JURASSIC PARK
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 NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna

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DinoRevolutionFan
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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Mar 16 Feb 2016, 6:27 am

Hacia tiempo que no se veia un episodio de Nieve, se echaba de menos. El Sabueso Negro es todo un badass.
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guillem
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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Vie 19 Feb 2016, 3:54 am

Las puertas de Puntadragon resonaron con todo su poder la noche siguiente. La lluvia había empezado a caer y los guardias que Sabueso Negro había apostado en las partes más débiles de la muralla se estaban cobijando bajo telas de color rojo y de los estandartes del banquete de la noche anterior. En el interior del castillo, las paredes retumbaban cada vez que un rayo cortaba el cielo, iluminando la noche negra con un color azul eléctrico como antorchas de infinito poder y las lámparas se balanceaban con suavidad a causa del viento mientras, en el exterior, el estandarte de Loba Danzante intentaba con todas sus fuerzas aferrarse al mástil que lo sujetaba, bailando al son de la música del viento. Sólo hacia un par de horas, uno de mis hombres había perdido pie a causa de un vendaval y se había precipitado, con todo su cuerpo, murallas abajo, impactando con gran violencia contra las rocas de abajo. Su cuerpo sin vida fue arrastrado mar a dentro por las fuertes corrientes para no volver a salir a flote. Era un buen hombre.

 - No había visto una tormenta semejante desde hace mucho tiempo.- dijo Oso Blanco, con el rostro empapado cuando regresó a la Sala de Sorna. Había salido a tranquilizar a la gente, pero se habia demorado demasiado.
 - Esto no es normal.
 - Quizás sea un presagio de los Dioses.- se rió Sabueso Negro, con sarcasmo.

Me reí cuando lo comentó, pero cuando me puse a pensarlo quizás tuviera razón. Si Ascuas estuviera aquí, ella lo habría confirmado, pero Ascuas no estaba, así que la duda seguía ahí.

 - Si me disculpais, voy a dar una vuelta.- dije, levantándome. Había tenido una idea.
 - No te subas a las murallas.- me advirtió Sabueso Negro.- No vayas a caerte, fingir que nos importas es algo que nos une a mi y a Lord Oso
 - ¿Dónde puedo encontrarte, si te necesitamos?
 - En el Bosque de los Dioses.- dije. No quería que Sabueso Negro me tomara por una supersticiosa. Y lo hizo, ya que se rió por lo bajo, pero no dijo nada.  

El Bosque de los Dioses de Puntadragon era muy diferente al de la Bahía Negra. Para empezar, me encontré con una muchacha de plumas negras y ojos grises que cuidaba de la puerta, una bastarda que a juzgar por los ojos grises debía ser la hija de un Cuervo. Aunque aquello no quería decir nada; yo misma tenía los ojos grises, pero no sabía si mi padre era un Cuervo.

Me arrodillé. Los árboles blancos formaban un círculo, con las caras que tenían talladas en ellos mirando al centro del circulo que formaban. Sin duda aquel era un lugar donde los juramentos eran pronunciados y donde los Dioses Antiguos siempre estaban observando. No dije nada, deje que el viento hablase por mí. Para mi sorpresa, la tormenta amainó en pocos minutos y una voz lejana empezó a cantar.

"La mujer del sureño la más dulce era
Sus besos cálidos como la primavera.
Pero las garras del sureño eran del más negro acero
Y sus besos eran del dolor más certero."

Por un instante, la locura cruzó mi mente y me llevó a preguntarme si eran los Dioses Antiguos los que cantaban. Pero al poco me di cuenta de que la voz cantante llegaba de las puertas del Bosque de los Dioses.

"La mujer del sureño cantaba durante el baño
Su voz era dulce como el melocotón
Pero las garras del sureño tenían su propia canción
Y esta dolia como la picadura del escorpión."

Me pregunté si Oso Blanco o Sabueso Negro me habían seguido, pero la voz sonaba demasiado pícara, demasiado dulce para ser uno de ellos. Poco a poco, la canción de iba haciendo más y más cercana.

"Y mientras yacía en el suelo y la vista se le nublaba.
Noto que el sabor de la sangre su boca llenaba.
Sus hermanos se arrodillaron y rezaron una oración.
Y ella sonrió, se echó a reír y entonó una canción."

Me levanté, esperando al intruso.

 - Este es un lugar sagrado.- oí decir a una voz junto al cantante. Era una voz femenina, la de la bastarda.
 - Este lugar es sagrado... para ti. Yo respeto a otra diosa mas satisfactoria. - contestó la voz del cantante, sólo reconocible porque debía ser la única persona que había en el bosque junto a mi y la muchacha. Cuando no cantaba, la voz sonaba como la mismísima tormenta; fuerte y brutal, desentonaba de su voz cantante como un trueno en una dulce noche de verano.
 - Y cual es esa, mi señor.
 - La belleza.

El hombre se plantó enfrente de mi, a las puertas del claro, bajo un árbol blanco. Avanzó hasta el centro del circulo. Tenía la mandíbula cuadrada, los ojos dulces y amarillos, las plumas marrones moteadas de gris ceniza y un rostro que deberia ser severo si no fuera porque estaba acostumbrado a sonreír. Su boca estaba hecha para aquello: tenía la comisura rojiza, los bordes redondeados y los dientes blancos como la leche.

 - Y veo que estoy en el lugar indicado para adorarla.- sus ojos dulces me dieron un vistazo de arriba a abajo.- Mi señora.- su forma de hablar y la inclinación que realizó le delataron como alguien de noble cuna.
 - No soy noble. Soy una bastarda a la que la suerte le viene y le va.
 - Salvaje.- dijo, avanzando hacia mí.- Me gustas. ¿Tienes nombre?
 - Nieve. Nieve Nocturna.
 - Bonito nombre.- el hombre sonrió.- Mi nombre es Ciervo Invernal, pero todos los que me conocen tienen un nombre mejor para mi: Tormentalegre.
 - ¿Tormentalegre?- aquel nombre me sonaba. Lo había oído antes. El otro nombre si que lo conocia: ciervo era el nombre de los señores de Fuertetormenta, los más altos reyes de las Playas de la Tormenta. "Nuestra es la furia" aclamaba su grito de guerra.
 - Quizás te suene. He ganado mas de cien torneos en los últimos cinco años.- Tormentalegre sacó una botella y la abrió con destreza. Dio un trago largo y volvió a sonreír. Esta vez, sus dientes blancos estaban manchados de rojo.- Gané el combate más importante de toda la historia reciente.
 - Con el debido respeto, Príncipe de la Tormenta, el torneo de Lanza del Sol no fue famoso por la batalla que se libró.- le comenté.- Es famoso porque en él empezó una revolución.
 - Bueno, eso son datos menores.
 - ¿Que haces aquí?
 - Casi se me olvida.- el tormenteño se dio un golpe en la cabeza con la palma de la mano.- Lobo Gris ha logrado un pacto. Avanza por las Tierras de los Ríos junto a un ejército de más de quinientos tormenteños y norteños. La tormenta y el lobo marchan codo a codo por caminos enbarrados para lograr esquivar a la Reina y iniciar un asedio en Puntadragon cuando su ejército esta fuera.

Aquellas palabras fueron lo peor que podía haber salido de la boca de Ciervo Invernal. Si quinientos hombres se acercaban, estábamos perdidos. O lo habríamos estado, si Tormentalegre no hubiera traicionado a su padre, el Rey Tormenta, para venir a avisarnos.

 - Envía los pájaros, atranca las puertas.- Tormentalegre se sentó en el tronco de un árbol blanco, dando tragos a la botella.- La tormenta se acerca y debes buscar refugio. Una pena que no hayas oído entera mi canción, el final es lo mejor.
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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Vie 19 Feb 2016, 5:31 am

El detalle de que Nieve era bastarda me lo habia perdido totalmente, seguramente se habia mencionado antes pero tengo memoria de pez xD....asi que por eso se llama "Nieve".

Dejandome de bromas, buen episodio como siempre.
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guillem
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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Mar 23 Feb 2016, 3:58 am

- Voy a matar a ese hombre.- sentencié.

El cuerno de batalla resonó de nuevo, penetrante y agudo como si el cuerno estuviera clavándose en mi cabeza de verdad.

- Pienso matar al puto hombre de ese cuerno.- dije de nuevo, tirada en la Silla de Plata.- Me da igual cuántas garras me atraviesen, cuántas dentelladas me hayan propinado, pienso arrastrarme hasta el puto hombre del puto cuerno y se lo meteré por el puto culo antes de matarlo.
- Lo hace para recordarnos que estamos rodeados.- dijo Oso Blanco.
- Ya de que estoy rodeada. ¡Lo se porque he subido a las murallas y he visto que estaba rodeada!

Era cierto. Tras asegurarme de que las puertas estaban bloqueadas y que nadie podía pasar, me subí a las murallas acompañada de Sabueso Negro. El espectáculo habría sido sobrecogedor si se hubieran tratado de nuestros hombres: mas de quinientos hombres estaban acampados frente a las murallas de Puntadragon, con brillantes estandartes ondeando sobre la hierba verde: El ciervo negro sobre amarillo de Fuertetormenta ondeaba codo con codo junto al lobo, negro sobre hielo, y el blasón personal del Bastardo Negro, un cuerpo humano desollado, rojo sangre sobre rosa, aterrorizaba a todo aquel que se acercase. Otras casas menores también ondeaban sus blasones; la calavera humana, hueso sobre sangre y de Bastión de Lágrimas, el cuervo del Nido de Cuervos, negro sobre verde.

- ¿Dónde esta el halcón del Nido de Águilas?- le pregunté a Sabueso Negro.
- Al otro lado.- gruño el Guardia Real.

Tenía razón; me condujo hasta el otro lado de las murallas, donde más de treinta barcos guardaban la costa, impidiendo que nada cruzarse la línea imaginaria que los unía. Estábamos rodeados, la comida no entraba, la comida iba a agotarse poco a poco y mis hombres iban a morirse de hambre antes de que Lobo Gris se levantase de su sitio y marchase sobre Puntadragon. Y si no me hubiera muerto de hambre, mi cabeza colgaría sobre las murallas del castillo cuando la Reina Dragón volviese del Molino.

El cuerno sonó de nuevo.

- Voy a...
- Lo sabemos, bastarda.- dijo Sabueso Negro.- Vas a matar a ese hombre.
- ¿Cómo lo has sabido?- le pregunté con todo el sarcasmo que pude encontrar. Entonces una duda me asaltó.- ¿Dónde esta Tormentalegre?
- O ha asaltado la despensa... O un burdel.- dijo Oso Blanco.- Y dado que no tenemos burdeles dentro de las murallas, mis votos están en la despensa.
- ¿No sabe que estamos bajo asedio? Hay que racionar la comida.
- Cuando dice que esta en la despensa se refiere a que ha asaltado el vino.

Podía mandar a alguien a que lo buscara, pero había un par de personas con las que era muy preciso que hablara.

- Sabueso, tráeme al curandero.- ordené. Como castellana de Puntadragon gozaba de tanto poder como la mismísima señora de Puntadragon.

El Guardia Real asintió en silencio y abandonó la habitación. Apenas tuve que esperar un par de minutos para que el obediente perro regresase con el curandero, con la cadena repiqueteando en su cuello. Su mirada nerviosa me indicaba que tenía miedo de que descubriera algo. Tormentalegre les acompañaba, pasando por mi lado, arrastrando sus garras por la costa sureña de la mesa y robándome la copa de vino.

- Tu nombre.
- Cuervo de Sangre.- el muchacho estaba asustado. O lo fingía.
- ¿Cuervo? Los Cuervos apoyan a Lobo Gris.
- Renuncié al nombre y a mi familia cuando pronuncié mi juramento como curandero.

《Pastel. ¿Porque estoy pensando en Pastel? Pobre, asustadizo y pequeño muchacho ¿Habrás encontrado el valor en Fosoinfierno?¿Habrás conseguido amigos o algún eslabón de tu cadena.》

- Voy a ignorar tus raíces, chico.- le advertí.- Pero no me vengas con tus falsos miedos. Se que no estas asustado.
- ¿Que?
- Ojalá fueras tan buen actor como curandero.- dijo Tormentalegre con una sonrisa en los labios.- ¿Eres así de malo en la cama?
- Deja de ligar, Ciervo.- le advertí. En los últimos dos días, Tormentalegre le había tirado los tejos a la mitad de los sirvientes y a la mitad se los había llevado a la cama. En dos días.- ¿Has enviado todos los pájaros?
- La mitad de ellos, si. Cuarenta en total, todos a lugares diferentes.- el miedo del curandero se había esfumado.- ¿Porque?
- Tenemos que asegurarnos que la Reina Dragón se entere de todo lo que esta pasando. ¿Tenemos Fuego Danzante?
- Fue... ¿¡Fuego Danzante!?- la cara que puso el curandero sólo era comparable con la que puso Sabueso Negro.- No. Mi... mi señora. No tenemos Fuego Danzante.
- Una pena. Con un par de frascos y una catapulta les regalaba a los barquitos de Lobo un precioso espectáculo de fuegos artificiales que nadie olvidaría.- la estrategia de la Bahía Negra habría sido muy útil en un momento como este, pero si no podía ser, no podía ser.- Bien, el siguiente será Lord Colina. ¿Dónde está?
- La araña teje sus redes secretas de noche y de día.- dijo el curandero con gesto ominoso.- Yo no me fío de él.

《Yo tampoco. Ese hombre tiene pajaritos, como le gustaba llamar a sus espías, por todas partes. ¿Cómo puede no haberse enterado del pacto?》Despedí al curandero y mandé a Sabueso a buscar a Lord Colina. Tormentalegre había acabado siete copas en el rato en el que había estado detrás de mi.

- ¿Crees que las mujeres les gusto por mi poder, mi forma de luchar o por mi sonrisa?- preguntó con un tono que me indicaba que llevaba demasiado alcohol en la sangre.
- Seguro que es por tu increíble personalidad.- le solté con sarcasmo.- Venga, deja esa copa donde estaba.
- Quizás se buena idea.- dijo después de mirar durante un par de minutos la copa.

Una lluvia fina había empezado a caer y empecé a notar que algo iba mal cuando el cuerno había dejado de sonar. Intenté encontrar una solución para mis problemas cuando oí unas fuertes pisadas. La puerta se abrió de par en par y Sabueso Negro se abalanzó sobre la habitación con cuatro soldados a su lado.

- ¿Que esta pasando?- me levanté de un salto.
- El Bastardo Negro. Nos... Nos están lanzando cosas.- bramó el Guardia Real.
- ¿Acaso se cree que van a vencer a Puntadragon con piedras?
- No lanzan piedras, princesita.- me dijo Tormentalegre, mirando por la ventana y apurando otra botella de vino.- Nos están tirando tus pájaros.
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guillem
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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Vie 26 Feb 2016, 5:32 am

- Se lo de vuestros microraptores. Tus mensajes han caído en saco roto. Estas sola ante el peligro.- parecía decir el bastardo con cada Microraptor que golpeaba con brutalidad los muros.

Cuando caía la noche, Nieve de Invierno prendia fuego a los microraptores muertos para que pudiéramos verlos cruzar el cielo negro, impactando contra los muros y lloviendo sobre el patio. Unos pájaros se rompían en pedazos en el aire y estallaba en una nube de sangre y intestinos cuando impactaban en el suelo. Otros rebotaban contra los muros o la torre, dejando una mancha de sangre seca y ceniza para marcar el lugar del impacto.

Los primeros días recibíamos tres pájaros al día, durante los primeros tres días. Después, el ritmo se reducía a dos: uno por el día, otro por la noche.

Mientras, en el interior, algo peor que un montón de pájaros en llamas nos estaba acechando. 《Se está repitiendo. Es la misma historia otra vez: no tenemos comida. ¿Cómo he podido volver otra vez al Bosque Pesadilla? La última vez acabó muy mal. Pero, por suerte, todos mis hombres me son leales.》 pensé. 《Pero el Viejo Oso pensaba lo mismo de Mediamano.》

Mandé a Sabueso Negro a buscar a lord Colina, con el que quería hablar desde hacía un mes, pero estaba demasiado ocupada administrando un castillo hambriento y disculpandome con mis hombres por tener que reducirles las raciones, cosa que parecía no afectar en nada a la despebsa: la comida seguía menguado a una velocidad que no parecía normal. Lord Colina se presentó ante mi, me saludó con una reverencia exagerada y me dio un regalo.

- ¿Que es?- le dije, moviendo el objeto entre los dedos. Tenia una hoja afilada en la punta y una preciosa empuñadura de piedras preciosas.
- Una daga humana, mi señora. Semejante a la que Nieve de Invierno usa para desollar a la gente.
- ¿Porque me regalas esto, Araña?
- Pocos son los que me llaman así. Al menos, cuando yo estoy delante.- me comentó el viejo.- ¿Acaso no puedo regalar algo a la castellana de Puntadragon?
- Si. Siempre que sepas que así no vas a ganarte mi favor.- le tendi la daga a Sabueso Negro, que la inspeccionó con cuidadosidad. Dio un cabezazo de aprobación.

- ¿Eres el Maestro de Rumores?
- Así me llaman.- contestó, hinchando el pecho.
- Disculpa mi ignorancia pero, exactamente, ¿Cuál es la función que desempeña el Maestro de Rumores
- Saber cosas que nadie más sabe. Por ejemplo, sé que Cara Cortada no ha matado a su hermano, como el mismo asegura.
- ¿Cómo lo sabes?
- Los pajaritos.- el viejo me sonrió. Pajarito era sólo un eufemismo para espía.- Ellos me susurran cosas en el oído.
- ¿Tu entrenas a estos pajaritos?
- Ya vienen entrenados, mi señora. Yo sólo me aseguro de pagarles más que la competencia.
- En ese caso, me gustaría saber una cosa. Si tanto sabes ¿Porqué no te has enterado de los movimientos de Lobo Gris?¿Porqué me he tenido que enterar por Tormentalegre de que se acercaba un ejército?

El rostro del anciano cambió por completo y perdió el color. Sus ojos me miraron.

- He trabajado para esta familia durante años.- dijo.- Lobo Gris sabe como funciona mi red de espías, sabe como evitarla.

《¿Qué oculta este hombre?》 sospechaba que entre lord Colina y el curandero no tramaban nada bueno, no estaba segura de si juntos o separados. Tal vez el sistema de Nieve de Invierno seria mas útil: llamar a Sabueso Negro, montar dos cabezas en las murallas, y se acabó. 《Y sería un hermoso espectáculo.》

- Por suerte para ti, voy a pasar por alto esto.- su rostro volvió a sonreír.- Voy a necesitar a uno de tus pajaritos.
- ¿Que?
- Necesito a alguien que se cuele en el campamento por la noche y marche hasta el Molino sin ser detectado. ¿Tienes a alguien capaz de hacer eso?
- Creo que si, mi señora.- me dijo, después de contar mentalmente.- Estará listo está noche, si así lo deseáis.
- Vete.- le ordené con voz militar, sin despedirlo debidamente.

El viejo saludó por segunda vez y abandonó la Sala de Sorna.

- Mi señora...- dijo una voz desde la entrada. La del curandero.
- Dejalo pasar, Sabueso.- le dije, saltando de la silla.
- No necesito pasar, sólo que me sigas.- me dijo el curandero, preocupado.

Indiqué a Tormentalegre que nos siguiera y seguí al curandero. Nos advirtió de que iba a hacer frío a donde ibamos a ir, por lo que nos proporcionaron un par de capas arrugadas de piel y, aun así, en las zonas más bajas de las mazmorras de Puntadragon, el frío cruzaba y me helaba los huesos. El curandero encendió una antorcha y me mostró el camino.

- ¿Que es este sitio?
- La despensa- dijo Ciervo Invernal, que sabía perfectamente como encontrar el vino.
- Aquí almacenamos la comida para el invierno. Se mantiene fría durante el verano y no se pudre durante el resto del año.- abrió la puerta y nos mostró la habitación; estaba casi vacía, con excepción de un par de cajas de vino
- Vine aquí hace una semana.- preguntó, confuso, Tormentalegre.- ¿No había más comida?
- La había.- confirmó el curandero.- Pero se va gastando.
- ¿Cuando puede durarnos?- le pregunté, esperando una respuesta positiva.
- Una semana.- me dijo. Aquello superaba con creces lo que yo no quería oír. "Un mes, dos." Me habría encantado oír eso. Una semana era lo peor que podía oír.- Tras eso, o morir se hambre o combatir. Yo voto por lo segundo.
- ¿Me harías un favor y reunirias a mis consejeros?- le pedí a modo de favor al curandero.
- Si, mi señora.

Puede que el curandero ocultase algo, pero algo era seguro: En veinte minutos, los cinco hombres que habían pasado a formar parte de mi consejo estaban junto a mi en la Sala de Sorna.

- ¿Y ahora?- mi estómago rugia, demandando comida como un perro.
- Luchar.- sentenció Sabueso Negro, con el rostro oculto por las sombras, que unido a su cicatriz le hacían parecer extremadamente tenebroso.

Sin embargo, Oso Blanco no parecía de acuerdo con el Guardia Real.

- No tenemos suficientes hombres.- dijo, desesperado.- Sería un ataque suicida.
- Y que quieres que ocurra, viejo ¿Que nos muramos de hambre?- le advirtió Sabueso.- Lo único que Lobo Gris tendrá que hacer después de eso será entrar por la puerta y sentarse en la Silla de Plata, apartando nuestros cadáveres a patadas.
- Yo estoy con el tipo feo.- comentó Tormentalegre, sonriendo, mientras entre sus dedos bailaba una copa de vino.- Si vamos a morir, hagámoslo con honor.
- Quizás Nieve de Invierno te arranque las garras.- le advirtió Oso Blanco, casi una maniobra desesperada.- ¿Con que combatiras entonces?
- Siempre puedo enarbolar mi enorme pene.- le dijo, con una sonrisa tan carismática que me hizo olvidar la tontería que acababa de decir.
- Esto no es una broma, lord Ciervo.- dijo el curandero.- Si el mensajero de lord Colina no llega, podemos prepararnos para combatir.
- Que así sea.- dijo Sabueso Negro, mientras Tormentalegre canturreaba la canción dedicada a Lobo Gris. "Y ahora las lluvias, lloran en su salón/Sin un alma que las oiga."

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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Mar 01 Mar 2016, 4:07 am

ESCOMBRO III

 - ¿Cara Cortada me demanda?¿Qué me demanda?- el rey releyo la carta y sus ojos se cerraron por un instante.- ¿Nido de Víboras?¿De verdad me demanda Nido de Víboras? Ese hombre nace mas tonto y nace acelga ¿Cómo voy a darle lo que no es mío?
 - Entre los sureños se cree que Nido de Víboras es leal al norte.- dijo Cuervo Marcado, riéndose por lo bajo.- Y algunos norteños también.
 - Quizás deberían empezar a pensar menos en sí mismos y educarse un poco. Es lo que ocurre cuando un hombre se mira al ombligo y cree que es el centro del universo.- dijo Lobo Gris.- Quizás debí haber dejado que Nieve acabase el trabajo que le mandé antes de llamarle a la guerra.

En ese momento, Lobo Gris pareció darse cuenta de que Escombro estaba en la habitación. Le echó un vistazo de arriba a abajo, como si intentase descubrir si realmente era una persona, y, por fin, lanzó un grito al cielo.

 - ¡NIEVE!- bramo, con la fuerza de un huracán. Sus ojos grises rezumaban ira.  

El bastardo apareció a toda prisa por la puerta de la tienda, manchado de sangre y con la daga aún entre los dedos. Lobo Gris se levantó de la silla, enfurecido, casi tirandola por el suelo. Le ordenó a Cuervo Marcado que saliera de la tienda y que cerrase la puerta al salir. Lobo Gris respiró hondo.

 - ¿Quién es este?- preguntó con una voz que era apenas un murmullo, señalandole.
 - Escombro. Es mi...

《Juguete.》 pensó Escombro que diría, pero Nieve no acabó la frase

 - ¿Que le has hecho?
 - Desollarle. Somos lobos, es lo que hacemos.- dijo lord Nieve.- Cazamos.
 - Yo soy un lobo.- le advirtió.- Tu eres un nieve. Que no se te olvide, bastardo.

Lord Nieve se estaba enfureciendo. Escombro se lo notaba en la boca, en su manera de fruncir los gruesos labios y en cómo le resaltaban los tendones del cuello por debajo de las plumas grises.

 - A veces dudo que lleves mi sangre, Nieve. Mis antepasados pudieron ser crueles, pero nunca idiotas.- el Rey en el Norte hizo una mueca, como si la cerveza le supiera amarga de repente.- La gente te teme.
 - Mejor.- sentenció el bastardo, orgulloso de si mismo.
 - Te equivocas. No es lo mejor. Jamás se contaron historias sobre mí. De lo contrario, ¿crees que estaría aquí sentado? Tus pasatiempos son cosa tuya; no te voy a soltar una reprimenda por eso, pero tienes que ser más discreto. Tierras tranquilas y un pueblo callado, esa ha sido siempre mi norma. Que sea también la tuya.
 - ¿Para eso has vuelto?- Nieve estaba enfurecido, pero no parecia tener el valor suficiente Para alzar la voz al Rey en el Norte.- ¿Para darme reprimendas?
 - No. He vuelto para asegurarme de que el castillo caiga.
 - ¿No confías en mi?
 - No. - fue todo lo que dijo. Nieve apretó los puños y estuvo a punto de decir algo, pero fuera lo que fuera, se lo calló.- Ahora vete. Y procura no desollar a nadie por el camino.

El Rey en el Norte le lanzó una mirada a Escombro.

 - Ah, y desencadena a tu amiguito. Me lo quedo.
 - ¿Cómo que te lo quedas?¡Es mío!¡No puedes quedartelo!

Lobo Gris sonrió como si aquello le hiciera gracia. Su mandíbula quedó horrible cuando lo hizo y Escombro comprendió porque el Terror Negro no sonreia: su rostro no estaba diseñado para hacerlo.

 - Tú solo tienes lo que te he dado y más te vale no olvidarlo, bastardo. En cuanto a este... Escombro... Si no has acabado con él por completo, todavía puede sernos de utilidad. Quítale esas cadenas, venga, no hagas que lamente el día en que violé a tu madre.


Escombro vio como a Nieve se le retorcía y le espumeaba la boca. Tuvo miedo de que saltara la mesa de un salto con la daga en la mano, pero solo se puso muy rojo, apartó sus ojos grises de los ojos grises de su padre y fue a buscar las llaves. Cuando se arrodilló para soltar las cadenas de las muñecas y tobillos de Escombro, se le acercó mucho.

 - No le digas nada y recuerda cada una de sus palabras.- le susurró.- Vas a volver conmigo. ¿Quién eres?
 - Soy Escombro, mi señor. Soy vuestro hombre. Soy Escombro, soy Escombro: rima con asombro.
 - Exacto. Cuando mi padre te traiga de vuelta, te quitaré otro dedo. Te dejaré elegir cuál.
 - ¿Por qué? - preguntó con voz quebrada. Las lágrimas le corrieron incontrolables por las mejillas.- Yo no le he pedido que se me lleve. Haré lo que queráis, os serviré, os obedeceré, os... No, por favor...

Lo único que recibió de Nieve de Invierno fue un bofetón.

 - Llévatelo -dijo a su padre.- Ni siquiera es un hombre.  

Y, sin añadir palabra, se marchó hecho un basilisco de la habitación. Lobo Gris le miró y, por un instante, Escombro pudo ver el parecido con un lobo: las plumas grises, amplias y blandas, hinchadas alrededor del cuello y los ojos grises, pequeños y penetrantes.

 - ¿Qué te ha dicho al oído al quitarte las cadenas?
 - Me... Me ha dicho... - 《... que no te diga nada.》 Las palabras se le atragantaron, y se puso a toser de manera incontrolable.
 - Respira hondo; ya sé qué te ha dicho. Que me espíes y que no me cuentes sus secretos. Como si tuviera alguno. Lord Desollador, Serpiente Oscura, Casaca de Matraca, todos los demás... ¿De dónde creerá que han salido? ¿De verdad cree que le son leales?
 - Leales.- repitió Escombro. Por lo visto se esperaba que hiciera algún comentario, pero no sabía qué decir.
 - No, no lo son.- el Rey en el Norte se acomodó en su silla; no era la Silla de Plata, pero aún así servía.- Dioses. Y ese monstruo es mi heredero
 - ¿Que hay de vuestra hija?- le preguntó, ganando confianza.
 - ¿Mi Lobita? Está segura en Fuertetormenta - el rostro del rey se encendió con un agradable brillo.- No, no. En el momento en el que deje de decir que Nieve es mi heredero, mi hija durará dos días, como mucho
 - Pero...
 -  ¿De verdad crees que Nieve puede gobernar el Norte? No. Es sólo un perro rabioso, sólo sirve para combatir. Cuando deje de serme util, lo sacrificaré.
 - Pelea por vos.- soltó Escombro sin poder contenerse.- Es fuerte.
 - Los triceratops son fuertes, y los apatosaurus. He visto luchar a mi bastardo y no se puede decir que él tenga toda la culpa. Su instructor fue el primer Escombro.
 - No tiene miedo de nadie, mi señor.
 - Pues debería. El miedo es lo que nos mantiene con vida en este mundo de traición y engaño. Recuerdaselo la próxima vez que le veas.
 - ¿Recordarselo?- el miedo devoró a Escombro de dentro a fuera. 《Si le digo eso al amo Nieve, me arranca la cabeza.》 - Si le digo que... Que tenga miedo... me va a...
 - Lo se.- suspiró el rey. Acto seguido, se levantó de la mesa y le indicó a Escombro que le siguiera.

Le condujo por el intrincado laberinto de tiendas y estandartes hasta llevarle a una tienda diferente a las que había dejado atrás. Era amarilla, del color del oro, y un enorme ciervo negro adornaba la puerta. Dentro, un hombre de aspecto mayor y peligroso hablaba a gritos con una muchacha muy hermosa, de plumas marrones como la piel de un ciervo, con los ojos negros en los que relucian como estrellas.

 - ¿¡Cómo que dentro del castillo!?- gritaba el hombre a la mujer.- ¿No sólo me dices que tu hermano no ha llegado, sino que está dentro del castillo?
 - Total, para lo que va a hacer.- le intentó tranquilizar la muchacha.- ¿Beberse su vino y tirarse a sus mujeres?¿Qué más puede hacerles?
 - Ese zopenco...
 - Ese zopenco puede ser el mejor luchador de la Isla, pero tendría que permanecer más de veinte minutos sobrio para poder demostrarlo. Tormentalegre les hará más daño que bien ahí dentro.
 - ¡No lo llames así!- le advirtió, moviendo el dedo de forma amenazante enfrente de sus ojos.- Su nombre no es Tormentalegre. Se llama Ciervo Invernal. CIERVO. ¿Cómo osa ese pequeño cabron a ir por ahí, hundiendo el nombre de nuestra familia?
 - Papá. Tenemos invitados.

El hombre se dio la vuelto y sonrió a los dos hombres que habían invadido su tienda. Tenía rostro de rey: Severo, pero bueno a la vez.

 - Alteza.- dijo Lobo Gris.
 - ¿Entre reyes también tenemos que llamarnos así?- dijo el hombre.
 - Tengo un regalo para vuestra hija, algo que me pidió.
 - ¿Es él?- preguntó la muchacha, extrañada, mientras miraba a Escombro de arriba a abajo.- ¿De verdad?
 - Si. Es él, es...

Y entonces dijo un nombre. 《¡NO!¡YA NO SOY ESE HOMBRE!》 Escombro se lanzó las manos a los oídos y se dobló de rodillas. 《NO. Escombro, me llamo Escombro. Escombro, Escombro, Escombro. Rima con renombro. Ese hombre no soy yo.》

 - ¿Estas bien?- la muchacha repitió su nombre. No, no era suyo. Era de otra persona.
 - No digáis ese nombre.- suplicó, casi con lágrimas en los ojos.
 - ¿Que le ha pasado a este hombre?- preguntó, casi asustado, el hombre con rostro de rey.
 - Ha estado con Nieve de Invierno.
 - No es lo que esperaba.- La mujer frunció los labios.
 - Es lo que tenemos.
 - ¿Qué le ha hecho vuestro bastardo? - le preguntó con curiosidad el hombre.
 - Supongo que quitarle algo de piel.- le respondió Lobo Gris, casi con indiferencia.- Y algunas partes del cuerpo. Nada esencial.
 - ¿Está loco?- preguntó la chica.
 - Es posible. ¿Importa mucho?

Escombro no pudo soportarlo más.

 - Por favor, mi señor, mi señora, aquí ha habido un error. - cayó de rodillas, temblando como una hoja en una tormenta de invierno, con las destrozadas mejillas llenas de lágrimas.- No soy él, no soy el traidor, el traidor murió hace mucho. Me llamo Escombro. - tenía que recordar su nombre-. Siempre respondo.
 - Bien, Escombro. Me alegro de conocerte.- la mujer le ayudó a levantarse.- Ahora, si no os importa, me gustaría estar a solas con él.
 - Por supuesto.- sentenció el hombre con rostro de rey, agarrando a Lobo Gris por el hombro. Al Rey en el Norte no le gustó aquello, pero no dijo nada.

Cuando estaban solos, la muchacha se sirvió una copa de vino para ella y otra para Escombro. Le indicó que se sentara.

 - Habrá batalla.- sentenció ella, mirando el castillo.
 - ¿Lo creéis de verdad, mi señora?- Escombro no tocó el vino, por si acaso.
 - No lo creo. Lo sé.- su semblante se endureció por un segundo.- La gente que hay ahí dentro no se va a resignar a una muerte por hambre. Van a combatir. Apenas cuatro docenas contra doscientos ¿Que oportunidades tienen?
 - Ninguna.- 《Y menos con Nieve de Invierno entre nosotros.》 pensó.
 - Eso mismo pienso yo. Pero, si eso es cierto ¿Porque estoy dudando?
 - No lo se, mi señora.

La mujer se sentó frente a él y sus ojos negros se clavaron en los ojos de Escombro, como si quisieran abrirse paso hasta alcanzarle el alma.

 - Conozco tu nombre, M...Escombro.- se corrigió a tiempo.- ¿Sabes el mío?
 - No.
 - Me llamo Cierva de Hierro y soy la heredera de Fuertetormenta y las Playas de la Tormenta.- dijo ella.- El hombre que acaba de salir es mi padre, Ciervo Viajero.  

Escombro no sabía que decir, así que no dijo nada.

 - Tengo una pregunta que hacerte. Debes prometerme que serás sincero ¿De acuerdo?
 - Si.
 - ¿Que clase de persona es Nieve de Invierno?

La pregunta le golpeó como un martillo de batalla directo al estómago. 《No, no puedo traicionar al amo Nieve.》

 - ¿Porque queréis saberlo?
 - Porque debo casarme con él.

Aquello fue peor de lo que espetaba: si decía la verdad, si traicionaba a Nieve de Invierno, perdería una importante baza. Pero, si mentía, iba a enviar a aquella muchacha tan dulce, tan amable a los brazos de un monstruo.

 - Un monstruo. Nieve de Invierno es un monstruo.- dijo, juntando todos los pedazos de valor que aún quedaban en su cuerpo.
 - Bien.- fue toda la respuesta de la muchacha.
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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Miér 02 Mar 2016, 6:26 am

Tengo el presentimiento de que Escombro es Mediamano, no lo hemos visto desde hace bastante tiempo.

Buen episodio como siempre, por fin se ha visto de nuevo a Lobo Gris.
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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Vie 04 Mar 2016, 4:02 am

Durante el crepúsculo, antes de la batalla, el patio de Puntadragon era escenario de una masacre, aunque la batalla no se los había llevado: había sido el hambre.

Sabueso Negro caminaba a mi lado, con el rostro conmocionado observando a los muertos, mientras en sus manos reposaba un largo palo de hierro, del que colgaba el estandarte negro de la Reina Dragón. Y a su lado, Oso Blanco se encargaba de que sus hombres apilasen los cadáveres y les prendieran fuego.

Este ataque iba en contra de todos los instintos del viejo señor. Las murallas de Puntadragon eran fuertes y gruesas. Dentro de esos muros, los defensores tenían toda la ventaja. Pero yo no tenía otra opción más que liderar a mis hombres dentro de los dientes de las líneas de asedio de Lobo Gris, en contra de enemigos con una fuerza holgadamente superior. Oso Blanco había dicho que esto es insensato. Yo podía haber resistido el asedio en Puntadragon durante años en contra de Lobo Gris y Ciervo Viajero, pero no podría resistir ni un cambio de luna con el hambre galopando entre las murallas.

El silencio se apoderó de toda la plaza mientras el viejo señor, el guardia real, el borracho tontaco y la castellana bastarda nos reuníamos. Era capaz de escuchar el murmullo de innumerables voces. Todas parecían sonidos sordos muy lejanos. No era silencio, solo calma, el aliento que se toma antes de gritar. Las antorchas humeaban y crepitaban, inundando la oscuridad con una cambiante luz anaranjada. Podía sentir los ojos sobre mi.

- Conocéis el plan de ataque.- dije cuando los capitanes se reunieron alrededor mio-. Los primeros en salir serán los hombres de Sabueso Negro desde la puerta principal. Ataca rápido y fuerte, directo hacia los soldados. Cuando las legiones se alineen, barre con todo. Atacalos desde atrás o desde los flancos, pero no intentes nada de frente. Recuerda cuál es tu objetivo.
- Atraer su atención.- dijo Sabueso Negro.
- Mientras los estáis distrayendo, Oso Blanco se encargará de su objetivo.
- Lobo Gris.- dijo Oso Blanco. - Por lo que sabemos del Terror Negro, dirige el ataque desde un lugar alto desde el que tiene una vista perfecta de la batalla. El ataque estará dirigido por Nieve de Invierno.
- Y mi hermana.- dijo Tormentalegre.- Si algo se de la Portadora de Tormentas es que no podrá resistir la tentación de la batalla.- No había ninguna copa en su mano, y por primera vez me di cuenta de que sus garras estaban afiladas y lacadas en negro.- Nieve, me gustaría dirigir un ataque desde la puerta sureste. Si mi hermana me ve salir en primera fila, quizás se tire para atrás y consigamos una ventaja.
- Dioses...- masculló Sabueso Negro.
- ¿Que?- preguntó el tormenteño, sorprendido.
- Eso... Eso ha sido... Muy inteligente. ¿Porque?
- ¿Sabes como acaba la canción?¿Sabes lo que cantó la muchacha en su lecho de muerte, cuando sus hermanos se arrodillaron para rezar por ella? - su voz volvió a ser la voz melodiosa que oí por primera vez.

"Hermanos, oh, hermanos mis días se han acabado.
Pues el sureño mi vida me ha quitado
Pero que me importa, si todos debemos morir
Y yo la mujer del sureño he podido sentir"

- He vivido una vida interesante. La he vivido como un hay que vivir una vida: He luchado en combates, he cantado canciones, he probado el vino del verano y he sentido a la mujer del sureño. Y me he ganado a sangre y fuego un par de versos en la Canción de Sorna. Tengo ya mas de veinte años ¿Cuántos pueden quedarme? ¿Diez? ¿Quince? Hay que morir como se ha vivido: En mi caso, con sangre en mis manos y una maldición en mis labios. Yo dirigiré la columna izquierda.
- Bien. ¿Tu que opinas, Oso?
- Me vendría bien alguien que se encargue de prender fuego al campamento y a atacar a las huestes por detrás.
- Al sonar el cuerno de Sabueso Negro, Oso Blanco y Tormentalegre avanzará y arrollará al Bastardo Negro, a la Portadora de Tormentas y a sus soldados.
- ¿Y si mi cuerno es silenciado, bastarda?- preguntó Sabueso Negro.- ¿Si yo y éstos chicos verdes que me acompañan caemos muertos?

Era una buena pregunta. Se suponía que Sabueso sería el primero en romper las líneas del Bastardo Negro. Bien podría ser el primero en morir, muy a menudo sucedía de esa manera.

- En ese caso, yo misma dirigiré el ataque.- 《Y si todos nosotros morimos, estamos perdidos.》 pude haber agregado, pero todos ellos sabían eso, seguramente ninguno de ellos querría escucharlo decirlo en alto. - Si no hay más preguntas, volved con vuestros hombres y dedicad una oración a cualquier dios en el que sea que crean. El crepúsculo se está terminando, la noche se acerca.
- Un crepúsculo rojo.- dijo Tormentalegre.
- Un crepúsculo draconiano.

A fuera, más allá de las murallas de la ciudad, se escuchó el golpe distante de una catapulta. Un hombre muerto y mutilado cayó en la noche. Impactó entre los luchadores, bañándolos con pedazos de hueso, sangre y sesos. Una pierna hinchada cayó en un charco que no estaba a más allá de tres yardas de donde yo esperaba.

- ¿Señora?- Sabueso Negro apuntó con el estandarte de la Reina Dragón por encima de las murallas.

Un murmullo sin palabras aún recorría los labios de miles de raptores ahí. Un destello amarillo se desprendía más allá de las murallas. Brilló tenuemente y se apagó de nuevo. Después volvió, más brillante, más fiero, las flamas se arremolinaban, ahora amarillas, rojas y naranjas, levantándose. Se aferraban a la oscuridad. Un millar de voces exclamaban. Otro millar de rostros miraban.

- ¿Cómo puede ser que sea el amanecer?- preguntó, extrañado, Sabueso Negro.- Es la hora del lobo.
- No es el sol.- dijo Tormentalegre, observando los bosques que rodeaban Puntadragon.- Es fuego.

Escuché el sonido de las cadenas. Se trataba del rastrillo levantándose. Después vendría el estruendo de las enormes bisagras de las puertas. Había llegado el momento. No había nada como la perspectiva de la muerte para hacer que alguien se sintiera vivo.

- Que los Dioses Antiguos nos proteja.- les dije a mis muchachos-. ¡Haced sonar la orden de ataque!
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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Mar 08 Mar 2016, 3:56 am

Hacia el sur, el humo ennegrecía todavía más el cielo. Se alzaba serpenteante del centenar de incendios que el Bastardo Negro había encendido, tapando las estrellas y la luna. Al otro lado de las murallas de Puntadragón una línea de llamas ardía en medio de la noche de horizonte a horizonte, con el fuego acercándose lentamente, como una amante, manchando con dedos de hollín las impolutas murallas del castillo.

- Quieren amedrentarnos.- comenté a quien quisiera escucharme. Esperaba que alguien lo estuviera haciendo.- Espero que no lo consigan.

Me encontraba sobre la muralla, con el pie derecho sobre ella, inmóvil como una gárgola. Incluso allí, sobre la Puerta de Nieve, el aire tenia sabor de ceniza y el humo se me metía en los ojos, haciendo que mis ojos llorasen sin parar. En aquel instante, estaba bastante segura de que mi aspecto debía de ser de todo, menos de la general que pretendía ser. En el campo de batalla la mayoría de mis hombres se enfrentaban a hombres que, gracias al bastardo, no veían a sus enemigos; por desgracia para mí, mis hombres tampoco sabían dónde estaban sus enemigos. Me tuve que mover hasta la Puerta de Nieve, la cual no estaba llamada así por mí, sino porque durante años se había usado por los nobles y sirvientes de Puntadragón para deshacerse de los bastardos, para poder ver como los hombres liderados por Tormentalegre estaban empujando a un comando de tormenteños hacia los acantilados, donde se despeñaban y caían contra las peligrosas y afiladas piedras que amenazaban en el mar.

En algún momento, Tormentalegre retiró a sus hombres y los envió de vuelta hacia el campamento. Casi al instante, los gritos empezaron a sonar: Gritos de terror, gritos de valor y gritos de batalla y cientos de fuegos empezaron a encenderse en el campamento y el estandarte del bastardo, el hombre desollado sobre fondo rosado, empezó a arder dándole un aspecto todavía más aterrador de lo que creía que podía ser, y cuando se derrumbó con un quejido que me recordaba demasiado al sonido de los huesos rompiéndose, un nuevo estandarte se alzaba entre el ciervo y el lobo. El dragón había tomado su lugar.

En el lado opuesto de la batalla, Oso Blanco se había topado con una poderosa columna y bramaba órdenes a sus hombres, que caían como moscas ante un enemigo que se había adelantado hacia ellos y se enfrentaban a mis hombres. La situación de Oso Blanco era todavía peor de lo que esperaba y vi como mis norteños eran asesinados. Alcancé a ver que en la zona inferior de la muralla se movían unas sombras, unos hombres que habían logrado llegar hasta los pies de la fortaleza y avanzaban en silencio hacia la Torre del Fuego.

- Mierda. Chica, chica.- le dije a una muchachita que había a mi lado.-  Dile a quien sea que esté al cargo de las almenas es hora de que usen el aceite caliente para deshacernos de los idiotas que se acerquen a la Torre del Fuego.
- Sí, mi señora.- dijo la muchacha antes de desaparecer entre el humo.

A los pocos minutos, las sombras habían recibido tales cantidades de aceite hirviendo que podía oir sus gritos entre el bullicio de la batalla, uno de ellos se logró arrastrar hasta los pies de la Puerta de Nieve y me miró con desesperación; tenia la piel roja y humenta, la mitad del rostro ardiendo hasta la medula y su boca lanzaba gritos de agonia. Lanzó una mirada lastimera antes de derrumbarse al suelo.

Otro mensajero llegó por las escaleras, al que no pude reconocer, pero parecía joven. Me recordaba a Pastel, de alguna forma. El muchacho se derrumbó sobre una rodilla.

- Mi señora, tenemos problemas.- dijo el mensajero, con la voz entrecortada
-  No juegues a este juego conmigo, dime que es lo que está pasando.
- Mi señora, se están acercando a la Puerta Real. Han llegado hasta los terrenos de justas. Son demasiados.

Dejé escapar una maldición y recorrí las murallas acompañada por el muchacho, a toda prisa cruzando el Patio Negro hasta llegar al lugar donde me estaban indicando. Cuando llegamos, se oía ya el sonido retumbante de la madera contra la madera, que indicaba que estaban ya golpeando la puerta. El chirrido de las enormes bisagras sonaba como el gemido de un gigante moribundo.  La plaza enfrente de la puerta principal, la Puerta Real, estaba atestada de hombres. Aunque muchos parecían estar heridos y mutilados, y seis de ellos estaban tirados por el suelo sin moverse; pateé a uno y siguió sin moverse, así que ordené a uno de los hombres que venían conmigo que se encargasen de los cadáveres. A pesar de eso, había una gran cantidad de hombres que parecían seguir en estado lo suficientemente bueno como para poder batallar y, juntándolos a todos, eran suficientes para crear una poderosa columna.

- ¡Formad! - les dije, saltando de la muralla. Le puerta se estremeció ante el impacto de otro golpe.- ¿Quien está al mando aquí? Vais a salir.
- No.

Alguien regresó por la puerta, una sombra que se apartó de la sombra gris que era el muro. Sabueso Negro escupió con fuerza, con la cara roja por la sangre y un corte rojo sobre el ojo izquierdo, del que surgía un reguero de sangre que cubría la mitad de su rostro que no estaba quemada. Sus plumas humeaban y algunas aún estaban ardiendo.

- ¡Dadme algo de beber!- bramó Sabueso Negro, enfurecido. Su cuerpo temblaba de arriba abajo y sus ojos buscaban nerviosos al muchacho que iba corriendo hacia él con una botella. Sabueso le echó un trago y escupió su contenido en la cara del chico.- ¿Agua? ¡A la mierda con el agua, tráeme vino!
- ¿Te traigo también un vaso de leche y un pastelito, Sabueso?- le pregunté.
- Come mierda, bastarda.- la cara de Sabueso Negro estaba blanca como la noche, al menos la parte que no estaba manchada de sangre.
- Estas en el lado equivocado de la muralla, Sabueso.
- He perdido la mitad de mis hombres. Hay fuego por todas partes, el bastardo ha prendido fuego a los bosques, estamos en el séptimo puto infierno.- Sabueso Negro dio un trago a la botella de vino y, cuando vio que estaba vacía, la reventó contra el suelo.- No pienso salir de nuevo.

《Está muerto de miedo. 》 Lo sabía ya con certeza. 《 La herida, el fuego... no me servirá para nada, tengo que encontrar a otro, pero ¿quién puede ser?  》 Miré a los hombres, y comprendí que todo era inútil. El miedo de Sabueso Negro los había estremecido.

- Eres un hombre de la Guardia Real, si no conseguimos sacarlos de aquí van a tomar el castillo.- intenté tranquilizarle.- El castillo de tu reina.

Sabueso Negro escupió en el suelo, mostrando su opinión.

- A la mierda la Guardia Real. A la mierda el castillo. A la mierda la reina.

Y, con aquellas palabras, Sabueso desapareció en las sombras. Seguramente intentaría marcharse en medio de la trifulca. No había forma de hacerle cambiar de opinión; el fuego lo aterraba.

- ¿Cómo está yendo todo?- pregunté, esperando que alguien fuese capaz de contestarme.
- Oso Blanco y Tormentalegre mantienen sus posiciones, mi señora.- dijo uno de los hombres desde arriba de las murallas.- Oso Blanco no puede avanzar, le están cerrando los bandos, pero la horda que dirige Tormentalegre está prendiendo fuego al campamento, los estandartes están ardiendo, pero sin la distracción de Sabueso estamos perdiendo terreno.

Oí otro golpe a lo lejos. Por encima de los muros, el cielo cada vez más oscuro estaba iluminado por destellos de luz roja y naranja.

- Iré yo. Yo dirigiré el ataque.- dije, gritando a los hombres de Sabueso Negro.- Venid conmigo ¡Vamos a matar a esos hijos de puta!

Di media vuelta y emprendí el trote hacia la puerta. Me pareció que los hombres me seguían, pero no me atreví a mirar.
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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Mar 08 Mar 2016, 6:31 am

guillem escribió:
A la mierda la Guardia Real. A la mierda el castillo. A la mierda la reina.

Es oficial: Sabueso Negro es el el siguiente Masacragigantes, Lol, que personaje esta hecho.

Me encanta que la batalla se situe en varios frentes y no solo en uno, asi mismo me encanta que la narracion se enfoque en el frente en el que se encuentra la protagonista y no en los otros dos, gran narrativa como siempre.

Haber como resulta la batalla.
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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Vie 11 Mar 2016, 4:05 am

- Formación en cuña.- ordené mientras mis hombres salían por el portillo.

Se dispusieron en forma de punta de lanza, conmigo al frente. Un hombre de rostro cuadrado ocupó un lugar a mi derecha. Me sorprendió el ver que ninguno de los hombres de Sabueso se habían quedado atrás y que todos iban junto a mí. Avanzabamos en un grupo compacto, siguiendo el contorno de las murallas. El estandarte de Loba Danzante ondeaba, negro y rojo, en el asta del hombre de rostro cuadrado, el gigantesco dragón se desplegó, algo que le dio aspecto de abrir las alas y lanzar una llamarada. Aceleramos el paso y describimos un amplio círculo en torno a la base de la torre. Desde las murallas del castillo llovían pedruscos sobre las cabezas, que caía ciegamente sobre tierra y agua, barro y carne. Delante se divisaba la Puerta Real y una creciente multitud de soldados que maniobraban con un enorme ariete, un tronco de roble negro con cabeza de hierro.

 - ¡Preparados!

El terreno estaba empapado y resbaladizo, sangre y cieno a partes iguales. Casi tropecé con un cadáver, mis pies se deslizaron y batieron la tierra, y durante un momento temí que para mi la carga concluyera con una caída al suelo antes de entrar en combate con el enemigo, pero de alguna manera logré mantener el equilibrio. Bajo la puerta, los raptores se daban la vuelta y se apresaban para resistir la embestida. Levanté las garras.

 - ¡Puntadragon!- grité. Otras voces repitieron el grito y la punta del estandarte voló en un grito de acero y seda, dándole de lleno a uno de los hombres que aporreaban la Puerta Real con el ariete. El hombre del rostro cuadrado levantó del estandarte y lanzó al atacante por los aires, hasta que el cuerpo se desgarró y golpeó el suelo con violencia, levantando una lluvia de sangre y agua al caer.

Salté por encima del ariete. Lo que siguió fue una locura. Saqué las garras y le di un tajo en la garganta a un soldado. La sangre brotó en un surtidor escarlata, empapandome el brazo y el pecho. Los hombres me atacaban. Maté a unos, logré herir  a otros y algunos lograron escapar, pero siempre llegaban más. Me olvidé de las garras y conseguí agarrar el estandarte, sin ni siquiera saber cómo. Lo agarré y comencé a lanzar estocadas mientras soltaba maldiciones a gritos. La mayoría de hombres lograron escapar a la carrera.

 - Mi señor.- le dije al hombre del rostro cuadrado en un momento de respiro.- ¿Cuál es tu nombre?
 - Paté Acero. O así solían llamarme.
 - ¿Eres soldado?

El hombre soltó una risa retumbante.

 - Soy el herrero, mi señora. No soy señor ni nada parecido.
 - ¿Puedes quedarte vigilando la puerta?
 - Por supuesto, mi señora.- dijo, reuniendo a un montón de hombres.- Esta puerta esta protegida, no tengas duda. Con sangre y fuego.
 - Bien.- le dije, mientras reunía por gestos a la otra mitad de hombres.- Recordaré tu nombre, Paté Acero, y si ganamos me aseguraré que la reina te nombre caballero... O señor.- me giré al grupo que había reunido.- ¡AL CAMPAMENTO!¡SANGRE Y FUEGO!
 - ¡SANGRE Y FUEGO!

Y volvimos a ponernos en marcha. Mis hombres lanzaban gritos de "¡Puntadragon!" y "¡Fabricante de Reinas! ¡Fabricante de Reinas!". Me preguntaba quién les habría enseñado aquello. Por todas partes oía gritos de angustia, el hambriento chisporreteo de las llamas, el sonido estremecedor de los cuernos de guerra y el estruendo metálico de las trompetas. Había fuego por todas partes.

《Por los dioses, no me extraña que Sabueso tuviera tanto miedo. Tiene pavor a las llamas...》

Mi brazo estaba rojo hasta el codo y brillaba a la luz que salía del mar. Sacudi el estandarte, levantándolo hacia las estrellas, el dragón me observaba desde las alturas.

 - ¡Fabricante de Reinas! - gritaban mis hombres.- ¡Fabricante de Reinas!  

Conduje a mis hombres entre los incendios, el hollín y las cenizas del campo de batalla, avanzando a lo largo de un extenso camino de piedra. El humo y las brasas se arremolinaban en el aire, y el enemigo se dispersó. Al pie del camino estaba una tienda de campaña enemiga semiquemada, en cuya puerta se podía leer "Nuestra es la tormenta". Un soldado, que llevaba el estandarte de un cráneo humano de los Cráneos de Bastión de Lágrimas, clavó la punta de su arma en el pecho de uno de mis hombres. Le lancé un golpe a la cabeza con el estandarte cuando llegué a su lado.

Me sentía embriagada. La fiebre del combate. Conocía aquella sensación: De cómo el tiempo parecía difuminarse, ralentizarse e, incluso, detenerse; de cómo el pasado y el futuro desaparecían hasta que no quedaba otra cosa que no fuera el instante presente; de cómo el miedo se desvanecía, junto con el pensamiento y hasta el propio cuerpo. 《En ese momento no se sienten las heridas, el dolor de espalda ni el sudor que cae en los ojos. Se deja de sentir y de pensar, ya no se es uno mismo. Sólo existe la batalla, el enemigo, este hombre y el siguiente y el siguiente y el siguiente... y se sabe que tienen miedo, que sienten cansancio, pero uno no lo siente, sino que está vivo mientras la muerte lo rodea.》

《Fiebre del combate. Soy la Fabricante de Reinas y estoy ebria de matar ¡que me maten ellos si pueden!》

 - Creo que ya lo has matado suficiente, Nieve.- dijo la voz conocida de Tormentalegre. Ni siquiera me había dado cuenta de que había llegado al campamento. Llevaba un buen rato acuchillando al mismo hombre.

Me di la vuelta. La gran mayoría de los hombres que habían venido conmigo habían huido o muerto, a excepción de un par de ellos, brutalmente heridos. Uno se desplomó tan largo como era en el suelo, muerto o moribundo.

 - ¿Cuántos hombres te quedan, Tormentalegre?
 - Ninguno.- la sonrisa se le escurrió del rostro.- Llevo un par de horas incendiando y asaltando sólo. ¡Cuidado!

Tormentalegre saltó, empujadose con las fuertes patas traseras, y fue a parar encima de un Cuervo del Nido de Cuervos, un hombre fuerte y corpulento que apenas aguantó un par de minutos a la fuerza del tormenteño que le golpeaba con la brutalidad de una tormenta y, en aquel instante, comprendí su apodo. Sacudí el estandarte con fuerza y golpeé con brutalidad en la cabeza a un tormenteño que corría hacia mi, haciendo que trozos de sesos y cráneo se esparcieran por todo el campo, algunos llegando a mancharme el rostro.

 - ¡Mi padre!- gritó Tormentalegre y salió a la carrera, desesperado, perdiéndose en un mar de humo y ceniza.

Quise seguirle, esperando encontrar al Rey Tormenta y deshacerme de él, pero un hombre en llamas salió del bosque y se lanzó contra mi, recibiendo un beso del estandarte que llevaba en mi mano. 《Tengo que pedirle a Paté Acero que me haga uno de estos, son muy útiles para combatir. Y quizás una prótesis para sujerarlo con la mano izquierda.》

 - ¡Bastarda!- bramó una voz a mis espaldas. Unos ojos grises, totalmente aterradores, y una boca sonriente me recibieron cuando me giré.- ¡Ven a probarme!

Saltó sobre mi y me lanzó un estocada tras otra con sus garras, enfurecido a la vez, riéndose, mientras me esforzaba por impedir que ninguno de su golpes me dieran. El Bastardo Negro detuvo un golpe dirigido a su estómago que había lanzado con el estandarte y me arrancó el arma de entre los dedos. Logré apartarme en el momento preciso. La punta de sus garras cortó el aire bajo mis ojos y percibí su toque, duro y frío, seguido por un destello de dolor. Mi cabeza giró, como si hubiera recibido una bofetada.

Me derrumbé en el suelo, desfallecida, cuando un gruñido salvaje, casi un ladrido cruzó el aire. Tenía la boca llena de mi propia sangre y la cabeza me daba vueltas, latiendome dolorosamente. El bastardo era una sombra de color gris, sus ojos grises mostraban un brillo oscuro. En aquel momento, yo tenía las mismas fuerzas que una muñeca de trapo. Lanzó un corte rápido y brutal contra mi pierna y, mientras me retorcia de dolor, me puso la punta de sus garras del pie en la garganta y se preparó... Un segundo ladrido cruzó el aire, más cercano; el bastardo se sacudió un poco hacia la izquierda y desapareció en la nada.

 - ¡Vientoscuro!- comandó una voz.-¡Conmigo!

Alguien se inclinó junto a mí.

 - No puedes morirte. No, venga, si...- la voz se quebró de repente. 《¿Está llorando?》- Si no te mueres te prometo que dejo de beber.
 - Todos los hombres mueren.
 - Si. Pero aún no ha llegado tu hora, maldita sea.- me gritaba, como si quisiera convencerme.- Aún no has probado a la mujer del sureño.
 - Pastel...
 - ¿Ves los estandartes, Nieve?- la voz se animó de repente.- Han llegado Nieve, han llegado.
 - Que no se mueva, está malherida.- dijo otra voz totalmente diferente.

Sonaba como una voz de mujer. Sonaba, casi, como la voz de Ascuas.
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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Vie 11 Mar 2016, 7:16 am

Wow, genial el capítulo... Por Dios, dime que no se va a morir otra vez

Guillem escribió:
- No puedes morirte. No, venga, si...- la voz se quebró de repente. 《¿Está llorando?》- Si no te mueres te prometo que dejo de beber.
- Todos los hombres mueren.
- Si. Pero aún no ha llegado tu hora, maldita sea.- me gritaba, como si quisiera convencerme.- Aún no has probado a la mujer del sureño.
- Pastel...
- ¿Ves los estandartes, Nieve?- la voz se animó de repente.- Han llegado Nieve, han llegado.
- Que no se mueva, está malherida.- dijo otra voz totalmente diferente.

"No, no, no... look, the eagles... The eagles are here..." No he podido evitarlo. Y no, no lo siento.

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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Sáb 12 Mar 2016, 3:46 am

Spinosaurus marocannus escribió:
Wow, genial el capítulo... Por Dios, dime que no se va a morir otra vez

No creo que muera otra vez, de hecho ni siquiera pensé que muriera la primera vez (aunque...si lo hizo) y su historia no esta completa, no puede morir aun.

Citación :
"No, no, no... look, the eagles... The eagles are here..." No he podido evitarlo. Y no, no lo siento.

¿En que se parece a las águilas del Señor del Anillos? es un poco Deux Ex Machina el hecho de que aparezcan ambos Pastel y Ascuas, pero aparte de eso no le veo el parecido.


Sobre el episodio, glorioso final de la batalla, bastante épico, de las mejores batallas de este "universo compartido" que nos hemos montado, aunque me quede un poco con la duda de que pasó con el Bastardo Negro, no creo que haya muerto, aun tiene mucho que dar de sí él tambien.

Que por cierto, he estado pensando ¿y si Pastel y Ascuas son una alucinación y ni siquieran estan ahí?....nah, mejor dejo de teorizar que la lío xD.

En fin...buen episodio como siempre (mi nuevo lema, aparentemente).
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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Dom 13 Mar 2016, 1:15 am

DinoRevolutionFan escribió:


Citación :
"No, no, no... look, the eagles... The eagles are here..." No he podido evitarlo. Y no, no lo siento.

¿En que se parece a las águilas del Señor del Anillos? es un poco Deux Ex Machina el hecho de que aparezcan ambos Pastel y Ascuas, pero aparte de eso no le veo el parecido.

En realidad hablaba de cuando Thorin muere en el final de La Batalla de los Cinco Ejércitos.

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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Mar 15 Mar 2016, 4:01 am

Cuando desperté las cortinas estaban recogidas y Ciervo Invernal estaba de pie junto a mi. Cuando vio que abría los ojos, se fue corriendo.

"No, no te vayas, ayúdame, ayúdame.- intenté decirle, pero lo único que logré fue un gemido apagado.- No tengo boca." Me llevé una mano a la cara, cada movimiento era torpe y doloroso. Mis dedos hallaron tela rígida donde deberían haber tocado carne, labios, dientes. Vendas. La parte inferior de mi cara estaba herméticamente vendada, era una máscara de yeso endurecido con agujeros para
respirar y alimentarse. Al poco rato, Tormentalegre reapareció. Esta vez lo acompañaba un desconocido, un curandero con cadena.

- ¿Que me ha pasado?- pregunté una vez el curandero me habia quitado la máscara.
- Por tu aspecto, una manada de triceratops. Por encima.- dijo Tormentalegre, y le pidió al curandero que buscase vino - Traelo para Nieve, tiene que celebrar. Yo he hecho una promesa.
- ¿Hemos ganado?
- No tendríamos esta conversación de otra forma.
- ¿Cómo?- aquella pregunta me corroia por dentro.
- Llegaron a tiempo. Venían del camino de las rosas, cruzaron los bosques en llamas por medio de la ceniza y el humo. Todo el poder del Dominio y Puntadragon se le echó encima a Lobo Gris. Tendrias que haberlo visto, Loba Danzante cargaba desde el centro, con su hermano pequeño a su derecha y el Caballero de las Rosas a la izquierda. Tendrías que haberlo visto, cortaron la vanguardia de Lobo Gris como una lanza corta una calabaza, gritando como demonios.
- ¿Y Lobo Gris?
- Lobo Gris ha muerto. Lobo Gris a huido. Nadie lo sabe, a nadie le importa. Nadie ha encontrado su cadáver.- su cara se ensombreció durante un segundo.- Al que han encontrado es a mi padre. Le cortaron la cabeza. Fui yo.
- Sabueso Negro. ¿Dónde...?
- Tampoco lo sabe nadie. Lo que sabemos es que se ha marchado, pero a dónde es un misterio.
- ¿Dónde está Pastel?- le pregunté, quisiendo saber donde estaba y intentando descubrir como había llegado aquí.
- ¿Quién es Pastel?- Tormentalegre parecia realmente confuso.
- Un niño, pequeño y flacucho, con las plumas negras. Estaba conmigo cuando me dio el bastardo.
- Nieve... No había ningún niño allí. Lo se de buena fe, estaba a tu lado. Te desmayaste en mis brazos, luego vino la sacerdotisa roja, pero no había ningún niño.
- ¿La Reina Dragón?- dije, intentando ocultar mi decepción.
- Quiere verte. Te acompañarán hasta ella.
- ¿Acompañarme? Pero si puedo...- 《...Caminar.》 Pero no era cierto. Intenté levantarme de la cama y el mundo se volvió loco: los pies me temblaban como hojas, las rodillas me flaqueaban y el mundo daba vueltas a mi alrededor.
- Te han asignado a alguien, para que puedas
- Por cierto, ¿Puedes buscar a Paté Acero? Necesito hablar con el acerca de una cosa.- la idea del estandarte y la prótesis seguía rondandome la cabeza.
- ¿Paté Acero?¿Era el herrero? Me temo que lo mataron, Nieve. Encontramos su cadáver y un montón más en la Puerta Real. Lo siento.
- No... No pasa nada. Adiós a mi mano de hierro. ¿Quien es mi "asignado"?
- Yo, mi señora.

La voz resonó con fuerza en la habitación. Me di la vuelta y casi pego un grito al ver a quien me habían asignado: Era la muchacha más fea que había visto en mi vida, con unos labios gruesos y una mandíbula deforme que no cerraba bien. Lo único que parecía salvable de su rostro eran dos preciosos ojos azules que relucian como estrellas.

- Mi nombre es Zafiro Azul, mi señora.- por su tono de voz, no parecía contenta de estar aquí. Y seguramente había lugares mejores en los que estar.
- ¿Zafiro?¿Tienes algo que ver con Zafiro Campoflor, el Lucero de la Tarde?
- Es mi padre, mi señora.- el rostro de la corpulenta joven se iluminó.- Se tuvo que quedar en Isla Zafiro, a cuidar de las tierras de la familia.
- ¿Y tu que haces aquí?- le pregunté mientras me levantaba, cuidadosamente, y me ayudaba a caminar. Los pasos eran cortos y tenía que andar a pequeños saltos, lo que iba a dar lugar a mucho tiempo de conversación.
- Soy guardia personal del Joven Lobo, mi señora.
- ¿Ha llegado el Joven Lobo?
- Junto a la reina, mi señora. Y a Hoja Tallorrojo
- ¿La Reina de las Espinas está aquí? ¿En persona?
- Si, mi señora.

La Reina de las Espinas, Hoja Tallorojo, respondía a los títulos de Señora de Jardín de Huesos, Defensora de las Marcas y Alta Mariscal del Dominio, lo cual la convertía en la mujer con más hombres y poder de toda la Isla. Fosinfierno estaba juramentado como ciudad vasalla de Jardín de Huesos, así como su impresionante flota.

- Espera un momento ¿A donde vamos?- le dije, detuviendola. Su brazos casi logran arrastrame un par de metros antes de que se diera cuenta de que quería parar.
- Al Torreón del Dragón, mi señora.
- ¿Esta ahí la Reina Dragón?
- No, mi señora, es otra reina la que espera.

Con el castillo tan lleno de gente, habían asignado el patio exterior a los huéspedes para que pudieran erigir sus tiendas de campaña y pabellones, y sólo habían dejado para el entrenamiento los pequeños patios de armas. Uno de los gemelos Llama retrocedía bajo el ataque de su hermana mayor, Llama Marina, la capitana de la Flota Verde de Fosoinfierno. El pequeño y robusto Toro Negro, que resoplaba y gemía cada vez que levantaba las garras, parecía aventajar a Caminante Susurrador mientras un hombre se reía a la vez que los observaba.

《Apenas han acabado de enterrar a los muertos de la batalla anterior y ya están practicando para la siguiente.》

- Por aqui, mi señora.- dijo la fea soldado.

Zafiro Azul me indicó el camino, un pasillo negro que conducía a una bóveda de techo de cristal, decorada con hermosos tapices. La lluvia chisporreteaba al golpear el cristal de la bóveda y un agradable olor a agua de rosas llenaba la habitación. Reconocí al Caballero de las Rosas, sentado en una larga mesa y bebiendo vino mientras hablaba alegremente con un chico muy atractivo, pero a nadie más. Al final de la mesa, en el lugar de honor, estaba una mujer de plumas azules decoloridas y aspecto de muñeca marchita.

- La Reina Dragón ha pedido que fueras con ella nada más despertar, pero, por lo que a mi respecta, aun no has despertado.- la Reina de las Espinas me dirigió una sonrisa cálida, como una tía que quiere que no le digas a su madre que te ha dado un dulce.- ¿No es así?
- Así es, mi señora.- le dije. A una persona como Hoja Tallorojo no se le podía llevar la contraria. Bueno, a ella y a sus casi mil soldados.
- Bien.- dijo, y le hizo una señal a su bufón. Este empezó a cantar con una voz muy fuerte "La Doncella y el Dragón"- En este sitio, hasta las paredes tienen oídos. Y no quiero que oigan lo que me vas a contar.
- ¿Que quieres saber?
- Quiero que me cuentes la verdad sobre la reina. ¿Quien mejor para ello que la misma persona que la fabricó?
- Ella... es valiente.
- Si, todos los Lobos son valientes. Y cuando un Hoja se tira un pedo, huele a rosas. Pero, verás, la última vez, mi marido siguió en la guerra al rey equivocado. Largaespina, tú eres listo, sé bueno y dile a tu pobre abuela medio lela el nombre de ese extraño pez que si lo pinchas se hincha hasta aumentar diez veces su tamaño.
- Se llama pez globo, abuela.- contestó el Caballero de las Rosas.
- Claro. ¿Cómo si no iba a llamarse? Los humanos perdieron la imaginación cuando murieron los dragones. A decir verdad, mi marido debería haber puesto un pez globo en su blasón. Podría ponerle una corona, como hacen los Ciervos con su venado, quién sabe si eso lo habría hecho feliz. En mi opinión, deberíamos habernos mantenido al margen de toda aquella idiotez sanguinaria, pero una vez se ha ordeñado la vaca no es posible volverle a meter la leche. Después de que Lord Pez Globo se aliára con aquel idiota pirómano estábamos metidos en el lío hasta el cuello, y aquí estamos, a ver cómo salimos de este problema.
- ¿Que problema?
- Hay cuatro personas en esta isla con el titulo de rey. Eso son tres más de las que me gustaría a mí. Ves, Nieve, eso es lo que la libertad nos proporciona; fuego y sangre ¿Cuál es el punto de ser libres si vamos a masacrar al clan de al lado por un puñetero molino o un riachuelo? Eso con Rapaz Letal no pasaba; ibas a Refugio Estival, la reina repasaba el conflicto y lo abogaba en favor de la persona correcta.
- Pero la reina ardió, junto a Refugio Estival.
- Y lo que no ardió con Refugio Estival prendió fuego con su hijo, su nieto y su bisnieto.- la Reina de las Espinas lanzó un suspiro.- Si sólo el Príncipe Bastardo no hubiera muerto en el Tridente... Pero lo hizo. Ahora me gustaría que la gente a la que apoyo tenga oportunidades.

Abogué lo mejor que pude por Loba Danzante, resaltando los detalles buenos pero sin ahorrarme los pocos detalles malos que conocía. Les hablé del viejo dicho; "Lobo Gris es hierro puro; negro, fuerte y duro, pero se romperá antes de doblarse; Loba Danzante es acero; afilada y resistente, pero es increíblemente fácil de calentar. Y el Joven Lobo es cobre: Bonito, brillante, pulido y, a la larga, inútil." Les hablé de la vez en la que había dado de comer a una niña huérfana en las puertas de Puntadragon y de sus ataques de ira cuando las cosas no salían bien. Le hable de lo mucho que pensaba en el pueblo llano, sin dejar pasar la poca información que tenía acerca de estrategia. La Reina de las Espinas me escuchaba atentamente.

- Recuerda estas palabras, Nieve, recuerdalas. La libertad es una puta con la que tienes que dormir sobre un lecho de cadáveres. Recuerdalas cuando tengas que hablar en la Sala del Trono.
- ¿Sala del Trono? En Puntadragon no tenemos Sala del Trono.
- Ahora la hay.- sentenció la Reina de las Espinas y me indicó el camino hacia las escaleras. Zafiro me sujetó del brazo entero y volvimos a andar.

La Sala del Trono existía, y yo había pasado muchas veces por ella, sólo que desconocía que lo fuera. Ocupaba el primer piso de la torre central de Puntadragon y era gigantesca, con las paredes desnudas y las ventanas diminutas, deberia tener un aspecto tetrico, pero cientos de antorchas iluminaban la habitación con el color anaranjado del sol del verano, dándole un aspecto hermoso. Había bancos en todas partes, dando lugar a que muchos señores y hombres normales se encontrasen sentados. Habían construido un gigantesco lugar elevado desde donde la Silla de Plata presidía todo el lugar, sujetada por unas monstruosas vigas de hierro que parecían el gigantesco esqueleto de un gigante. En sus pies, los cinco hermanos juramentados de la Guardia Real 《Cuatro, son cuatro. Falta Sabueso Negro.》 estaban guardando la habitación. En lo alto del monstruoso esqueleto, Loba Danzante esperaba.

Cuando llegué, me recibieron con aplausos. Oí, de nuevo, gritos de "Fabricante de Reinas". Hasta que Loba Danzante los hizo callar a todos y descendió de su lugar. Bajó lentamente los escalones de hierro y, al llegar abajo, se plantó delante de mi.

- Gracias, Nieve.- dijo, dándome un beso en cada mejilla. No pude resistirlo y le di un abrazo, lo cual se suponía que no era cortés. Pero, si después de salvar un castillo no te permitían abrazar a una amiga, que se fueran al infierno.

Lo que siguió duró casi toda la tarde. Una fanfarria de trompetas de bronce recibió a cada uno de los héroes a medida que entraban por las grandes puertas de roble. Los heraldos anunciaban su nombre y sus hazañas para que todos las supieran, y los nobles caballeros y las damas de alta cuna los aclamaban con tanto entusiasmo como vulgares canallas en una pelea de gallos.

- ¿Que hacemos ahora?- preguntó una de las muchachas, una chica con más aspecto de oso que de raptor que se sentaba junto al Joven Lobo, cuando todo había acabado.- Por mucho que deseemos creer que esta guerra esta ganada, la Colina Roja aún resiste, Sabueso Loco sigue arrasando las Tierras de los Ríos. Lobo Gris podría seguir con vida, al igual que su bastardo. ¿Y que hay de los Reyes Tormenta? Por mucho que creamos que los hemos vencido, aun quedan muchas batallas por ganar.

La sala quedó en silencio tras las palabras de la osa. La reina seguía observando en silencio desde su asiento de plata.

- Yo sólo quiero paz.- sentenció por fin la Reina Dragón.
- ¿Paz? La paz es hermosa, muchacha.- dijo la Reina de las Espinas.- Pero ¿En que condiciones? No sirve de nada convertir las espadas en arados, si mañana vamos a volver a forjarlas.
- Solo hay un forma de obtener la paz.- dije, por fin.- Y es renunciando a la libertad. Rapaz Letal lo demostró cuando reunió los ocho territorios en uno; sus años de reinado fueron los más pacíficos en los últimos cuarenta años. Si no fuera porque su prole estaba loca, esa paz aun estaría vigente.
- ¿A donde quieres llegar?- me preguntó la reina.
- A que quizás la única forma de llegar a la paz sea renunciando a la libertad. Quizás sea hora de que alguien se vuelva a convertir en Rey o Reina de la Isla... Y sólo hay una reina ante la cual me voy a inclinar.- señalé a Loba Danzante.- Una Reina en el Norte.
La sala estaba llena de hombres, cien como pocos, pero en ese instante aquello estaba más silencioso que una tumba. Hasta que Tormentalegre se levantó y se inclinó.

- Una Reina en el Norte.

El Joven Lobo se levantó y el Caballero de las Rosas lo hizo junto a él.

- Sabes que soy fiel a ti, hermana.- el Joven Lobo se arrodilló, tal y como lo hizo el Caballero de las Rosas. Ambos dijeron las palabras al mismo tiempo.- Una Reina en el Norte.

Ascuas fue la siguiente. Y la Reina de las Espinas, junto a la Joven Osa. También los señores del Dominio se levantaron. Llamas, Hojas y Huesos, familias que ni siquiera habían estado nunca bajo el mandato de un Rey del Invierno se levantaron, se inclinaron y corearon los antiguos lemas que llevaban tantos años sin ser escuchados... Pero en aquel momento volvían a escucharse, retumbando en las vigas de Puntadragón.

- Una Reina en el Norte.- gritaban quinientos hombres a la vez, con el ritmo atronador de un tambor de guerra.
- UNA REINA EN EL NORTE.
- UNA REINA EN EL NORTE.
- ¡UNA REINA EN EL NORTE!

Aquella misma noche una nube de Microraptores volaron desde las torres de Puntadragon para llevar la palabra de Loba Danzante a los ocho territorios de la Isla. Volaron hacia los ocho señores que los dominaban, hacia los templos, hacia señores grandes y menores, hacia simples alphas de tres al cuatro. Todos llevaban el mismo mensaje: A partir de aquel momento sólo había una reina en toda la Isla. Todos aquellos que se inclinaran ante la Reina Dragón mantendrían sus territorios y títulos. Los que se alzaran contra ella, serían destruidos, vencidos y humillados.

FIN DE LA TERCERA PARTE


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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Mar 15 Mar 2016, 5:11 am

Guau, buen capítulo Guillem, aunque no creo que Cara Cortada esté muy contento con eso xD

los últimos cuarenta años escribió:

¿No se supone que los de InGen llegaron en los 80? Como mucho, serían 30 años Toda la historia de los raptores.

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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Mar 15 Mar 2016, 6:05 am

¡Una reina en el norte!....The North renembers...y espero que no acabe igual que el otro Norte (you know what i'm talking about).

Spinosaurus marocannus escribió:
¿No se supone que los de InGen llegaron en los 80? Como mucho, serían 30 años

Lo de los 40 años....creo que ya hemos hecho bastantes cambios a la mitologia de este "universo compartido" que ya ni siquiera toma lugar en el mismo universo que las películas de JP, unos 10 años de diferencia no me parecen un cambio tan grande. Teniendo en cuenta que los raptores viven ahora en una sociedad medieval y existe la magia...creeme, si lo que tengo pensado poner en Máscara de Venganza (no spoiler) realmente apareciera en JP probablemente los fans me cortariais la cabeza xD.....y la verdad, hace bastante tiempo que me leí el libro de JP pero creo que InGen empezó su trabajo en los 70's...creo, tengo memoria de Dory.


Ahora tengo la presión de terminar Máscara de Venganza para ver el siguiente capítulo de NRND xD, y mira que ni he terminado el segundo capitulo y aun pienso llegar hasta el cuarto.

Esta tercera parte me ha encantado, más que el segundo aunue no sabria decir si supera el primero, que tambien me gusta mucho. Me gusta que se ha centrado mucho en la política interna de los raptores del Norte y tambien me gusta como todo la parte norte de la Isla (no el Norte en sí) se encuentra dividida en contraste con el Sur, unido y dictatorial, me han gustado bastante los nuevos personajes, sobre todo Ascuas, Sabueso y los Lobos.

Total, que tengo muchas ganas de saber como va a continuar la historia tras la Guerra del Sur.

Off topic-
Spinosaurus marocannus escribió:
En realidad hablaba de cuando Thorin muere en el final de La Batalla de los Cinco Ejércitos.

Oh....voy a ser completamente honesto: me habia olvidado completamente de las películas del Hobbit, ni siquiera recuerdo haberlas visto xD (excepto la primera) -Off Topic off
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guillem
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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Vie 18 Mar 2016, 4:33 am

EPILOGO: LA HIJA DEL KRAKEN

Las Torres Sombrías eran dos construcciones de piedra gris como la roca sobre las que estaban construidas. Se levantaban como dos dedos gigantescos apuntando hacia el cielo, unificadas entre ellas por un puente de cuerda que se había construido con madera gris con tal de mantener el color común en todo el islote. Kraken Gris habia regresado a las Islas del Hierro y no podia resistirse a echar un vistazo al castillo de su padre.

 - ¿Tal y como recordabas, sobrina?- le preguntó el Librero, el hermano pequeño de su padre, cuando había descendido de la barcaza que cubría la distancia entre Puerto Blanco y Puerto Noble.
 - Sólo llevo dos años fuera, tío. Aunque quizás me parezca más pequeño de lo que recordaba.- confesó Kraken Gris.
 - Que no te oiga tu padre decir eso.
 - Lo se. Tiene el ego frágil. Pero en ese sitio siempre hace frio.
 - Frío, viento y humedad.- el Librero se echó a reír.- La verdad es que es un lugar duro y miserable. Pero como me dijo mi hermano una vez, los lugares duros dan lugar a hombres duros.
 - Y los hombres duros dominan el mundo. Lo sé. Soy su hija ¿Recuerdas?  

Emprendieron la marcha hasta la torre más cercana; la Torre Sangrienta. Puerto Noble estaba más concurrido que nunca, por doquier se veía a las tripulaciones de los barcoluengos que se alineaban ante la orilla de guijarros o estaban anclados más allá de la escollera. Los nacidos del hierro no doblaban la rodilla con facilidad, pero advirtió que los piratas, soldados y los ciudadanos por igual bajaban la voz al verlos pasar, y los saludaban con respetuosas inclinaciones de la cabeza.

 - ¡Hola, Dienteazul! - gritó al pasar junto a un marinero.- ¿Cómo está tu mujer?
 - Preñada y a punto de tener hijos.
 - ¿Tan pronto? - le dirigió su sonrisa traviesa-. Sí que has tardado poco en meter el remo en el agua.
 - Sí, y en remar, remar y remar - rugió el hombretón.  

Habían llegado a la Torre Sangrienta, donde les recibió un hombre viejo de aspecto sucio y aliento horrendo.

 - Mi señora, me ordenan que os acompañe a la Sala de Banquetes.
 - ¿Quién lo ordena?
 - Vuestro señor padre.

La puerta era de madera gris con tachonaduras de hierro, y Kraken Gris se encontró con que estaba atrancada desde dentro. La golpeó con el puño, y soltó una maldición cuando una astilla le perforó la piel. La madera estaba húmeda y enmohecida, y los tachones de hierro oxidados. Pasó un momento antes de que abriera la puerta un guardia.

 - ¿Eres la hija?
 - No, Luke, soy tu padre.- le soltó  con sarcasmo.- Apártate de mi camino o verás quién soy.

El hombre se hizo a un lado y les dejó entrar en  la sala del banquete. Cuando entraron, la sala alargada estaba llena de humo y abarrotada; allí se encontraban todos los señores y capitanes de su padre. Lord Kraken ocupaba la Silla de Piedramar, formada por las gigantescas mandíbulas de un monstruo marino,muerto desde hace mucho, con un kraken tallado en mármol que parecía arrastrar al animal hacia las profundidades. Según contaba la leyenda, los primeros raptores lo habían encontrado en las playas de cuando llegaron a las Islas del Hierro. A la izquierda del trono se sentaban su otro tío, Kraken Plumamojada, un sacerdote del Dios Ahogado. Su hermano pequeño, Kraken de Cobre, había ocupado el lugar de honor, a su derecha. El Librero de disculpó y se marchó al lado de Plumamojada.

 - ¿Han pasado tres años?- dijo, porfin, Kraken Gris.
 - Dos, padre.- replicó ella, sentándose entre su hermano pequeño y un hombre que había formado parte de su tripulación.
 - Eso que llevas en el cuello ¿Has pagado el precio del oro o el del hierro?

Kraken se tocó el collar con el rubi que llevaba adornandole las plumas del pecho. Lo había olvidado. 《Ha pasado tanto tiempo...》 Según las antiguas costumbres, un guerrero sólo podía usar las joyas que arrancara de los cadáveres de enemigos muertos por su mano. A aquello se denominaba "pagar el precio del hierro"

 - He pagado el precio del hierro por él, padre.
 - A partir de ahora te referias a mí como "Alteza". Soy el señor de las Islas del Hierro, y pronto Rey de Toda la Isla.- Fue todo lo que añadió durante el resto de la cena.

《Y yo que creía que el invierno era frío.》Kraken Gris frunció el ceño y contempló el humeante plato que tenía frente a ella. Era apenas un pedazo de carne recalentado. El banquete era escueto, apenas una sucesión de pescado, carne de algo que Kraken no podia identificar y un pan duro que podría haber partido la mesa en dos. Aquellas no eran las Islas del Hierro que recordaba. O que quería recordar... Por lo menos, la cerveza y el vino siguieron corriendo aun cuando se retiró el último plato.

Kraken Negro se levantó del Trono de Piedramar.

 - Terminaros las bebidas y venid a mi habitación.- les dijo a sus compañeros.- Tenemos que hablar de guerra.

Salió de la habitación sin añadir palabra seguido por dos guardias. Sus dos hermanos no tardaron en seguirle, asi como sus dos hijos. Cuando llegó al tambaleante puente que llevaba a la Torre del Mar, llovía con fuerza. Su hermano pequeño tenia un aspecto horrible y el vino hacía que su paso fuera inseguro.

La estancia era tan húmeda y llena de corrientes como siempre. Su padre estaba sentado ante el brasero, entre sus dos hermanos. En el momento en que Kraken de Cobre y Kraken Gris entraron, el Librero hablaba de mareas y vientos, pero el recién nombrado Rey de la Sal y Roca lo hizo callar con un gesto.

 - Como todos sabreis, ahora soy Rey de las Islas del Hierro y voy a empezar a obtener mi corona como Rey de Toda la Isla.
 - ¿Es que la edad te ha hecho perder la cabeza, viejo loco?  

Su padre le dio un bofetón del revés.

 - Cuidado con lo que dices. Ya no estás en el Sur, saqueando a un montón de gilipollas que se mean en cuanto te ven venir. Soy un Kraken, el Lord Cazador de las Islas del Hierro, Rey de la Sal y de la Roca, Hijo del Viento Marino. Yo pago el precio del hierro. Cogeré mi corona, igual que hizo Kraken Manorroja hace tantos años.  

Kraken de Cobre retrocedió un paso para alejarse de la repentina ira que llameaba en la voz de su padre. Pero Kraken Gris no le tenía miedo, al fin y al cabo, aquellos títulos también iban a ser suyos en el futuro.

 - Pues cógela - escupió mientras se le enrojecía la mejilla-. Hazte llamar Rey de la Sal y la Roca, a nadie le va a importar... hasta que terminen las guerras, y el vencedor mire a su alrededor y vea a un viejo idiota aferrado a su orilla, con una corona de hierro en la cabeza.

Kraken Negro soltó una carcajada.

 - Vaya, al menos no eres ninguna cobarde. Igual que yo no soy ningún imbécil. ¿Crees que he mandado reunir a mis barcos para ver lo bien que flotan? No. Pienso labrarme mi propio reino, a fuego y garras.- el Lord Cazador se tranquilizó por completo - Ya tengo mis planes. Es hora de que los sepáis.
- Padre, me gustaría pedirte...
- Cuando necesite tu consejo te lo pediré, hija mía.- le interrumpió su padre.- Tomarás treinta hombres, tu misión será ir a la Costa Pedregosa y atacar todas las aldeas de pescadores que te encuentres. Puede que así saques a unos cuantos alphas  de sus refugios y dejes el paso a tu hermano.
 - Que el Dios Ahogado bendiga nuestras garras.- dijo el sacerdote.

Aquello fue como si le hubieran cruzado la cara con otra bofetada. La estaban enviando a una misión de saqueo, a quemar pueblos de pescadores que no eran ni capaces de cazar algo que estuviese fuera del agua, y aun así parecía que su padre no confiase en ella para aquella tarea. Ya era bastante tener que aguantar los sermones y ceños fruncidos de su padre, ahora la enviaban a pulir la gloria de su jodido hermano.

 - Cobre, hijo mío. Tomaras cien hombres y marcharás hasta Guardiagris, donde Caimán Oscuro te proporcionará cincuenta hombres más. Cuando tu hermana atraiga la atención de norteños, marcharás hasta la Colina Roja y la tomaras.- Kraken Gris notaba que se enrojecia de la ira.-  Ahora que el Joven Lobo a hecho enfurecer a la salamandra, unificaremos los tres ejércitos y, mientras los lobos se arrancan la garganta, les haremos pagar el precio del hierro.
 - Siempre he querido un pedazo del Norte.- su hermano pequeño se relamió los labios como un gato ante un plato de leche.
 - Pues tomalo.- dijo su padre.
 - Ojalá se te atragante, carbón soberbio.- murmuró Kraken Gris, pero sólo el Librero pudo oírla.
 - ¡Las aguas de la ira se alzarán.- exclamó Plumamojada, levantando los brazos.- y el Dios Ahogado extenderá sus dominios por las tierras verdes!
 - Lo que esta muerto no puede morir.- entonó Kraken de Cobre.- Si no que se alza de nuevo, más duro, más fuerte.

Su tio, su padre y su primo entonaron la misma frase, asi que Kraken Gris se obligó a murmurarla, y así concluyó la reunión.

En el exterior llovía más que nunca. El puente de cuerdas oscilaba y se retorcia bajo sus pies. Kraken Gris se detuvo en medio y contempló las rocas de abajo. El sonido de las olas era un rugido atronador y el agua salada le mojaba el morro. Los signos eran inconfundibles: Se acercaba el invierno.
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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Vie 18 Mar 2016, 4:48 am

Buen epílogo, Guillem, pero ¿Es que los de InGen se dejaron copias de Star Wars que vieron los raptores o qué? XD

Y tampoco creo que el invierno sea para tanto, están en una isla tropical...

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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Vie 18 Mar 2016, 5:11 am

Y ahora aun más presión para acabar Mácara de Venganza pues tiene muy buna pinta lo que está por venir xD, gran epílogo y gran Cliffhanger.
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guillem
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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Jue 31 Mar 2016, 6:53 am

PRELUDIO: EL GUARDIA REAL.

Ciervo Invernal, llamado Tormentalegre, la Tormenta que Ríe y el Caballero de la Tormenta, Lord Comandante de la Guardia Real de su majestad Loba Danzante, la Reina Dragón, estaba se pie junto al féretro de su padre.

- ¿Cuanto llevas aquí?- le preguntó Nieve Nocturna.
- Siete días y seis noches.
- ¿Cuánto llevas sin dormir, Tormentalegre?
- La última vez que lo hice mi padre estaba vivo. La tradición manda que el cadáver debe ser velado siete días y sus respectivas noches.
- Pero no por una misma persona, Tormentalegre, nadie puede montar guardia siete dias y siete noches. Deja que otro ocupe tu lugar.
- Yo me ofrezco a ocupar tu lugar.- se ofreció Vencejo Veloz, la única mujer de la Guardia Real.
- No era tu padre.- 《Y tú no lo mataste. Yo si.》- Dejadme, las dos.

En aquel momento, Tormentalegre tenía sed de sangre. Si su padre habría muerto a manos de otra persona, Ciervo Invernal habría dejado Puntadragon y habría emprendido una búsqueda de venganza que los bardos recordarian y cantarían durante cientos de años. 《Pero no murió a manos de otro. Yo lo maté.》

- Matarreyes.- dijo una voz que llevaba muchos años sin oír. Era la voz del heredero de Asesino de Bastardos, el Príncipe Bastardo.

Tormentalegre le recordaba demasiado bien; sus ojos del color de las violetas, sus plumas suaves del color de la miel y su sonrisa triste no se desvanecian de su memoria y cada noche, en sus sueños, Ciervo Invernal recordaba al difunto príncipe. En sueños, el tono férreo de la voz del Príncipe Bastardo le hablaba desde la tumba.

- Cuando acabe el combate tengo intención de reunir al consejo. Habrá cambios. Hace tiempo que pensaba hacerlo, pero... En fin, no sirve de nada hablar de los caminos que no tomamos. Cuando regrése, hablaremos.

Fueron las últimas palabras que le dirigió el príncipe, aquel lluvioso día de primavera, mientras ponía su mano en su hombro. Dos ejércitos esperaban en ambos lados del Tridente, impacientes, mientras sus comandantes se preparaban a combatir. Y, así, el príncipe marchó hacia su destino.

- Y vaya si tenía razón. Cuando acabó el combate, hubo cambios.- su padre le miraba sonriendo, con un rostro que parecía incluso satisfecho.- No es tan gracioso ¿Porqué te ríes? Estás muerto, no deberías estar tan contento.

La sonrisa de su padre era todavía mayor, tumbado en aquella piedra blanca. 《¡Debería estar furioso! ¡Debería estar llorando! Estás muerto, papá y yo te he matado. Si... si hubiera sido un buen hijo en este momento me tendría que cortar las venas, ¡Debería estar gritando del dolor! ¿Dónde está mi rabia?》

- ¡Deja de sonreír!- le ordenó al cadaver.

Se acordó de la vez en la que su padre le había mandado buscar, tras abandonar el templo. Le había ordenado a Sauce Tormenta que registrara la calle de la Seda.

- Mirad debajo de todas las camas; ya sabéis lo aficionado que es mi hijo a los burdeles.- le había dicho su hermana que habia ordenado su padre.

Los hombres de su padre encontraron cosas más interesantes entre las piernas de las putas que bajo sus lechos. Se preguntó cuántos bastardos nacieron como fruto de aquella búsqueda fútil.

Sin poder evitarlo, sus pensamientos volaron hacia Nieve Nocturna. Había ocasiones en las que la bastarda le recordaba demasiado al Príncipe Bastardo. Tenía más aspecto de norteña que nadie, pero en su forma de hablar, sus gestos al dar órdenes, su forma de combatir... Incluso, a veces, juraba ver la misma marca negra bajo los ojos.

En la distancia, juró oír un cuervo graznar.

- Todos los carroñeros de la Isla te deberían estar rindiendo homenaje. Los alimentaste bien, desde Colina Cuerno hasta el Aguasnegras.- la idea pareció satisfacer a Ciervo Viajero, que sonreía como un enamorado en su noche de bodas.

Era una imagen tan grotesca que Tormentalegre se puso a reír. El sonido de las carcajadas resonó en las criptas. 《¿Y porqué no? Esto es tan absurdo como una farsa de titiriteros. Aqui estoy, en vigia por el padre al que asesiné.》

A medianoche, las bisagras de las Puertas del Padre dejaron escapar un gemido cuando entró un sacerdote. No le prestó la menor atención al Guardia Real. Hizo el circuito de la cripta, rezando ante cada una de las tumbas y a cada una le cantaba un himno. Su voz se alzaba dulce y solemne. Tormentalegre cerró los ojos para escuchar, pero tuvo que abrirlos cuando empezó a tambalearse.

《Estoy más cansado de lo que me imaginaba. Han pasado muchos años desde mi última vigilia. Y entonces era más joven; tenía seis años.》El templo donde había pasado la noche no tenía ni un tercio del tamaño de las criptas de Puntadragon. Ciervo Invernal había depositado una espada en las rodillas del Dios Tormenta y se había arrodillado en el duro suelo de piedra, ante el altar. Al amanecer tenía las rodillas ensangrentadas y en carne viva.

- Todo caballero debe sangrar, Ciervo.- le había dicho Amanecer Sangriento al verlo.- La sangre es el sello de nuestra devoción.

No se dio cuenta de en qué momento terminaron las ceremonias. Quizá se hubiera quedado dormido, a pesar de estar de pie. Cuando el sacerdote volvió a salir, las criptas se quedaron de nuevo en silencio. Las velas eran una muralla de estrellas que ardían en la oscuridad, aunque el aire apestaba a muerte. Quizá no habría sido mala idea dejar que Vencejo lo relevara.

El amanecer pilló a Ciervo Invernal casi desprevenido. Cuando el cristal de la cúpula empezó a iluminarse, las paredes, suelos y columnas se cubrieron de pronto con multitud de dibujos irisados y bañaron el cadáver de Ciervo Viajero con un halo multicolor.

El difunto Rey Tormenta se podría a ojos vista. El rostro habia tomado un color verdoso y tenía los ojos muy hundidos, como dos pozos negros. Se le habían abierto grietas en las mejillas, y un asqueroso líquido blanco manaba del cuerpo del rey. Llegó una bandada de novicios que agitaba incensarios, y el aire se cargó tanto que el féretro parecía envuelto en humo. Los colores se desvanecieron en la niebla perfumada, pero el hedor persistió, un olor dulzón y podrido que le provocaba arcadas a Tormentalegre.

- La tormenta te lleve, hijo de puta.- le dijo al cuerpo sonriente de su padre. 《Campos de batalla. Lo que necesito son campos de batalla. Tormenta bendita, gracias a que estamos en guerra. He oído que la reina planea tomar el Nido de Serpientes. Eso es lo que necesito; fuego y sangre.》

OFF TOPIC:
 
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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Mar 03 Mayo 2016, 7:44 am

PRELUDIO 2: SAGAZ

 - ¿Puedes sentirlo? - le preguntó Sagaz a la noche despejada.- Algo acaba de cambiar. Creo que eso es el sonido que hace el mundo cuando se mea encima.

Había tres guardias tras las gruesas puertas de madera de Lanza del Sol. Miraron a Sagaz con preocupación. Las puertas estaban cerradas, y estos hombres pertenecían a la guardia nocturna, un título algo inadecuado. No pasaban la noche «guardando», sino charlando, bostezando, apostando o, como en el caso de esta noche, mirando y escuchando incómodos a un loco.

 - ¿Mi señor? —preguntó uno de los guardias, mirando a Sagaz, que estaba sentado en una pila de cajas dejadas por un mercader que había sobornado a los guardias para asegurarse de que no robaran nada. Para Sagaz, eran simplemente un buen asiento. Tenía su mochila al lado, y en las rodillas afinaba un laud, un instrumento de cuerda. Lo tocaba desde arriba, tañendo las cuerdas mientras lo tenía sobre el regazo.
 - ¿Mi señor?- repitió otro guardia.- ¿Qué estás haciendo ahí arriba?
 - Esperar.- dijo Sagaz. Alzó la cabeza y miró al este.- Esperar a que llegue mi momento.

Eso hizo que los guardias se sintieran más incómodos. Sagaz empezó a tañer el laúd.

 - Charlemos para matar el tiempo. Dime. ¿Qué valoran los hombres en los demás?

La música sonó para un público de edificios silenciosos, callejones y empedrados gastados. Los guardias no le respondieron. No parecían saber cómo interpretar a ese loco de plumas multicolores que entró en la ciudad justo antes de que oscureciera y que se había sentado en las cajas junto a las puertas para tocar música.

 - ¿Bien? - preguntó Sagaz, deteniendo la música.- ¿Qué pensáis? Si un hombre o una mujer tuviera talento, ¿cuál sería el más apropiado, el más valorado, el más ansiado?
 - Er… ¿La música?- dijo por fin uno de los hombres
 - Sí, una respuesta común. - dijo Sagaz, tañendo unas cuantas notas graves.- Una vez formulé esta pregunta a algunos curanderos muy sabios. ¿Cuál consideran los hombres que es el talento más valioso? Uno mencionó la habilidad artística, como tan agudamente has supuesto. Otro eligió un gran intelecto. El último eligió el talento para inventar, la capacidad para diseñar y crear grandes aparatos.

No tocaba una tonada concreta en el laúd, solo tañía aquí y allá una escala ocasional o una quinta. Como si charlara en forma de cuerdas.

 - Arte, invención, inteligencia, creatividad. Grandes ideales, en efecto. La mayoría de los hombres escogerían una de esas cosas, si se les diera la oportunidad, y dirían que es el más grande de los talentos.- tañó una cuerda.- Qué bellos mentirosos somos.

Los guardias se miraron unos a otros. Las antorchas ardían en la parte superior de la muralla, pintándola de luz naranja.

 - Creéis que soy un cínico.- dijo Sagaz.- Creéis que voy a deciros que los hombres reconocen valorar esos ideales, pero en secreto prefieren otros talentos más bajos. La capacidad de ganar dinero o seducir a las mujeres. Bueno, soy un cínico, pero en este caso, creo que esos curanderos fueron sinceros.

Empezó a tocar una canción de verdad. Una melodía sencilla al principio, suave, contenida. Una canción para una noche silenciosa en que el mundo entero cambiaba. Uno de los soldados se aclaró la garganta.

 - ¿Entonces cuál es el talento más valioso que puede tener un hombre? - parecía verdaderamente curioso.
 - No tengo ni la menor idea.- respondió Sagaz, sincero. - Por suerte, esa no era la pregunta. No pregunté qué era lo más valioso, pregunté qué valoraban más los hombres. La diferencia entre esas preguntas es a la vez mínima y tan enorme como lo fue el mundo una vez. No es la belleza lo que admiramos. No es la fuerza del intelecto. No es la inventiva, ni la estética, ni la capacidad misma. ¿El mayor talento que creemos que puede tener un hombre? - tañó una última cuerda.- Me parece que debe ser ni más ni menos que la novedad.

Los guardias parecían confusos. Las puertas se estremecieron. Algo las golpeó desde el otro lado.

 - La tormenta ha llegado- dijo Sagaz, poniéndose en pie.

Recogió su zurrón, se puso el laúd al hombro. hillaron, llamando a los hombres a lo alto de la muralla. Todo fue caos y confusión mientras la puerta resonaba por tercera vez, poderosa, temblando, vibrando como si hubiera sido golpeada por un peñasco. La tormenta llamaba; los truenos sonaban como monstruosos tambores de guerra y los relámpagos pintaban el cielo de color blanco. Una ráfaga de viento le alcanzó cuando se colocó la capa de mil colores; haciéndola ondear como un estandarte.

Las puertas se abrieron de par en par. Los guardias retrocedieron y Sagaz esperó en lo alto de las cajas, el laúd en el hombro. Ante las puertas, nada. La tormenta rugiendo, golpeando como un caballero enfurecido con su monstruoso martillo de guerra. Bajó de las cajas con delicados saltos y se colocó al lado de uno de los guardias.

 - ¡Bardo pirado!- le bramó uno de los guardias al ver que se acercaba peligrosamente a la puerta, azotada por la salvaje tormenta.- ¿Que te piensas que estas haciendo?
 - ¿Qué valoramos? - susurró Sagaz.- Innovación. Originalidad. Novedad. Pero sobre todo…, oportunidad. La oportunidad de hacer una entrada a tiempo. Y yo llego tarde a la mía, mis queridos y confusos amigos.

Dio un paso adelante y se perdió en la tormenta.
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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   Miér 04 Mayo 2016, 4:48 am

Muy buenos los preludios (lamento no haber comentado el primero), tengo muchas ganas de saber que va a pasar.
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MensajeTema: Re: NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna   

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NUNCA DOBLEGADO.NUNCA ROTO: La historia de Nieve Nocturna
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