasando.- ¡Es una trampa!¡Están...!


Esperando...
Harry no había tenido tiempo de advertirles cuando el Rhedoraptor apareció de la nada. Se lanzó contra la mujer y e mordió el torso bajo la axila, como si quisiera morderle el corazón y se quedó mirándoles. Sobre su piel gris, la sangre hacia que el raptor pareciera sonreír con unos labios rojos. Mostró sus dientes, y eran terribles y blancos y terribles.


Sus garras repiqueteaban contra el suelo como un picahielos. El raptor le miró directamente y Harry vio que en sus ojos, rojos y muertos, centelleaba algo que no podía ser natural. Fuera lo que fuera aquello que centelleaba allí, sólo podía estar hecho por un ser humano.


Harry empujó al Carcer contra el Rhedoraptor y salió corriendo. Tenía las manos atadas a la espalda, pero eso no impedía que pudiera correr tan rápido como pudiera. Lejos de sus captores. Lejos de los depredadores. Lejos de los gritos.

• ● •

- Vale esto se está empezando a convertir en una costumbre que no me gusta.-  dijo Pepper, tumbada sobre un charco en el que había aterrizado después de rodar colina abajo.

Se levantó con bastante dificultad y miró a su alrededor, intentando comprender a donde habia ido a parar. Pero le costó bastante porque en el momento en el que se puso de pie el mundo empezó a dar vueltas a su alrededor y, detrás de un árbol, se dio una sanísima vomitona.

- A ver.- se planteo.- Supongo que he venido rodando de ahí arriba. Oh, dios; me duele todo.- Se levantó la camiseta para descubrir que tenía el torso lleno de moratones; su piel oscura había tomado un color púrpura que no parecía muy sano.- Si parezco un cuadro de William Turner.

Con paso vacilante y constantes quejidos de dolor, emprendió el camino colina arriba hasta llegar en el sitio donde quedaban dos coches. Uno de ellos parecía haber sido atacados por una apisonadora, pero el otro parecía bastante intacto. El tiranosaurio debió de haberse ido en cuando se dio cuenta de que no podía comerse el coche. Cruzó los dedos, esperando encontrar en él lo que estaba buscando. Por suerte para ella, lo encontró.

- ¿Pepper?- pregunto la niña con una sonrisa de oreja a oreja que casi le rompió el corazón.
- Si, Marise, soy yo. Todo irá bien... todo irá bien.- Pepper abrazo a la niña.- ¿Qué ha pasado aquí?
- No lo sé. Fuera lo que fuera eso... vino del bosque. Gritaba mucho... Yo estaba muy asustada, todos habían salido del coche y os apuntaba con pistolas... Me escondí debajo del asiento... Entonces la gente empezó a gritar... Co... Cogieron a Harry y se lo llevaron al bosque...
- ¿Porque no se te han llevado a ti?
- Fue el hombre de la sonrisa... dijo que yo iba a ser un peso muerto... Tenía mucho miedo
- No te preocupes; cuando encontremos a Harry te  llevaremos a casa.
- ¿Lo prometes?
- Lo prometo

Harry no se había dado cuenta de cuando había dejado de correr. Supuso que lo había hecho en algún momento y que, durante ese tiempo, había encontrado una forma de quitarse las esposas, pero no sabía cómo. Empezó a buscar a Pepper, pero parecía imposible saber dónde estaba dentro de aquel inmenso bosque. Siguió buscándola hasta que se dio cuenta de que le estaban siguiendo. Algo caminaba detrás de él, algo que apareció como una pesadilla entre los árboles.
Carcer.

- Hola.- sonrió.
- Esperaba que te hubieras muerto.-  le dijo Harry.- ¿Cómo has podido sobrevivir?
- ¿Has oído alguna vez el chiste de los dos hombres y el oso?


Harry se había puesto tenso; había logrado soltarse las manos, pero seguía desarmado. Y si había algo que sabía seguro de los hombres como Carcer, es que ellos siempre estaban armados. Por lo menos Carcer no llevaba la ballesta. Eso era un buen comienzo.
Carcer sacó un cuchillo del cinturón.

- No quiero pelear, Harry.- dijo, lanzándolo al suelo.
- No soy imbécil Carcer, y tú tampoco. Nunca ibas a tirar un cuchillo si no tuvieras uno de reserva.

Carcer sonrió y sacó un segundo puñal de su chaqueta en el momento justo en el que Harry saltó sobre él.
Notó como se le clavaba el cuchillo en el hombro, pero no dejó de empujar. Lanzó a Carcer contra un árbol, golpeándole con el tronco directamente en la cara; siguió golpeándole hasta que soltó el cuchillo y, una vez lo había soltado, siguió golpeándolo. Notaba a algo en su interior que le obligaba a desatarse, a liberar sus brutales instintos sobre la estúpida sonrisa de Carcer y hacerle pagar por todos los crímenes de la humanidad; por un momento, entre golpe y golpe, la cara ensangrentada de Carcer se convirtió en el rostro de Elijah Kilgore.
Harry tiró a Carcer al suelo.

- Por lo visto yo tenía razón Harry.- la sonrisa de Carcer mostraba ahora unos dientes ensangrentados.- Eres un psicópata en potencia.

Harry se sentó sobre él; le inmovilizó las piernas con las suyas y le sujetó los brazos con fuerza contra el suelo; Carcer podía intentar darle un cabezazo, pero se llevaría una decepción al descubrir lo dura que tenía Harry la cabeza muy dura.
Sin embargo, Harry se dio cuenta de que algo no iba bien. No solo por Carcer, sino por el aire. Había algo en el ambiente que no estaba bien, como la calma antes de la tormenta. Harry sentía que algo les estaba observando.

- Pensaba que la lista era tu hermana… - dijo Carcer.
- ¿De qué coño estás hablando? – le dijo Harry para hacerle callar.
- Pensaba que la lista era tu hermana, Harry. Pero resulta que tú también eres un chico listo; no sabía que ibas a deducir que tenía dos cuchillos.
- Cállate.

La mirada de Harry se había perdido en los matorrales que tenía justo enfrente; le había parecido que se movían y empezaba a sospechar que no era a causa del viento. El pelo de los brazos empezaba a ponérsele de punta.

- Harry.
- ¿¡Qué!?- le gritó Harry. Antes lo sospechaba, pero en aquel momento estaba seguro de que algo les acechaba desde la maleza.
- Tengo tres cuchillos.- dijo Carcer con una sonrisa de oreja a oreja.
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MensajeTema: Re: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   Vie 09 Mar 2018, 9:07 am

CAPITULO 2
SALTARELLO CON LOS CONDENADOS

Pepper observaba por la ventana. Conforme el día se levantaba delante de ella; las montañas empezaron a volverse grises, los  árboles en el horizonte se pintaron de un verde apagado y el amarillo de los maizales que la colonia había plantado iluminó el mundo.

- Creo que hablo en nombre de todos mis compañeros en esta colonia al agradeceros a ti y a tu hermano por devolvernos a la pequeña. Esperamos que el pago que hemos considerado sea suficiente.

Pepper se dio la vuelta y consideró la lista que le tendía la persona que le habían presentado como comandante  de la guardia de la colonia en la que habían acabado. Pepper conocía a un montón de hombres que habrían considerado aquella lista un insulto y hubieran respondido con un escupitajo. Pero a ella le parecía bien.

- Es perfecta.- Pepper tomó asiento delante de ella.- Me gustaría que comprendieras que no me gusta pedir por estas cosas; la vida de una niña no es algo de lo que me guste sacar provecho, pero... lo necesitamos para sobrevivir.
- Y a tu hermano lo han apuñalado.- remarcó mientras daba un trago de una botella mientras le servía a ella un vaso.
- Y a mi hermano le han apuñalado, un detalle que no debemos dejar pasar. Te agradezco que le hayáis cosido de nuevo.
- En un par de horas podrá volver a correr, no te preocupes. Lo que me gustaría saber es...
- ¿Quien lo ha apuñalado? Bien; ¿Señor...?- dijo Pepper, observando la reacción del vigilante.- ¿Señora...?
- Comandante me parece un término bastante neutro. Y el nombre es Uhura, Jamie Uhura.
- Bien, Uhura, el hombre que ha apuñalado a mi hermano es Henson Carcer. Un demonio que lleva puesta la piel de un humano y ahora se pasa la vida jugueteando a los pies de un oscuro Dios lovecraftiano llamado Dean Summerhall.
- Bueno, sea quien sea, lo encontraremos. Tengo unos cuantos exploradores peinando el bosque para encontrarlo, no se podrá esconder para siempre.
- Eso es lo que me preocupa.

Los ojos de le comandante la seguían estudiando, pero parecía que confiaba en ella. Pepper lo agradecía; en aquel mundo era difícil confiar en alguien, pero era mucho más difícil conseguir que alguien conseguir confiara en ti. Empezó a juguetear con su pelo corto.

- Curioso... tu pelo.- le dijo mientras le señalaba el pelo; Pepper sabía que era  algo especial en lo que se refería a peinados. Se esforzaba mucho en mantener los lados rapados, el pelo liso y el tinte blanco.
- Gracias. Me gusta mantenerlo asi. Me hace pensar que aún puedo encontrar un poco de humanidad en mi, aunque sea solamente por preocuparme como tengo el pelo.

Uhura fue a decir algo, pero de detuvo al instante. Alguien estaba subiendo por las escaleras de la cabaña con paso apresurado. Demasiado. La puerta se abrió de par en par para revelar a un joven moreno con una armadura de piezas de cobre similar a la que vestía le comandante Uhura, cosida sobre piel escamosa. Respiraba con dificultad.

- Las... Puerta...
- Respira, Swedney, respira.
- Si.- el visitante se agarró las rodillas para respirar.- Tienes que venir a ver algo. Esta en la puerta principal.
- ¿Qué está en la puerta principal?- preguntó Pepper.

Habían clavado la pica con fuerza en la tierra seca; una barra de casi dos metros de hierro probablemente sacada de uno de los dos vehículos que habían quedado atrás tras el ataque del tiranosaurio. Sangre se había secado sobre la superficie metálica y el olor dulzón casi imperceptible de la glándula se notaba en el aire. Sobre la pica, unas cuantas moscas revoloteaban alrededor de la cabeza del rhedoraptor que habían clavado en la punta, una sarta de ballesta atravesando el ojo derecho y saliendo por la mandíbula inferior. Carcer sabía lo que había echo.

- Quemarla. Quemarla ahora mismo, antes de que las cosas empeoren.
- ¡Ya le habéis oído! - gritó Uhura.- ¿Qué está pasando?
- Esa cosa está atrayendo a más cosas como ella. Antes de que nos demos cuenta van a caer sobre nosotros como un infierno.
- ¿Adónde vas?
- A buscar lo único que nos puede salvar ahora.

• ● •

Harry se levantó de la cama; había algo en aquella habitación cerrada que le enfermaba. Llevaba casi cinco años durante los cuales las noches pasadas bajo las estrellas eran mucho más comunes que las pasadas bajo techo y ahora las paredes le ponían nervioso. La sangre le palpitaba en la cabeza, las piernas le temblaban y el aire empezaba a faltarle. Abrió la ventana de un golpe tan violento que el cristal empezó a temblar.

- Oh, mierda.- dijo una voz conocida desde la puerta. El ruido de pasos subiendo por la escalera se sincronizaron con las palpitaciones de su cabeza. A pesar de la ventana abierta, el aire le seguía faltando. Los pulmones se apretaban. Intentó gritar, pero no había nada en su interior que quisiera salir.

Pepper entró en la habitación en el momento justo cuando Harry estaba al borde del llanto. Sus brazos le rodearon y notó el sus dedos acariciando su pelo.

- Tranquilo... Tranquilo, Harry. Vamos, hermanito. Todo está bien. Todo va a salir perfectamente. ¿Hacemos un trato?

Harry lanzó un gruñido que en otras ocasiones podría haber sido una palabra. Pepper apretó el abrazo.

- Le comandante Uhura me ha dado una lista de cosas que nos darán por salvar a la niña. Si me das una lista de ingredientes, podrás preparar toda la comida que quieras... ¿Te parece bien?

La respiración de Harry regresó poco a poco. La cuchillada en su costado aún le dolía, pero nada comparado con el dolor emocional que recibía.

- He encontrado una cabeza de rhedoraptor en la entrada del pueblo.- Pepper le pasó la mano por el hombro.- Carcer la ha empalado en una pica.

En otras ocasiones, cada una de aquellas palabras le habría provocado un infarto, pero en ese momento... había un aire de familiaridad en ellas que le acabó de tranquilizar.

- La glandula ya está seca, Harry. Por lo menos lleva 4 horas oliendo. No hay muchos rhedoraptores a este lado de las montañas; pero si suficientes, cualquier rhedoraptor los 20 millas a la redonda lo ha olido.

Harry tomó aire y se pasó las manos por la cara mientras soltaba un gruñido de desaprobación.

- Vale yo prepararé el coche de Cárcer,  lo usaremos para llegar hasta nuestro coche y nos alejaremos el máximo que podamos. Supongo que podremos recorrer unos 30 o 40 km antes de que anochezca.
- ¿De qué estás hablando? No podemos dejar a esta gente aquí; estan en esta situación por nuestra culpa.
Idea - Pepper; tengo 21 años y ya he visto más cadáveres la mitad de veteranos del Vietnam. A mi me parecen suficientes.
- Los cadáveres seguirán subiendo, Harry; que tú no los veas no cambia nada.
- Te acuerdas de lo que perdimos el primer día. ¿Charlie? ¿Simone? ¿Owen? ¿Papá?

Pepper resistió responderle. Se acordaba de aquel día demasiado bien. Pero a Harry aún le quedaba gente.  Estaba ella… Y Denise. Puede que no fueran muchos, pero si que había gente.

- Harry. Te necesitamos. Todos ellos... Y yo. Yo necesito que hagas esto.

Harry resopló antes de ponerse la camisa; le iba a costar reconocerlo, pero había mejorado mucho en los últimos años.  El pelo largo, las cicatrices, una complexión más fuerte y unos ojos tristes. Harry había mejorado en el exterior, pero su interior se estaba corrompiendo por la misma enfermedad que sufría la mitad del planeta que seguía viva. Y Pepper necesitaba que esa enfermedad dejase de extenderse por su hermano.

- Mira, Pepper, no me importa esta pequeña cruzada que tienes tu montada de ayudar a todo el mundo, de arreglar los pecados de la humanidad o sea cual sea tu objetivo... Pero eso no quiere decir que vaya a dejar que te metas de cabeza en todas las situaciones peligrosas con las que te encuentras. Habrá veces en las que no podrás salvar el mundo y tienes que aceptarlo. Intentamos ayudar a una niña y por poco nos matan... Me acuchillaron, Pepper.
- Puedes hacer lo que quieras Harry. Pero yo no pienso dejar que se repita lo de Nueva York.
- Y yo no pienso dejar que se repita lo de Charlie.- dijo, levantándose por fin.- En este momento, lo único que me importa es que tu y yo estemos a salvo. No pienso perder a nadie mas.

Pepper permaneció unos segundos en silencio. Sabía que Harry se iba a negar incluso antes fe entrar en la habitación, pero su respuesta le decepcionó de todas formas.

- Así que lo único que vas a hacer es mantenerme a salvo, ¿Eh?- Pepper preparó su sonrisa más repelente para aquel momento.- Bien. Si yo me quedo en este sitio, la única forma en la que me puedes mantener a salvo es defendiendo el pueblo... ¡Pues bien!

Pepper decidió no perder la atención que había ganado; con un rápido movimiento de manos agarró las esposas de la mesa y, con otro movimiento más veloz que el anterior, se esposó a una silla.

- ¿Era eso necesario?
- No. Pero sabes que he tenido siempre cierto gusto por lo dramático.
- Lo peor es que yo hubiera sido más dramático todavía.
- Puedo recitar a Lady Macbeth, si quieres.
- Vale, muy bien. Voy a ayudar a esta gente, pero en el momento en el que algo salte sobre ese muro te meteré a patadas en el coche y nos iremos tan rápido como podamos. ¿Lo has entendido?

Pepper asintió.

- Bien. Yo voy a ver que armas tenía Carcer en el coche; tu vas a reunir a todo el mundo en la plaza o en la taberna o donde te de la gana y les vas a explicar la situación. ¿Entendido?
- Si.
- Oh y, por cierto, me llevo esto.

Las llaves de las esposas tintinearon entre sus dedos antes de abandonar la habitación, dejando a Pepper atada a la silla. Por suerte para ella, tenía mucha experiencia con esposas.

• ● •

- Rhedoraptor Kilgorii. Así lo llamaron las personas que crearon y vendieron este monstruo. Pero hubo otros nombres; demonio, scral, devorador, el Ángel del Apocalipsis.. Fueron diseñados como el arma perfecta; eran baratos de crear, fáciles de criar y, una vez liberados, implacables. Lo que fuera que cualquier otro animal que Industrias Kilgore podía hacer, el rhedoraptor lo podía hacer mejor, por una sencilla razon; el rhedoraptor tiene tanto de animal como yo de papelera.

La multitud la miraba con dos docenas de ojos asustados. Uhura había reunido a todos los habitantes de la colonia que podían combatir en una pequeña taberna y, para decepcion de Pepper, el número apenas llegaba a una docena de trabajadores que se unian a los seis hombres de los que disponía Uhura en su guardia.

- Creo que ya les has asustado bastante.- interrumpió le comandante Uhura.- Estás cosas ¿Se pueden matar?
- Si. Si les pegas un tiro en la cabeza o en el corazon se mueren, como cualquiera de nosotros. Pero fueron diseñados con un sistema nervioso defectuoso; no sienten el dolor. Podrías reventarles la cabeza, pero si su cerebro y corazon siguen intactos no se retorcerá de dolor. Seguirá luchando.
- Vale. Supongamos que podemos pegarle un tiro... ¿Qué les hace tan diferentes de los otros animales?
- Que te seguirán jodiendo hasta después de muertos.- cortó Harry.

Todas las cabezas se giraron; Harry acababa de entrar en el bar, dos revólveres en la cintura y el pelo largo recogido en un moño. Caminó hacia la barra, donde estaba Pepper, con una ligera cojera y sosteniendose el costado.

- Esas cosas tienen una glándula en el cuello; una vez se muere, la glándula suelta un olor, como un desodorante con garras.- Harry se encaró a la gente. - Ese olor lo puede oler cualquier rhedoraptor en diez kilómetros a la redonda. Así fue como cayeron las grandes ciudades, pero ahora sabemos que debemos quemarlos antes de que pasen dos minutos de su muerte.

Uhura dió una palmada fuerte para reunir la atención de todo el mundo.

- Bien.- dijo Uhura, dirigiéndose al resto de personas en la habitación.- Os habréis dado cuenta que estas personas ya han tenido cierta experiencia con estos animales y, muy amablemente, se han ofrecido a ayudarnos. He estado hablando con Pepper, vamos a preparar tres grupos diferentes; el primero se dedicará a proteger la muralla. Llevo idea de dirigirlo yo.
- ¿Donde está nuestro líder?
- Nuestro... Querido líder, al que todos decidisteis elegir democráticamente a pesar de que os advertí que era un completo imbécil, se ha encerrado en la casa mayor. A montado una barricada pare el y su mujer, a pesar de que queríamos usar la casa mayor para proteger a los niños.

Pepper lanzó una mirada al comandante. Era joven, pero sus ojos tenían una mirada cansada y estaban decorados con una ojeras que podían competir con las de su hermano. Era obvio que su trabajo era mucho más que encargarse de la seguridad.

- Por eso voy a tener que montar un segundo grupo para proteger a los enfermos, niños y ancianos. Solamente en caso de que sobrepasen las murallas.
- ¿Y el tercer grupo?- preguntó una voz entre la multitud.
- Ese soy yo.- Pepper levantó la mano.- Llevo idea de situarme en el tejado mas alto con esto. Voy a asegurarme que no se acerquen demasiado, pero no puedo detenerles demasiado lejos, porque entonces es imposible que los quemeis. Pero voy a necesitar a alguien que me ayude. Un voluntario.

Una mano se levantó entre la multitud; una muchacha joven, apenas más de 16 años avanzó entre la gente y se colocó frente a ella.

- ¿Puedo confiar en ella?- preguntó a Uhura.
- Es la hermana de la niña que trajiste, creo que puedes confiar en ella.
- Bien.
- ¿Harry?- preguntó Uhura, mirándolo con curiosidad.
- Tuve ocasion de acabar con Carcer, pero salí corriendo.- dijo.- Como un cobarde. Pienso dirigir la defensa en el muro, pero en el momento en el que vea que está todo controlado voy a saltar y buscar a Carcer. Y entonces voy a matarlo.
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MensajeTema: Re: Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo   Vie 16 Mar 2018, 9:03 am

II

Harry estaba herido, confuso y cansado. Pero, por encima de todo, Harry estaba enfadado.
La herida del costado que le había provocado Carcer, a pesar de estar cosida y desinfectar, le dolía como un infierno mientras se adentraba en el bosque. Se llevó la mano, todavía sangrando por el mordisco que le había propinado el rhedoraptor, al bolsillo y encontró el reconfortante tacto de una daga. Una lluvia suave empezó a caer.
A Harry no le importaba. Tenía que encontrar a Carcer. Tenía que matarlo.

• ● •

Harry estaba todavía en la taberna con Pepper y Uhura cuando sonó la señal; Harry había visto muchos sistemas para avisar de la llegada de animales en distintas colonias, su favorito seguía siendo el que había visto en la Puerta del Cielo; un enorme cuerno de triceratops vaciado y lacado en un azul claro como el mar, adornado con baratijas de pan de oro que producía un rugido de tono muy bajo que recorría el suelo y te subía por los pies hasta el pecho. Por eso el rudimentario disparo que le avisó allí le sorprendió.
Pepper saltó a la calle y empezó a subir a uno de los edificios más altos que había en la colonia, sobre el cual había construido su nido de francotirador. Mientras, Harry y Uhura, cargados con las armas que habían encontrado en el almacén y el maletero del coche de Carcer. Resonaron más disparos. Muchos más. Ya habían caído sobre ellos.
Cuando llegó de nuevo a la muralla, Harry estaba en el infierno. El mundo se desmoronó en una oleada de recuerdos; dos raptores escalaban la muralla, la gente gritaba. Los raptores destrozaban a la gente, y está seguía gritando. Alguien gritó su nombre.

- ¿Charlie?- le preguntó su cabeza al aire.- Charlie, hazme un favor; despiértame. Estoy soñando en un mundo sin ti... y es una pesadilla.

Un rhedoraptor apareció sobre las murallas; sus ojos muertos observándoles a todos desde la altura. Alguien intento cortarle la cabeza con un cuchillo. Y el rhedoraptor le cortó la suya.
Un disparo cortó el aire como un cuchillo. El rhedoraptor se derrumbó bajo su peso; la bala de Pepper le había atravesado el cerebro de lado a lado. Harry despertó justo a tiempo de agarrar una botella de gasolina y lanzar el cadáver llameante sobre la muralla. Más y más rhedoraptores cayeron con certeros disparos y, los que no, fueron despachados rápidamente.


- Madre mía.- gritó Uhura.- Preparad las armas, ahora. Respirad con fuerza y los que no os veáis con fuerza para disparar, quemad los cadáveres. No lloréis por los muertos sin antes luchar por los vivos.

Harry miró al horizonte. Una nube negro se cernió sobre él; había docenas de ellos en la distancia. Como buitres hacia un cadáver.

• ● •

La lluvia no paraba; incluso entre los árboles, el agua fría se filtraba entre las ramas y la caía sobre la cabeza. El pelo empapado le caía por la cara, obligándole a cerrar los ojos; se echó la capucha por encima del pelo, se puso las manos en los bolsillos y siguió caminando. La sangre de la herida empezaba a pegarse con la tela, pero Harry siguió caminando.
Había perdido la pistola, el mechero y los guantes entre los cadáveres. Ya volvería a por ellos. De momento en su cinturón notaba el peso de su daga, y aquello era suficiente.
El frío le calaba los huesos y la herida bajo sus costillas le ardía como fuego. Pero su odio ardía con fuerza. Iba a encontrar a Carcer. Y le iba a hacer pagar todo lo que había hecho.
Sacó la mano del bolsillo, apartó la capa y sacó la daga; la sangre seca se estaba escurriendo por culpa de la lluvia y el rojo carmesí dio paso al gris plateado del acero.

• ● •

La última vez que la había tenido en las manos había sido bajo la muralla de la colonia; el sol le daba en los ojos y lo único que conseguía ver llegar eran sombras borrosas. Desde lo alto de la muralla, Uhura gritó órdenes a los defensores de la ciudad antes de saltar la muralla y unirse a él.
A sus espaldas, alguien lanzó una maldición en un idioma que no comprendía y unas seis voces rezaban a dioses distintos.

- ¡Cargad!- gritó Uhura antes de añadir- ¡Apuntad y aguantad!- las sombras se acercaban. Más y más. El sol se volvía más insoportable y Harry tenía que entrecerrar los ojos para poder ver.- ¡Aguantad!- repitió.- Aguantad... ¡Disparad!

Una docena de rifles resonaron al disparar.
Harry recordó que había unas gafas de sol en su bolsillo; eran rosas, pequeñas y las había saqueado de un cadáver, pero eran útiles. Cuando se las colocó miró la llanura y vio el infierno; recuerdos que no deseaba empezaba a entrar en su cabeza. Dos docenas de rhedoraptores corrían hacia ellos y a menos de dos metros de ellos, dos rhedoraptores.
Mientras Uhura preparaba una segunda ronda de disparos, Harry recogió la litrona de gasolina y saltó hacia los cadáveres. Tenía dos minutos antes de que la glándula empezara a segregar. En apenas treinta segundos llegó sobre el primer cadaver, abrió la litrona y vacío un tercio sobre la garganta del rhedoraptor. Un minuto. Lanzó una cerilla y saltó sobre el fuego para ir hacia el siguiente cadáver.
El siguiente rhedoraptor apareció de la nada; sus mandíbulas chasquearon a apenas cinco centímetros del cuello de Harry. El mundo se detuvo. Mientras Harry esquivaba el raptor y esprintaba hacia el siguiente cadáver, tuvo que enfrentarse a sus ojos, que abrieron una presa de recuerdos en la cabeza de Harry. Recuerdos con los que no iba a lidiar en ese momento. Treinta segundos.
Apenas un metro le separaba del cadáver, pero notaba el rhedoraptor corriendo detrás de él. Veinte segundos. Se lanzó al suelo en el momento justo en el que el rhedoraptor se lanzó contra él. Abrió con manos temblorosas el recipiente de la gasolina y vacío otro tercio. Diez segundos. Encendió la cerilla y la lanzó sobre la yugular. El cadáver ardió mientras el otro rhedoraptor se daba la vuelta.

Harry apenas había tenido tiempo de levantarse cuando el raptor se le abalanzó encima. Pero Harry había tenido otros encuentros y savia que hacer; levantó la pierna y, con el pie, sujetó al rhedoraptor por el pecho. Las mandíbulas castañeaban contra su cabeza, pero Harry lanzó el brazo hacia ellas. El rhedoraptor mordió y se encontró con sus brazaletes de cuero. Harry se alegraba de haber gastado tanto dinero por ellos. Ya era la tercera vez que le salvaban la vida.
El rhedoraptor siguió mordiendo. Harry tenía todavía una mano libre y la usó para desenvainar la daga, mientras el raptor usaba sus garras para intentar destriparlo, sacando pedazos de ropa y dejando unas enormes marcas en su chaleco antibalas. Lanzó su mano disparada y la daga fue a impactar con el lado de la mandíbula del rhedoraptor. No gritó. No soltó su mordisco. Sus ojos no mostraron dolor. No. Aquello hubiera sido normal.

Empujó la daga hacia detrás, obligando al rhedoraptor a soltar su mordisco. Aprovechó su mano liberada para agarrar la otra daga. El cuchillo se hundió en la zona superior de la cabeza y salió por la cuenca del ojo derecho. El cuerpo se derrumbó sobre él. "Híbrido, mutación o animal, necesitas un cerebro para funcionar. A no ser que seas Pepper." pensó, arrepientiendose de que Pepper no estuviera allí para oír aquello.
Harry dio un vistazo a su alrededor; no parecía que quedarán más rhedoraptores. Miró hacia atrás. Las murallas estaban atapidas de cadaveres; los de los rhedoraptores estaban en llamas y los de los humanos descansaban bajo la muralla. Al acercarse vio que muchos estaban repletos de arañazos, de mordiscos, pero algunos habían muerto al caer de la muralla. Uhura tenía el rostro de color rojo; su uniforme de la guardia pintado de sangre. Se pasó la mano por la cara y la llenó de sangre de rhedoraptor y hollín.

- El ataque en esta zona a terminado.- dijo.- Aún quedan unos cuantos en la muralla este, pero se están encargando de ellos.

Harry estaba distraído. En la zona oeste había una pila de cadáveres que ocupaba la muralla. Todos eran humanos; más de una docena de personas formaban una torre de muertos por la que algo estaba escalando. Un rhedoraptor.

• ● •

Harry había seguido el rastro de cadáveres por el pueblo; uno a uno, el rhedoraptor había cazado sin piedad a todos los que encontraba en su camino. Harry lo persiguió.
La colonia no era muy grande; era difícil esconderse entre edificios, pero el rhedoraptor había desaparecido por completo. Miró hacia el tejado mas alto, desde donde Pepper había estado disparando solo para ver a una muchacha joven, sola en el tejado, señalandole hacia el norte. Pepper no estaba. Pepper se había quedado sin munición y había decidido matarlo con sus manos. Pepper no podía hacer eso.
Corrió hacia la dirección que le señalaba la muchacha. Corrió tan rápido como sus piernas doloridas le permitían.

Encontró el rhedoraptor junto a un montón de edificios que parecían almacenes y a Pepper veinte metros delante de él. Petrificada. Apuntaba con una pistola hacia el animal, pero no disparaba.
Sin siquiera llegar a pensarlo, Harry saltó entre el raptor y ella; poniendose en el camino de las fauces castañeantes. Le quitó la pistola a las temblorosas manos de Pepper y disparó. Los ojos del rhedoraptor se volvieron blancos y se desplomó en el suelo.


- No he podido Harry.- confeso Pepper junto al fuego de cadaver.- No he podido. Gente ha muerto por mi culpa.
- No ha sido culpa tuya, Pepper. No puedo pedirte que seas perfecta, por mucho que tu si. A veces es mejor que nos resulte difícil matar.- Harry le dio un beso en la frente.- Todo esto ha sido culpa de Carcer. Y voy a hacérselo pagar.

• ● •

Y allí lo tenía, delante de él. Dándole la espalda, fumando un cigarrillo sentado en el asiento del coche en el que había impactado el tiranosaurio. Harry se quedó callado y relajo su respiración al mínimo. Empezó a avanzar.
Caminó. Las hojas no crujieron bajo sus pues, sus pasos eran silenciosos como el aire. Se colocó detrás del coche, de forma en la que Carcer fuera incapaz de verle aunque se diera la vuelta, y se permitió respirar con fuerza. La daga soltó un destello cuando la sacó de su bolsillo, como si clamara por la sangre de Carcer. Se deslizó como una serpiente por el coche y, cuando estaba tan cerca de Carcer que podía oírle respirar, atacó.
La daga se clavó en el costado de Carcer como si fuera mantequilla. Carcer gritó como un animal y dio un salto para apartarse de él. Cuando le miró, Harry pudo ver que tenía la cara empapada de sangre. Se pasó la mano por el costado donde le había apuñalado Harry y se miró la mano, cubierta de sangre. Se rió.

- Has vuelto. Sabía que volverías; no eres la clase de persona que olvida las cosas. Deberías aprender a perdonar, Harry.
- Que te follen, Carcer.

Carcer se rió y sacó la pistola. Casi como un acto reflejo, Harry se lanzó a un lado. La bala le pasó silbando junto a la oreja y se perdió entre los arbustos. Carcer volvió a sonreír, apuntando la pistola hacia él, pero no volvió a disparar. Su última bala. Malgastada.

- Hay algo que no sabes sobre mi, Carcer. Soy el tipo que llevaba el cuchillo al tiroteo. Y resulta que gané.

La daga atravesó el claro como un destello plateado y, antes de que se diera cuenta de lo que venía a por él, veinte centímetros de acero impactaron contra su hombro y su brazo derecho cayó muerto, soltando la pistola. De las comisuras de sus labios sonrientes brotó un rubí rojo mientras su mano buscaba la empuñadura del cuchillo para sacarlo.

- Yo de ti no lo sacaría o la sangre empezará a brotar como una fuente.

Carcer sonrió. Era lo único que hacia; Harry se había dado cuenta de ello. Carcer era un perro que ladraba, pero incapaz de morder; mantenía una reputación de monstruo con brutalidad esporádica, pero eso no lo hacía más peligroso que cualquier otro de los mercenarios de Summerhall. Lo único que diferenciaba a Carcer del resto de mercenarios es que el tenía estilo. Pero ahora Harry sabía que el mayor monstruo en aquel claro era él.
Harry recorrió el claro con un salto, arrancó el puñal del pecho de Carcer y se lo colocó junto a la garganta. Los dientes se le apretaron tanto que empezaron a rechinar.

- No puedes hacer esto, Harry. No sabes como hacerlo; porque sabes que no tienes ninguna opción. Si me matas; demuestras que eres un monstruo a los ojos de tu hermana. Pero si me dejas libre; pienso hacerte la vida imposible Harry. Seré tu peor enemigo, tu peor pesadilla. Nunca te libraras de mi.
- Yo no voy a matarte, Carcer. No. Lo va a hacer la civilización; pienso enviar el peor de los mensajes a Summerhall. Summerhall cree que puede detenernos a todos, que la civilización se ha destruido y ya no existen leyes. Pero la civilización es una rueda; quizás este rota y oxidada, pero mientras haya gente fuerte y dispuesta, seguirá girando. Quizás en la dirección equivocada, pero siempre gira.
- Supongo que una última decepción era lo esperado. No eres más que un cobarde con máscara de asesino.
Harry quitó la daga de su cuello y lo inmovilizo contra el suelo con la rodilla. Usó su camisa para atarle las manos.

- Quizás lo sea. Pero yo está noche dormiré como un bebé y tú lo harás a dos palmos sobre el suelo, con una soga en el cuello.
- Summerhall te va a matar.
- Summerhall ya quiere matarme. Pero antes tendrá que encontrarme. O quizás sea yo quien lo encuentre primero.

Harry agarró a Carcer por el cuello de la camisa y lo arrastró hacia la justicia.

• ● •

- Deberíamos haberles dado más.- le dijo Uhura al gobernante de la colonia. Los dos viajantes, Pepper y Harry, habían abandonado aquella mañana la colonia, dejando detrás de si un cadáver que todavía de balanceaba, colgando de la plaza mayor.
- Les dimos lo que se merecían, Uhura. Nada más.
- Nos salvaron, Herald. Que es mucho más de lo que tu llegaste a hacer.
- Nos salvaron después de ponernos en peligro, comandante. Los viajeros no traen más que problemas.
- Y niñas pérdidas, si no recuerdo mal.
- Uhura ¿Intentas hacerme perder poder? Porque me gustaría recordarte que tienes mucha suerte por conservar tu puesto de comandante.

Uhura se había hartado hace mucho tiempo de ese tipo; pero el vaso estaba rebosando y aquel imbécil no dejaba de llenarlo. Se resistió a escupirle en la cara.

- Una pregunta, Herald; ¿Qué se siente al estar seguro mientras las personas que habías prometido salvar mueren?
- Tenía que asegurarme de que sobreviviera...
- Eso me imaginaba.

Uhura escupió y, con un rápido giro de talones, abandonó la habitación, abandonó la casa y abandonó la colonia. El mundo siguió girando.
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Struggle For Life. Book 1; Danza en el Fin del Mundo
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